Viernes  19 de Enero en Carlos Paz, Córdoba, Argentina

Ecuador. ¿El regreso de una economía tutelada?

Por Nicolás Oliva

Agencia Alai Amlatina

Correa y su política económica de crisis (2015-2017)

 

Hace algunos meses alertábamos de las terribles consecuencias de gestionar una economía sin soberanía monetaria y con crisis de cuenta corriente.[1] Los críticos de la política económica de Correa omiten los tres equilibrios sectoriales (fiscal, externo y privado) básicos de cualquier economía, sin advertir que éstos no son sectores autárquicos y que el sector externo es crucial a la hora de entender los ciclos económicos en Ecuador y América Latina. Unos, más incautos, atribuyen la crisis a la corrupción y a los impuestos; sin ruborizarse aseguran que la actividad de la construcción se ha desacelerado por el impuesto a la plusvalía. Otros, dicen que la crisis es fruto del modelo estatista y se aprovechan de una falacia para argumentar que liberar importaciones no tiene consecuencias. Todos ignoran (algunos callan) la interdependencia entre el déficit de cuenta corriente, el déficit fiscal y el ahorro de los hogares. La receta neoliberal omite que un déficit perpetuo con el exterior, acompañado de austeridad fiscal, es un escenario perfecto para el desastre: contablemente la austeridad fiscal y el déficit de cuenta corriente significan un deterioro del ahorro del sector privado que, para el caso del Ecuador, conllevaría a una profunda crisis económica y a la expulsión de la dolarización (para una discusión pormenorizada ver el informe de CELAG).

 

Desde al menos cuatro décadas, el crecimiento económico de Ecuador depende del petróleo. En el año 2014 las exportaciones de petróleo y derivados sumaron 13.275 millones de dólares, lo que significaba el 50% de las exportaciones de bienes del país y 15% del Producto Interno Bruto (PIB). En 2015 las exportaciones de petróleo y derivados cayeron a 6.660 millones y en el año 2016 a 5.459 millones, un decrecimiento del 50 y 59% respectivamente al comparar con el año 2014 (BCE, 2017[2]). El sector exportador privado que conserva los vicios del pasado -baja productividad- también vio reducidas sus exportaciones en un 6% y 9% para los mismos períodos de análisis. Como consecuencia, el déficit de cuenta corriente pasó de 523 millones en el año 2014 a 2.108 millones en 2015. En 2016, gracias a las restricciones a las importaciones, se logró un superávit de 1.437 millones de dólares.

 

En países en desarrollo las condiciones externas se transmiten rápidamente a crisis internas: como era de esperar la economía se frenó y el PIB en 2015 reportó un frágil crecimiento de 0,2%. Es decir, los 2.108 millones de déficit de cuenta corriente en parte no se transmitieron hacia los hogares gracias a que el Estado mantuvo un nivel de gasto que permitió amortiguar la caída de las exportaciones petroleras. El tan deseado ajuste neoliberal por parte de los sectores de derecha, lo único que hubiera provocado es un desplome de la economía y el supuesto “sinceramiento” lo estaría padeciendo hoy los grupos más vulnerables.

 

En 2016 la reducción de las importaciones precauteló los macro equilibrios, sabiendo de antemano que significaría un sufrimiento para una economía que depende de la importación para generar empleo y alimentar las oligopólicas tasas de ganancia. El PIB decreció 1,5% en 2016, una caída modesta considerando que Ecuador es una economía sin soberanía monetaria, que sufrió una apreciación del dólar, una importante crisis de cuenta corriente y un terremoto devastador que, según cifras oficiales, costó el 3% del PIB. A pesar de todo esto, y gracias a las políticas económicas del presidente Correa, en el año 2017 el gobierno se encuentra con una economía en recuperación. Durante el primer y segundo trimestre de 2017, el PIB creció un 2,6% y 3,3% respecto a los mismos períodos de 2016, lo cual apunta a una recuperación que debe ser mantenida.

 

Como epílogo de la política de Correa, a inicios de noviembre, el actual presidente Lenín Moreno envió a la Asamblea la Ley de Reactivación Económica, que conserva en su mayoría la impronta correísta y, a finales del mismo mes, se aprobó el presupuesto del Estado en 34 mil millones de dólares para el año 2018, que evidencia una reducción del 5% respecto al 2017 pero sin mayores cambios en las prioridades sociales.

