A 31 años de la detención del represor Aníbal Gordon en Córdoba

En febrero de 1984, Gordon fue detenido en las sierras de Córdoba, acusado del secuestro del activista Guillermo Patricio Kelly, que había tenido lugar el 24 de agosto de 1983. por Gustavo Molina (Especial).
martes, 24 de marzo de 2015 · 21:20
Córdoba. A 31 años de la detención del represor Aníbal Gordon en las sierras. 
En una oficina de la Delegación Córdoba de la Policía Federal (PFA) en pleno barrio Nueva Córdoba, el detenido es revisado por el médico forense. 
Vestido sólo con un slip colorado, el preso contesta orgulloso "herida de guerra", cuando el médico policial lo consulta sobre una cicatriz en la espalda; y asienta los datos en una planilla. Ya le había tomado el pulso y la presión. Y el detenido le contó que tomaba unas pastillas para el corazón. También el médico constató lo fundamental, que no había sido torturado.
-¿Nombre?
-Aníbal.
-¿Apellido?
-Gordon.
Al caer en la cuenta de quién es su "paciente", el forense se saca los lentes de alto aumento, lo mira a los ojos y le pregunta: 
-¿Usted es Aníbal Gordon?
-Sí, el mismo.
-Ah, bueno. Empecemos todo de nuevo.
Era la mañana del viernes 10 de febrero de 1984, hace 31 años, un mes y quince días. Ese mismo día muere el líder soviético Yuri Andropov y Argentina debate la ley sindical. Raúl Alfonsín había asumido hacía, apenas sesenta y dos días. 
El ministro del Interior, Antonio Tróccoli acusaba a Gordon y al agente de inteligencia y custodio presidencial Raúl Guglielminetti de ser "mano de obra desocupada". Y el jefe de la Policía Federal, Antonio Di Vietri aseguraba que "Federico" o "Comodoro Ezcurra" -como le gustaba a Gordon que lo llamen- era "el hombre más buscado por la institución".
El ex dirigente de la organización de ultraderecha Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) era buscado por el secuestro del polémico dirigente nacionalista  Guillermo Patricio Kelly, ocurrido seis meses antes, el 24 de agosto de 1983; quien fue liberado por sus captores por la presión pública.
José Nicasio Dibur, un coqueto juez con relaciones con, precisamente, miembros de la Triple A -llegó a ser asesor de Aníbal Fernández en su época de ministro de Justicia de Néstor Kirchner- lo requería por el secuestro de Kelly. Y el juez Lucio Somoza también perseguía al "Viejo" por su presunta participación en esta banda ultraderechista. 
"¿Me están chupando o es por derecha?", les preguntó Aníbal Gordon a los policías federales que lo esposaron en un chalé de La Serranita, un pueblito ubicado a 15 kilómetros al sur de Alta Gracia y a 51 de la ciudad de Córdoba. Acostumbrado a actuar en forma ilegal, creyó que era víctima de una operación como las que él comandaba.
El reaseguro de que se trataba de un operativo legal, era un móvil de la PFA identificable. Y la presencia en el lugar de Luis Roberto Rueda, el secretario penal del juez Gustavo Becerra Ferrer, a cargo del operativo en el que participaron medio centenar de efectivos de Córdoba y Río Cuarto: "Apenas le avisan que lo tienen detenido parta para La Serranita, que Gordon venga vivo", recordó la orden de Becerra Ferrer, el ahora camarista federal Rueda a El Diario de Carlos Paz. 
Es que el ex agente parapolicial podía delatar las atrocidades cometidas durante la dictadura y complicar a militares y policías que subsistían en la naciente democracia. Y cabía la posibilidad, también, de que se resistiera o fuera ejecutado ilegalmente.
Ni los Poggio; los Guzmán; o las hermanas Vargas, que por esa época eran conocidas en La Serranita como "las mendocinas"; daban crédito a lo que sucedió esa madrugada en la cuadra donde vivían. No podían creer, que ese turista tan atento, llegado hacía dos semanas de Buenos Aires con su familia y que todas las siestas partía con la reposera y la conservadora al río, fuera el hombre más buscado de Argentina.
