«Vine a Argentina a cumplir un sueño y me enamoré de Córdoba»

Es uruguayo y viajó desde Montevideo en bicicleta hasta Córdoba para conocer a un atleta español que competía en Argentina en Mountain Bike. Hoy tras cumplir su sueño, se mudó a Carlos Paz, busca trabajar y radicarse. La historia de un aventurero con sueños de libertad.
martes, 05 de diciembre de 2017 · 12:34

Villa Carlos Paz.- Hugo Martínez es un uruguayo que llegó a Córdoba para cumplir un sueño. Uno que alcanzó tras dar muchas “pedaleadas” desde Uruguay hasta la provincia de Córdoba. 

Sí, “a pedal”, porque este joven rioplatense de 29 años un día decidió salir de su casa natal en Montevideo para conocer a una persona, un deportista y Youtuber que es su “gurú” de motivación personal, todo eso a bordo solamente de su bicicleta de ruta. 

Le llevó varios días y noches lograr completar el recorrido hasta nuestra provincia, más exatamente 16 días, misión que terminó por completar hace muy poco.

“Desde hace ya un año un hombre llamado Valentí San Juan que vive en Barcelona, se transformó en mi ídolo ya que es un deportista extremo” aseguró a EL DIARIO Hugo. 

“Él tiene un canal de YouTube por donde yo lo seguía día a día mientras contaba y mostraba sus experiencias y animaba a los demás a hacer deporte y perseguir sus sueños. Poniéndole menos cabeza y más corazón (frase que me tatué en representación a él y a su fuerte significado para mí)” explicó con alegría en su rostro el uruguayo. 

-¿Por qué viniste a Argentina?

-Todo comenzó al ver uno de sus videos. El sube grabaciones de aproximadamente 10 minutos y un día viendo uno de esos comenta que iba a viajar a Córdoba. Y allí fue donde se despertó mi sueño por entregarle el libro a él. Pensé que podía ir de Montevideo hasta Córdoba en mi bicicleta de ruta. 

-Le entregaste un libro…

-Sí, es un libro sobre la vida del Tíbet y la relación con los latinoamericanos y el mundo.

Un día como cualquier otro, me tomé el ómnibus y a las 10 paradas, sube mi madre. Ella se sienta a mi lado y veo que en su bolso traía un libro que me llamó la atención.  

Resulta que el libro es sobre la vida del Tíbet y la relación con los latinoamericanos y el mundo. Pero lo más interesante es que la autora vive en el edificio en donde trabajaba yo. Sobre el Tíbet no sabía mucho hasta qué, empecé a leer el libro y resulta que la persona que escribe el libro vive en el edificio en donde trabajaba. Su nombre es Aloma Sellanes. Al otro día cuando baja del ascensor, le comento: “Aloma, ¿Cómo nunca me dijiste que escribiste un libro sobre el Tíbet?” a lo que ella me responde con risas “porque nunca me lo preguntaste”. Ahí empezamos a hablar sobre el libro y sus viajes al Tíbet y sus viajes a Latinoamérica con el fin de ayudar a la humanidad y al Tíbet mismo para que algún día este libre y se lo reconozca como país. A la semana siguiente Aloma me regaló su libro con una dedicación para mí”. 

-Y querías entregarselo?

- Sí, porque le gustan todos estos temas del Tibet y Buda. Por eso pensé en regalárselo.

-Partiste hacia Argentina….

-Sí, hacia allí partí. Mi día en Uruguay era entrar a las 12:00 am a trabajar como portero en un edificio en el barrio Parque Rodó. Salía a las 20:00 pm y de allí me iba a entrenar atletismo. Me aprontaba para el maratón de Buenos Aires del 15 de octubre pasado. En ese tiempo, me compre una bicicleta de ruta para hacer duatlones.

Cuando empecé a organizar el viaje, tuve que renunciar al trabajo, a la maratón, arriesgarme a todos por un fuerte sueño que nacía desde el corazón. Le expliqué a Aloma lo que quería hacer, le pedí permiso para entregar su libro, aunque ella no quería porque tengo una hija y no quería que la deje sola. También porque mi padre estaba en ese momento pasando por un mal momento de salud, pero al verme tan entusiasmado por la idea, comenzó a apoyar mi decisión y me pidió que me cuidara. 

-Un camino largo

- Totalmente. Salí el 6 de noviembre a las 10 de la mañana de la calle Tampico, barrio Nuevo París y comencé a pedalear con una ruta media definida, dos mochilas, la carpa y las ganas de cumplir este sueño. 

