A 7 años de un crimen inexplicable

El 9 de julio, fecha que se conmemora la independencia de nuestro país, balas arteras mataron a Facundo Cabral en Guatemala en el 2011.
lunes, 09 de julio de 2018 · 00:27

¿Por qué lo mataron?

Informe especial de Pedro Jorge Solans


La muerte horrenda, absurda e injusta que tuvo el predicador de la paz en la ciudad de Guatemala, el 9 de julio del 2011, regó de tristeza, de impotencia, de desazón y de incomprensión al mundo entero. Nadie podría imaginar que Facundo Cabral encontraría su final de una forma tan violenta: Acribillado en una emboscada en las calles de una ciudad donde los vecinos lo amaban como amaba él a los países de América.

¿Por qué mataron al juglar del amor? ¿Qué buscó el Cártel de Sinaloa con la muerte de Facundo Cabral? ¿Qué motivos tuvo el Chapo Guzmán para ordenar a sus personeros que lo matasen cuando iba con el empresario nicaragüense Henry Aquiles Fariñas, quien fue condenado en Managua a 30 años, declarado culpable de narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado?  

¿Por qué Fariñas se negó a declarar en contra del jefe narco costarricense Alejandro Jiménez González, (a) El Palidejo acusado de ordenar la emboscada donde murió Facundo?

En Guatemala se tomó como cierto que el ataque perpetrado en la madrugada del 9 de julio de 2011 iba dirigido a Fariñas, quien sólo salió con heridas leves de la infernal balacera. Sin embargo, un grupo de periodistas mejicanos que sigue de cerca las muertes que siembra el narcotráfico en los países de Centroamérica sospecha de la versión oficial de lo ocurrido cerca del cuartel de Bomberos El Trébol, cuando, precisamente, la camioneta de Fariñas transportaba a Facundo Cabral y su representante Percy David Llanos al aeropuerto La Aurora.

En principio, si el único objetivo de El Palidejo era matar al empresario nicaragüense Fariñas por un ajuste de cuentas, como dice la versión oficial, bien podría haberlo hecho en otra ocasión, teniendo en cuenta que nadie lo conoce mejor a Fariña que El Palidejo, y nadie conoce mejor a El Palidejo que Fariñas. La relación de ellos es otro misterio en Guatemala. ¿Quién podría afirmar que son amigos, o que son socios? Pero lo cierto es que se conocen como si fueran hermanos. Ambos terminaron condenados por causas conexas a penas durísimas; aunque  al hombre del Chapo Guzmán, encargado de la operación sangrienta que terminó con la vida del cantautor argentino, le rebajaron la pena de 50  a 16 años.

Tres veranos antes de su muerte, cuando Facundo se despidió de Villa Carlos Paz, alcanzó a decir que: “sólo merecían morir los hombres que habían vivido”. Fue su caso. Lo que no precisó el poeta de la paz, fue la forma en que se debía morir. Tal vez intuía que su muerte iba a ser por equivocación, o como consecuencia de lo que se vivía en el momento de su partida. Le pasó lo que les pasa a los poetas que ven la muerte desde el otro lado, los que enseñan hasta con su sangre, o saben que la vida tiene la belleza en tantos colores, tan diversificada como los caminos que van al infinito. Él anticipó un siglo XXI más agresivo que el XX, con una violencia sin límites y un desprecio desenfrenado de las virtudes humanas. Facundo rezaba en los escenarios para que los hombres tocaran fondo y las mujeres tomaran las riendas de la cultura. Pensaba en las mujeres que habían marcado su vida. Su madre Sara, Eva Perón, las abuelas de los pueblos originarios y la Madre Teresa. Y -decía- “con ellas vamos a recuperar el sentido de la trascendencia”. 

Cómo podría saber este poeta que lo iban a matar las mismas balas que tanto despreció, las mismas que se usaron en las guerras, en las dictaduras, en las matanzas de pueblos enteros, las que provocan el miedo que sustenta los sistemas más opresores que se conozcan en la humanidad.  

El 2 de julio del 2011 Facundo y su representante y amigo Percy David Llanos arribaron a Managua para dar el primer concierto de la breve gira que consistía en tres shows, uno en el teatro Rubén Darío de Nicaragua, bajo la organización del empresario y yuppy nicaragüense Henry Fariñas y otros dos en Guatemala organizado por el productor Eduardo Castañeda.

Facundo había viajado con su salud bastante deteriorada y tenía programado a su regreso someterse a quimioterapia. El concierto que ofreció en el teatro Rubén Darío repleto dejó palabras que aún retumban en las calles y en los oídos de “los nica”. 

La segunda presentación se llevó a cabo en ciudad de Guatemala, en el Grand Tikal Futura Hotel, durante la tarde noche del 5 de julio, y fue reflejado en una crónica muy valorativa que la periodista Hilda Rodas escribió para el periódico Prensa Libre: “Alrededor de 40 minutos de historia hablada fueron la apertura del recital que Cabral ofreció en Guatemala, a donde llegó porque quería dar las gracias por lo bien que recibe la gente su intervención artística, según expresó."