El primer policía en allanar la casa donde Aníbal Gordon festejaba su cumpleaños 56, fue el suboficial escribiente Ramón Salguero, quien, de civil y armado con una metralleta sorprendió a la familia al entrar por un ventanal abierto, al lado de la puerta principal.
"Muchachos quédense tranquilos. Está todo bien", nos dijo Gordon a nosotros, pero también para tranquilizar a su hijo Marcelo, que amagó con levantarse a buscar un arma. Estaban sentados en la mesa, Gordon; su esposa y su cuñada, las hermanas Herrador; y su hijo Marcelo. Era un festejo familiar. Al advertirnos que no se iba a resistir, puso en salvaguarda a su familia", recuerda Salguero.
El ex policía da un dato de color: "Había empanadas, nos convidaron y estaban muy ricas. También había sandwiches de miga y torta; era todo muy familiar, no estaba la banda con la que operaba".
El juez Luis Roberto Rueda agrega: "Gordon estaba muy tranquilo, vestido con un traje sport clarito, camisa celeste. Así lo detuvimos, con la misma ropa le tomamos declaración y así se fue a Buenos Aires. Es mentira, es un mito que vistiera uniforme militar".
El funcionario judicial coincide con Salguero sobre la reacción del ex represor: "Tranquilo tigre, perdimos", le dijo al hijo, que intentó hacerse de una ametralladora con cargador tipo banana, como lo de los fusiles soviéticos AK-47. Y a mi me dijo: "Usted es de la Justicia federal, ahora sé que estoy vivo". Yo le respondí que éramos del tribunal exhortado y que sólo lo íbamos a identificar y revisar. Que el dueño del caso era Dibur".
En el chalé que alquilaba en las sierras de Córdoba, fueron secuestrados un carnet de Inteligencia del Ejército; una cédula militar de la Policía Federal y un pasaporte diplomático uruguayo, todos con nombres falsos. Además, había una pistola calibre 9 milímetros, un fusil FAL, y una ametralladora: "Soy aficionado a las armas y practico tiro al blanco", se excusó.
Ni bien asumió, el ministro Tróccoli le había encomendado al comisario general Di Vietri la captura de Gordon, "quien era un elemento desestabilizador para el gobierno de Alfonsín, al que consideraba lleno de comunistas", recuerda Carlos Becerra, entonces diputado nacional y miembro de la Comisión de Defensa, que presidía Juan Manuel Casella.
El dirigente radical, que fue secretario General de la Presidencia de Alfonsín y secretario de Inteligencia en el gobierno de la Alianza recuerda el impacto de la detención: "Gordon era un delincuente común que operaba al mejor postor; representaba lo peor del desguace de las bandas parapoliciales. La detención de Gordon fue una clara señal para terminar con la sospecha que el Estado seguía apañando institucionalmente el accionar de estos grupos residuales". 
El segundo jefe de la Delegación Córdoba de la Federal de esa época, subcomisario Carlos Misurelli estuvo a cargo del operativo, que incluyó guardias y seguimientos a Marcelo Gordon desde su casa en barrio Maipú en la ciudad de Córdoba; la vigilancia del pool que explotaba cerca del arco de Córdoba o los viajes a la zona de Alta Gracia en un Ford Taunus verde.
Pero la confirmación de la presencia en Córdoba del hombre más buscado de Argentina vino del lado menos pensado: en una revista salió la foto de la vedette Moria Casán, su marido de entonces Mario Castiglione y Aníbal Gordon en una disco de Villa Carlos Paz.
La incombustible mujer de tablas contó esa experiencia en octubre de 1999: "Se acercó a la mesa en la que yo cenaba con Mario Castiglione y me dijo que era el hombre más buscado del país. Estaba acompañado por su hijo. Me dijo que me admiraba mucho y que tenía entradas para verme en el teatro. Me preguntó si yo ganaba bien y me aseguró que yo podía ganar mucho dinero. Nosotros estamos atrás de usted, porque tiene llegada a la gente. Dos días después de este encuentro, Gordon fue arrestado".
