Viernes  23 de Febrero en Carlos Paz, Córdoba, Argentina

Adiós a la Confitería Carlos Paz: Cierra un ícono del centro de la villa

Con más de cincuenta años de actividad, una docena de propietarios y diversas reformas, la tradicional Confitería Carlos Paz cerrará sus puertas el próximo 28 de febrero y con ella, se irá una gran porción de la historia carlospacense.

Carlos Paz. Con más de cincuenta años de actividad, una docena de propietarios y diversas reformas, la tradicional Confitería Carlos Paz cerrará sus puertas el próximo 28 de febrero y con ella, se irá una gran porción de la historia de la gastronomía carlospacense. Fue uno de los iconos de los años 60,70 y 80,  un establecimiento que tuvo tiempos de gloria nacional y cosechó miles de historias de turistas y de parroquianos. Llegó a ser el epicentro del encuentro de cada verano y alcanzó a tener en la vereda una plaza de mesas y sillas para más de mil personas.

En temporada alta, llegaron a servirse hasta 600 desayunos por día y durante el Mundial 78, miles de turistas alemanes copaban sus instalaciones a diario y se formaron cinco familias carlospacenses. Fue una parada obligada para artistas, empresarios, deportistas, músicos y vecinos. El historiador Edgardo Tántera recordó su inicios junto a Hugo Arias y Roberto Leyria, dos mozos de la época de oro, y el periodista y coleccionista Sergio Tonarelli aportó documentación única sobre la confitería.

La mítica «Confitería Carlos Paz» nació en el corazón de la ciudad, donde alguna vez los pioneros y el entonces gobernador Ramón J. Cárcano colocaran, un 3 de enero, el monolito que dejaba inaugurado oficialmente el camino de las Altas Cumbres. En esos mismos terrenos, nació en 1919 el primer hotel de la ciudad, que llevaría el nombre homónimo.

Fue reconocida a nivel nacional por la excelencia en el servicio que brindaba y la capacidad que tenía. Solamente en la vereda, podía atender a mil personas (algo que inédito para época en todo el país) Se caracterizaba por tener, desde las siete de la tarde hasta la madrugada, espectáculos con música en vivo y pasaron por su escenario muchísimos artistas, destacándose el maestro Osvaldo Cétolo, quien tocaba el órgano interpretando la música y los temas que le pidieran desde las mesas.

Las inmensas instalaciones podían albergar hasta dos mil quinientas personas y su personal hacía tres turnos sin cerrar sus puertas ni un sólo día del año. Asimismo, en el medio del salón, los visionarios empresarios construyeron un plato giratorio y levadizo, por donde subía desde la planta baja una orquesta que podía ser vista y escuchada desde cualquier ángulo del salón. 

Otro dato de color es que en el subsuelo, funcionaba un club denominado los "200", donde decenas de aficionados al juego de naipes y billar se reunían a diario. En el primer piso y piso superior, en tanto, había un bowling y en las temporadas teatrales, cuando los principales actores y actrices caminaban por la ciudad, era frecuente verlos en los diversos pisos de la mítica confitería.

«La Carlos Paz» era sinónimo de glamour y orgullo y antes de servir cada chopp, los mozos debían pasar la inspección del encargado, quien garantizaba que los uniformados estuvieran inmaculados.

Las famosas picadas se entremezclaban con los platos principales que elaboraba el cheff, y la rotación de los clientes resumía la preferencia del público: Era una de las pocas del país que por décadas no cerró sus puertas ni para las fiestas navideñas y permanecía siempre llena.

Con la llegada del Mundial que se jugó en el país en 1978, Córdoba fue sede de la copa y Carlos Paz, el centro turístico preferido por los alemanes que habían llegado para alentar a su equipo. Todos los días y a toda hora, la confitería Carlos Paz albergaba a los barras teutones. Y fue precisamente, entre baile, cerveza y fiesta, que cinco de ellos se enamoraron de cinco carlospacenses y se quedaron.

Con el paso del tiempo, el crecimiento de la ciudad y la competencia le fueron arrebatando el liderazgo, hasta que los empresarios transformaron una parte de ella en un casino, que funcionó entre 1980 y 1990. Un incendio arrasó sus instalaciones y le puso fin a la sala de juego, que se mudó de manera definitiva a la Avenida Costanera. Las reformas edilicias redujeron su capacidad y entonces se instaló en la esquina un local de juegos electrónicos que todavía funciona.