El relato arrancó en el origen pobre de tan sensible artista, que tuvo una madre llena de amor, sentimiento que él logró interpretar recién a los 17 años, y del cual procuró llenarse hasta estos días. Habló de sus andanzas entre la compañía de Jorge Luis Borges, la Madre Teresa de Calcuta, San Francisco de Asís y muchas otras personalidades que lo influenciaron.

Cabral estuvo ante la presencia de unos cinco mil guatemaltecos sentados frente a él, en sillas que fueron dispuestas en el salón, en forma de auditorio. Ni un solo comentario se escuchó durante el tiempo que el compositor conversó. Los aplausos y las risas llegaban al escuchar alguna frase como: "Si tienes que cuidarla mucho todavía, no es tu mujer". La bocina derecha del escenario se apagaba y las personas se levantaban de su sitio para pedir que se arreglara el desperfecto, procurando no interrumpir el discurso.

En el repertorio incluyó Cielito lindo, tema del que, dijo, "no hay nada más bello que lo simple". Para despedirse, expresó: "Ya le di las gracias a ustedes. Las daré en Quetzaltenango, y después que sea lo que Dios quiera, porque Él sabe lo que hace".

 

Fue ovacionado hasta el cansancio. 

 

Y en el último show que dio en su vida, el viernes 8 de julio, en el teatro Roma de Quetzaltenango, se despidió hablando de la muerte ante tres mil personas. Se puso de pie, dejó la guitarra a un costado, abrió las manos y mirando al público señaló que repudiaba la violencia y que amaba la gente sencilla: "De aquí en adelante, Dios decidirá...".

Bajó del escenario de Quetzaltenango y junto a Percy Llanos viajó hasta el hotel donde se alojaba en ciudad de Guatemala, -recorrió casi 200 kilómetros- y en el trayecto había decidido que al otro día iban a trasladarse solos hasta el aeropuerto donde Facundo tomaría el avión de regreso a Buenos Aires y su representante volaría a Caracas. Pero la sorpresa que se llevaron los dos fue que en el hall del hotel estaba esperándolo Henry Fariñas. El vuelo hacia Argentina salía a las seis y media de la mañana. El empresario los invita a cenar esa noche y cuando se entera que Castañeda no podía llevarlos al aeropuerto al día siguiente, se ofreció gentilmente a llevarlos en su camioneta. Insistió hasta que Facundo cambió su decisión y aceptó ir al aeropuerto en la camioneta Range Rover blanca.

El calor era insoportable en Guatemala. Fariñas quedó en pasar por el hotel a las cuatro y veinte de la mañana de ese fatídico 9 de julio. Fecha significativa para la argentinidad y para el folclore por el nacimiento de Mercedes Sosa. Se habían despedido cerca de la una cuando Facundo se retiró a su habitación. Eran la una y treinta. A esa hora, y por los movimientos que registraron las cámaras de seguridad del establecimiento hotelero, la emboscada ya estaba en marcha. Fariñas se retiraba del Grand Tikal Futura Hotel, y llegaba la primera de las camionetas que esperarían casi cuatro horas para cometer el asesinato. 

De esas imágenes que fueron supervisadas por los investigadores y la justicia guatemalteca se supo que los asesinos sabían que en la camioneta del productor nicaragüense iban también el artista argentino como copiloto y su representante en el asiento de atrás.

Especialistas en crímenes que cometen los sicarios de los narcos revelaron desde El Salvador que los asesinos no actúan sin órdenes de sus jefes, y en este caso, el oscuro personaje El Palidejo ordenó matar a todos los que iban en la camioneta.

Consultada a varias fuentes por qué quisieron matar al cantante, ninguna tiene la respuesta, pero coinciden que en el mundo de los narcos se pueden tejer especulaciones inverosímiles sobre las matanzas que provocan "sus capos." Aseguran que es un mundo de locura, sangre y muerte donde cualquier hipótesis aún las más alocadas, groseras o absurdas pueden tener asidero. 

En ese contexto, la decisión de matar al artista bien podría haber surgido tras una negativa de Facundo ante una supuesta propuesta "non sancta" que, si bien habría bajado de los altos jefes del Cártel de Sinaloa, el responsable de llevarla adelante era Fariñas. Esa eventual e hipotética propuesta, si existió, nunca se conocerá, a no ser que la revele algún día el propio Fariñas, algo que es muy improbable.

Facundo fue un artista ejemplar, y jamás iba a aceptar algo indecoroso que no estuviese dentro de su forma de enaltecer y celebrar la vida y sus palabras. 

 

La emboscada.

 

La camioneta de Fariñas, casualmente sin blindaje como suelen usar los narcos o empresarios en riesgo en América Central, llegó puntual al hotel para recoger a Facundo y Percy Llanos. Apenas cargaron una maleta de mano y la guitarra. Hubo unos saludos y el poeta dejó su propina al concerje que lo despidió con admiración.