Fui por la ruta 1 hasta llegar a la ruta 2 en Rosario (Colonia). Esa noche me dormí al lado de un arroyo, un hermoso lugar. 

Al día siguiente seguí hasta Cardona, uno de los momentos que más sufrí porque la ruta está en reparación. Pura tierra y camioneros que pasaban uno tras otro. Al llegar a Cardona descansé unas horas y seguí hasta mercedes, donde a unos 10km de mercedes tuve que frenar por el sol que me estaba insolando. Es una ruta de 100km mas o menos donde no hay árboles ni almacén ni nada… puro campo, ya no tenía agua ni frutas ni verduras ni nada en mi canasto, estaba pasando un mal momento. 

Pero pude llegar a Mercedes. Allí conozco una familia que desde chico iba a vacacionar. Pasé a saludar y contarles un poco mi aventura. Charlamos, tomamos mates, me dieron para bañarme y descansar ya que era muy tarde para seguir. Armé la carpa en su patio y me dormí sabiendo que a las 6 am ya salía de nuevo a pedalear.

Al día siguiente seguí pedaleando hasta el puente internacional de fray bentos, al llegar allí me entero que no se puede pasar ni caminando ni en bici. Así que tuve que esperar y empezar a pedir a camionetas y camiones para que me cruzaran. Una llama inesperada me llega; era Matías un amigo que quería acompañarme en su bici y que venía con otro amigo, Gabriel en el camión para acá.

Decidí en esperarlo también para poder cruzar y seguir con la meta. Me acosté debajo un árbol y a las 3am me despiertan con gran emoción. Nos dimos un fuerte abrazo y seguimos durmiendo un poco más, porque Gabriel cruzaba con el camión alrededor de las 9am. 

Nos despertamos, aprontamos el mate y nos quedamos en la dulce espera de cruzar. En eso que estamos ansiosos y prontos se acerca Gabriel y nos comenta que desde su trabajo le dijeron que aún no podía cruzar. Una camioneta nos lleva hasta Gualeguaychú, y nos dejó en una estación de servicio. 

En eso veo que había un perrito todo sarnoso de un mes aproximadamente. Comencé a hablar con las empleadas e intentar cuidarlo porque se sentía muy mal en eso el perrito se encariño conmigo y yo con él, al que lo llame “uru” por “Uruguay”. Con los empleados del lugar nos hicimos una gran amistad y decidimos pasar ese día ahí. Pudimos dejar las cosas y armar la carpa al fondo de la estación donde era todo campo. Un lugar hermoso que nos dan ganas de seguir. 

Al día siguiente, conseguimos aceite quemado y le pasamos al perrito, a quien le regale mi camiseta de Uruguay. Por suerte empezó a mejorar. 

Con Matías fuimos a conocer Gualeguaychú hermosa ciudad que no nos dejaba ir. En eso recibimos un mensaje de Gabriel, que nos cuenta que estaba por cruzar y que si quería nos podía arrimar hasta Rosario. Matías decidió volver a Montevideo por problemas sentimentales. A Gabriel lo espero en la ruta 14 y 20 y me arrima hasta Rosario Argentina. 

-Aún faltaba mucho…

-Sí. Ahí empecé a pedalear por la ruta 9 unos cuantos kilómetros. Ya no me acuerdo cuantos fueron porque era de noche y estaba muy peligroso por esa ciudad y no quería frenarme en ningún lugar. Hasta que empecé a ver un descampado a las nueve y decidí acampar al medio de la ruta. Hasta que llegó la Policía y me dijo que era peligroso acampar ahí y me arrimaban hasta una estación de servicio donde iba a poder estar más seguro. 

La anécdota de esa noche fue que llevaba la camiseta de Peñarol puesta y el policía me reconoció por los colores amarillo y negro ya que él era de Newell´s Old Boys y hay un jugador de Newell´s que juega en Peñarol. Dijo que por eso me ayudó. 

Armé la carpa en la estación donde me dejó el policía y me desperté a las 6 de la mañana. 

Empecé a guardar las cosas y aprontarme para comenzar a pedalear, en eso llega un camionero y comenzamos a hablar con Cristian. Él se ofrece para llevarme hasta Córdoba capital. Y me pareció genial para poder estar antes de lo que imaginaba en Córdoba, ya que el campeonato de Mountain Bike comenzaba el 13 de noviembre y yo ya estaba a 15 de noviembre, me quedaban tres días para llegar -ya que era hasta el 18-, hasta Santa Rosa de Calamuchita.