Junto a la reducción de espacios, llegaron los cambios de titularidad y aunque el nombre siempre se mantuvo, la mística se fue perdiendo y el público comenzó a elegir otros establecimientos. Los hermanos Picatto, fundadores de la confitería, se habían retirado y con ellos, el secreto de mantener por décadas el liderazgo comercial. Luego, vino la familia Cipollini y le siguieron otros.


Edgardo Tántera: «El cierre provoca una mezcla de sentimientos muy fuertes»

El historiador de Villa Carlos Paz, Edgado Tántera, dialogó con EL DIARIO y repasó la historia del lugar. «Molier hizo el primer hotel de la villa, era yerno de Carlos Paz (el fundador de la ciudad) y aquí lo instaló. Y no debe haber tenido más de 10 habitaciones. Luego la propiedad pasó a manos de los hermanos Carena, quienes en 1923 reforman todo e inauguran el Hotel Carlos Paz»; contó Tántera, quien agregó: «En el año 1951, esto ya funcionaba como bar. Era un bar muy precario, casi de pueblo chico, donde se jugaba a los naipes y los parroquianos pasaban el tiempo. Al comienzo de la década de los 60, llegan a la ciudad los hermanos Piccato, René y Mayorino. Hacen una propuesta a los inquilinos del bar y llegan a un acuerdo, pero lo curioso es que el dueño real de la propiedad no estaba ni enterado del acuerdo. Un día se presentó el señor Molina y le dijo a los Piccato: `Miren, yo soy el dueño y casi se muerten del susto`. Llegaron a un acuerdo y se construyó el nuevo edificio». 

«René era un hombre de mucha visión y mucho progreso. Todo era de excelencia y tuvo siempre grandes ideas. En el segundo piso, se instaló el primer bowling profesional y uno americano, y en 1971, me ofreció hacer un espectáculo en un sector de la confitería. Nosotros hacíamos peñas solidarias con un grupo de amigos y convocamos a los más grandes del folklore nacional, en una sola noche, metimos más de mil personas. Picatto siempre se renovaba y mantenía un nivel gastronómico, porque estaba en los detalles. Vivo con mucha nostalgia el cierre de este símbolo»; relató Tántera.


Hugo Arias y Roberto Leyria, dos mozos de la época dorada

Hugo Arias y Roberto Leyría son dos mozos de la época dorada de la confitería, quienes relataron sus anécdotas y contaron sus experiencias. Ambos coincidieron que el flujo de clientes era permanente. «Sólo te digo que a las cinco de la mañana se cerraba una parte del salón, se la baldeaba y se armaba todo para el desayuno. Desde las seis hasta las diez de la mañana, se servían seiscientos desayunos. Todos los que se iban de excursión, los que venían de bailar y los que se iban a  trabajar tenían un paso obligado por acá»; relató Leyría.

«Nosotros trabajábamos en tres turnos. Por turno, la confitería tenía un promedio de 15 mozos. A eso hay que sumarle el personal que había en la zona de cafetería, en el sector donde se lavaba la vajilla y en la cocina. Creo que por turno, éramos más de cien empleados y cada uno tenía un sector adentro que tenía que reforzar con la zona de la vereda. Había que moverse desde que entrabas hasta que te ibas. Muchos días, tanto en invierno como en verano, no tenías tiempo ni de tomar un café. No hay duda, los Picatto fueron grandes visionarios y el cliente tenía siempre lo que pedía»; dijo Hugo Arias.

Por su parte, Leyría recordó que había ingresado a la confitería en 1972 y estuvo hasta principios de 1978. «Me tocó trabajar en maestranza. A los seis meses me llevaron al lavadero y luego a la zona de la cafetería. Por las tardes, era impresionante el pedido de sandwiches, chopps y licuados. Teníamos que sacar todo lo que nos pedían de manera inmediata y los mozos no estaban parados más de cinco minutos». Ambos recordaron toda una generación de trabajadores que pasaron por las instalaciones, entre quienes estaban apellidos reconocidos de la ciudad como Ludueña, Carrion, Arias, Lucero, Llanos, Pereyra y Ponce, entre otros.

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