"Los delincuentes son muy familieros. Caen para el día de la madre, para su cumpleaños o en los cumpleaños de sus hijos. Nosotros sabíamos que el 10 de febrero era su cumpleaños, a eso le sumamos las tareas de inteligencia que lo ubicaban en la zona de Calamuchita y lo confirmamos con la foto de Moria Casán", detalló Rueda.
Salguero aporta su visión, tres décadas después: "Yo fui a detener a un mito, a un tipo peligrosísimo. Y me encontré con un hombre tranquilo, que no quiso poner en juego a su familia. Era un porteño entrador, con calle. Se notaba que no era un aventurero, que era un tipo que se movía por convicciones. Era muy católico, tenía un rosario blanco. El nos dijo que era "un buen cristiano y como tal, el que era dañino, había que sacarlo". Pero se notaba que se sacó un peso de encima, estaba cansado de la clandestinidad, murió de cáncer al poco tiempo. Estaba en retirada". 
Ya en el móvil policial que lo trasladaba desde las sierras a Córdoba junto a su hijo Marcelo, Gordon les dijo a Rueda y Salguero: "Me alegro que la detención haya ocurrido en este momento. Años atrás, ustedes no hubieran llegado ni a diez cuadras de donde estaba yo", se jactó.
La detención de su hijo afectó mucho al ex militante de la Triple A, como lo demuestran dos anécdotas. En el viaje a Córdoba, en plena madrugada, Gordon hablaba amenamente con sus custodios y Marcelo estaba cabizbajo. En eso, Gordon pega un grito: "Vamos hijo' e tigre. Arriba ese ánimo". Otra vez, a las pocas horas, cuando el propio Rueda llenaba el formulario de identificación en la sede de la Policía Federal, Gordon respondió "La Serranita", al preguntarle domicilio. El entonces secretario penal hace ingresar a la oficina a su hijo mayor, que estaba detenido en otra oficina y le hace la misma pregunta. Cuando el muchacho responde la verdad, y señala un domicilio de la provincia de Buenos Aires, Gordon lo mira enternecido al funcionario y le dice: "Es pichón, es la primera vez que cae. Ya va a aprender".  
Para Horacio French, delegado en Córdoba de la SIDE durante el menemismo, la caída del ex represor no fue cansancio, sino "impunidad": "Gordon era un indomable, un impune, nadie lo podía manejar. Automotores Orletti se cerró operativamente por la fuga de un desaparecido. Gordon era un delincuente al servicio de los servicios. En la Secretaría (de Inteligencia) ya no lo querían; era de otra época, sus métodos atrasaban".
Y esa impunidad quedó demostrada cuando el juez Becerra Ferrer le preguntó a Gordon: antes de entregarlo al juez Dibur y partir hacia Capital Federal:
-¿Cómo lo trataron Gordon?
-Todo bien. Propia tropa, Doctor.  


La desaparición del abogado Antokoletz

El aviso, pequeño, casi insignificante, de sólo ocho centímetros de ancho por tres y medio de alto, publicado en una de las páginas del diario Clarín que cronicó la detención de Aníbal Gordon, es una verdadera fotografía de los momentos que se vivían en la Argentina de la post dictadura: "Quien pueda proporcionar información sobre el abogado Dr. Daniel Víctor Antokoletz desaparecido el 10 de noviembre de 1976, dirigirse al Dr. Andreas Hoppe, Lorettostr. 31, D-7800 Freiburg, Rep. Fed. De Alemania".
Un abogado alemán, a través de un aviso publicado en un diario a 12 mil kilómetros de su casa, intentaba, inocentemente, echar luz sobre el destino de una víctima del terrorismo de Estado.
Ese día de noviembre de 1976, Daniel Antokoletz y su esposa Liliana André fueron secuestrados en su casa de Guatemala 4860, por un grupo de tareas de la ESMA.
Este profesor universitario, defensor de presos políticos y doctor en Derecho Internacional Público de 39 años, aún continúa desaparecido. Testigos aseguran que el capitán de navío Antonio Pernías sería quien ejecutó a Antokoletz.
 
Por Gustavo Molina
Colaboración: Luis López