 

¿El fin del correísmo y el inicio de un nuevo camino?

 

Para mayo de 2017, con la salida del poder del presidente Correa, se esperaba que su equipo económico continuara la ruta propuesta. Sin embargo, el modelo rápidamente entró en tensiones. El nuevo gobierno estaba más cercano a una economía de oferta y en seis meses la disputa política terminó corroyendo las bases de una continuidad que, finalmente, se vio truncada con la salida de tres ministros de Correa, cortando así la influencia de su pensamiento. La gran pregunta que surge es ¿cuál será la ruta de Lenín Moreno? Después de siete meses en el poder ésta es un enigma. Sin embargo, podemos dejar algunas claves para avizorar por dónde puede ser el nuevo orden:

 

Liberó las restricciones a la importación, lo cual ocasionó que los bienes importados nuevamente inunden los mercados. Para el primer semestre de 2017 la cuenta corriente muestra un superávit mesurado (366 millones) que, a pesar de un mejor precio del petróleo, ha comenzado a menguar producto del desmonte de las salvaguardias: en el primer semestre de 2017 las importaciones crecieron en un 21% respecto al mismo período de 2016. Parece que se equivocó y quiere enmendarlo con la nueva ley enviada a la Asamblea.
 

Ha decidido entregar el manejo del dinero electrónico a la banca privada; propuesta que fue rechazada por la Asamblea y que ha sido una de las insistencias del ejecutivo en su veto parcial a la Ley de Reactivación Económica.
 

Moreno denunció la deuda y el gasto público como irresponsables, apegándose así al libreto neoliberal. Amparándose en la lucha contra la corrupción, socava de forma sistémica al gasto público y por ende imponiendo tácitamente el paradigma del Estado Mínimo, que Correa revirtió en diez años.
 

Hay una reconfiguración del modelo empresarial donde se hace cada vez más notoria la presencia de las cámaras. Por ahora no están contentas con el diálogo, pues la reforma tributaria conserva la impronta del modelo correísta. Sin embargo, siguen midiendo fuerzas en busca de una política de liberalización. La ministra de industria ha anunciado que se incrementará el subsidio a la electricidad para las empresas, una propuesta de campaña de la derecha, que ha sido adoptada por el gobierno y que muestra claras inconsistencias con su misma política de austeridad. ¿Austeridad para quién?
 

Moreno anunció que el impuesto a la plusvalía afectó a la construcción, lo cual confirma su credo en una economía de oferta (neoclásica) y descarta así que la desaceleración del sector es producto de una crisis de demanda efectiva. Parecería entonces que Lenín Moreno suscribe las tesis de la Curva de Laffer [3] y una economía con la menor intervención posible.
 

En materia laboral se avizora un nuevo Código de Trabajo; no existe información sobre este nuevo proyecto de ley anunciado para 2018; se sabe que las mesas de diálogo entre cámaras, trabajadores y Estado están construyendo una propuesta. Se ha escuchado y hablado de flexibilizar algunas modalidades contractuales.
 

Hay un acercamiento oficial al Fondo Monetario Internacional (FMI), quien al final de su visita manifestó: “(…) Esperamos seguir cooperando con Ecuador, tanto a través de la próxima consulta del Artículo IV[4] a comienzos de 2018, como por medio de la asistencia del FMI para el fortalecimiento de las capacidades en diversos ámbitos técnicos (…)”[5]. Podría ser el regreso de una economía tutelada desde el exterior. No hay nada seguro pero una nueva receta económica aparece cada vez más probable.
 
Como telón de fondo, Lenín Moreno no muestra un relato económico propio: no hay impronta propia en la visión económica, evidenciando una ausencia de hoja de ruta en políticas claves como la industrial, comercial o financiera. Sobresale la política social como una reproducción del orden anterior y el ataque al contrabando, ésta última tal vez la única que lleva sello propio y que construye un discurso antagónico a los grupos de poder económico. En esta indefinición, deja entrever que los asesores económicos jugarán un rol protagónico en su hoja de ruta. ¿Quién mueve los hilos de la economía desde Carondelet? No se sabe, pero la burguesía local ronda la casa y el FMI sobrevuela.

 

Comentarios