La madrugada se presentaba con amenazas de lluvia, noche cerrada y oscura profunda. Las calles desoladas y sólo la Range Rover blanca salía lentamente de la explanada del hotel rumbo al aeropuerto La Aurora. Facundo iba hablando sobre sus proyectos en el futuro. Henry Fariñas manejaba en silencio.

El poeta iba sentado al lado del conductor y Percy Llanos se ubicó detrás de Facundo. Recorrieron unos metros cuando el empresario se dio cuenta que lo seguían. A cuatro o cinco minutos de llegar al aeropuerto y antes de ingresar a la avenida Liberación le cruzaron una camioneta adelante y dos se les pusieron a la par y abrieron fuego. La balacera no duró mucho pero fue copiosa. Fariñas se agachó sobre el volante y la camioneta giró hacia la derecha a gran velocidad buscando refugio en el cuartel de Bomberos El Trébol donde impactó con una autobomba que salía a cumplir servicio. 

Quien parecía el blanco del ataque apenas resultó herido. Facundo murió en el acto, no tuvo tiempo de reaccionar, recibió dos tiros en la cabeza y uno en la zona del tórax, y Percy Llanos que se parapetó en los asientos de atrás salió ileso de milagro.

La camioneta que recibió veinticinco impactos disparados de frente y desde ambos lados quedó en las puertas del cuartel y en el piso terminó el cuerpo sin vida del juglar.

Las Cámaras de Entidad Metropolitana Reguladora de Transporte y Tránsito del Municipio de Guatemala -EMETRA-, ubicadas en la calle 11 y calzada Roosevelt captaron la persecución que emprendieron los sicarios. 

La noticia de la muerte del ídolo corrió como reguero de pólvora por la ciudad e inmediatamente la gente empezó a convocarse en la base de los bomberos donde hubo escenas emocionantes, carteles, flores, personas llorando y hasta una leyenda donde pedían perdón a la Argentina por la muerte de Facundo. 

Los criminales fueron condenados tras el esfuerzo del entonces presidente Álvaro Colom y de la policía guatemalteca que los apresó más rápido de lo que se esperaba. Sin embargo, el crimen grosero y absurdo de Facundo Cabral generó mucha desconfianza. Sólo la lucha de sus fans, la difusión de su arte y el recuerdo de quienes lo conocieron, evitaron que la muerte de Facundo se reduzca a un crimen terrorífico más de los tantos que comete el narcotráfico en Centroamérica.

 

¿Lo absurdo o una "pendejada"?

 

La justicia de Guatemala dio por cerrado el caso con las condenas a los asesinos y el argumento que consiste en que "El Palidejo" ordenó matar a Fariñas por una razón tan inverosímil como la mismísima muerte de Facundo en esas circunstancias: Fariñas quería venderle a El Palidejo un club nocturno en Costa Rica, pero no aceptaba la forma de pago que proponía el hombre del Cártel de Sinaloa. Todo efectivo, en billetes de 20 dólares. Fariñas contestó que vendía su local pero cobraba a través de una transferencia bancaria. El Palidejo se enfureció porque creía que era una trampa que le tendía Fariñas.

El productor, al conocer la reacción de El Palidejo, hizo otra oferta que consideró superadora a la del club nocturno de Costa Rica, porque en el cabaret de Guatemala trabajaban mujeres mimadas por el Cártel de Sinaloa pero no cambió la forma de pago.  El Palidejo sólo quería pagar cash, en billetes de 20 dólares, así que no hubo caso, y juró vengarse.

Los guatemaltecos festejaron la condena que cayó sobre Alejandro Jiménez González (a) El Palidejo. Sintieron que fue un alivio para el dolor y que cerraba una herida de la que se sentían responsables y apareció en la ciudad un cartel:  "Perdón al mundo por la muerte de Facundo" y dejaron rosas blancas sobre una foto de Facundo en el cuartel de Bomberos.

El Palidejo, es el delfín del Cartel de Sinaloa en Centroamérica, quien está a cargo de despejar la ruta de la cocaína colombiana tanto para México como hacia el resto del continente.

La Armada colombiana lo atrapó mientras paseaba en lancha por la Bahía Solano en el Pacífico en marzo del 2012. Cuando fue sorprendido por los comandos navales de Colombia se presentó como Carlos Cardona Marín de oficio pescador pero sus tatuajes, unos ojos en un brazo y una víbora en el otro lo delataron. 

La caída de El Palidejo desbarató también una red de lavado de dinero del Chapo. Sus padres y su esposa de El Palidejo se perdieron de los países de Centroamérica con una fortuna y en el 2012 se supo que se afincaron en Japón. 

Durante el juicio por el crimen de Facundo, ni Fariñas ni El Palidejo aportaron nada. Sólo oyeron declarar a los testigos, y los sicarios se rieron de los jueces que no tuvieron dudas en condenarlos: Wilfred Stokes Arnold, Audelino García Lima, Juan Hernández y Elkin Vargas.

Según un colaborador de la justicia, “un testigo arrepentido”, conocido como Josué Cedrón, quien habría trabajado para Fariñas, Elkin Vargas reclutó a los demás asesinos para el atentado y luego de la balacera les dio refugio en su casa.

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