Llego el 15 a Córdoba y lo que hago es empezar a rumbear hasta la última etapa donde iba a estar Valentí San Juan, que era en el Durazno. Olvidé de mencionar que perdí el celular en Gualeguaychú.

Al llegar a Tanti, el Durazno, armo la carpa y me duermo. Ya jueves 16 de noviembre me quedo tranquilo pensando que lo había logrado. Empecé a disfrutar del San Roque y fui hasta El Durazno donde pensaba que era la última etapa de la Transcumbre. 

Al ver que no veía ninguna organización ni nada, me empezó a llamar la atención. Entonces ya el viernes a la mañana, fui a la casa de turismo a averiguar si sabían algo sobre el campeonato de transcumbre. 

Las guías se fijaron en la computadora y vieron que estaba equivocado de lugar, que la última etapa quedaba a unos 150 kilómetros de donde estaba. 

Ese mismo día arranqué viaje hasta ese lugar. Sabía que era el último día que tenía para llegar. Comencé el viaje: Más de 17 horas pedaleando por la carretera, ya sin fuerza, ni comida, ni nada. Se me da por tirarme a las 2 de la mañana en la ruta contra un costado de la vereda a unos 30 kilómetros de El Durazno. Y desvanecido en la carretera sin poder sacarme el casco, de la nada se acerca un auto y por la ventana me dice “Hola, ¿Estas bien? ¿Para dónde vas?” y le respondí. Ellos sin dudarlo, decidieron ayudarme, acomodar la bici y llevarme hasta Yacanto. 

Me ofrecieron quedarme en su casa, bañarme, dormirme y al otro día seguir luchando por el sueño. 

-Un milagro

-Totalmente. Justo da la casualidad que el hombre que me levanta también fue aventurero, pero el hizo 1200 kilómetro a caballo, su nombre es Ruly Ramírez. Su yerno trabajaba en la organización del evento, a quien llamó temprano y me averiguó bien dónde era la última etapa. Al final me termine pasando 40 kilómetros, porque quedaba en Santa Rosa de Calamuchita.

Ruly me despierta con un mate dulce y me explica dónde queda y a donde tengo que ir. Con mucha emoción agarro la bici y voy rumbo al sueño. 

-Lo encontraste.

-Claro, al llegar, veo todo el evento y las bicicletas que pasaban. Me quedo esperándolo en una calle de tierra a Valentí para acompañarlo unos kilómetros en bicicleta. 

Al verlo venir, estallo de emoción y empiezo a gritarle que vine desde Uruguay en bici por él. Él saca su cámara y empieza a filmarme en ese momento. Pensar que no había pinchado ni una sola vez y a los 200 metros inesperadamente pincho. 

Creo que en el momento justo. Entonces lo que hago es ir a la llegada para esperarlo. Era mucha la ansiedad de verlo. Cuando llega y termina de hidratarse y de reponerse, nos acercamos y nos ponemos a charlar sobre lo que hice y lo que venía a darle. Todo eso lo subí a mi Facebook para contar la historia.

Me dijo que iba a darle el tiempo que se merecía al libro para leerlo y que iba a hacer lo posible para difundirla por la problemática del Tíbet y poder ayudar en lo que está pasando allí. El me regaló su gorra y yo sentí el día más feliz de mi vida. No solo por el regalo, sino por lo que había logrado, que aún no era consciente de lo que había hecho. 

- Y ahí decidiste volver a Uruguay

- No. En ese momento volví a la casa de Ruly y me quede ahí unos días, una gran persona quien me acobijo unos cuantos días, él y su familia a quien le debo parte de este logro. 

Ahora me encuentro en Carlos Paz con ganas de trabajar y hacerme la nacionalidad argentina. Quiero agradecerles a todos lo que me ayudaron a lograr este sueño y a los que siguen hoy en día ayudándome a conseguir un trabajo y brindándome sus casas, sus afectos y demás. Estoy muy feliz. Lo que me deja este viaje, más allá de la belleza de la naturaleza, es la belleza del ser humano que cuando ven a una persona pasando una necesidad, se te arriman y te dan una mano. Estoy enamorado de Córdoba, enamorado de los argentinos. Muchas gracias. Como dice Valentí, “menos cabeza, más corazón”. 

 

*Aquellos que quieran ser parte de su historia o deseen colaborar pueden comunicarse con Hugo al 3541302700 o comunciarse en su Facebook, donde sube sus experiencias.

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