"Tonos y Toneles", un faro bohemio que aún alumbra

martes, 03 de diciembre de 2019 · 22:25

Años atrás, cuando un nubarrón espeso de dolor cubría el país un poeta encendía un faro en el barrio Clínicas de la ciudad de Córdoba. "Tonos y Toneles" era un bodegón donde la riqueza estaba en la escasez, en los escondites, en las palabras, en las complicidades, y principalmente en el canto. Las copas y las damajuanas te llamaban y el poeta reclutaba bohemios, escapadores, perseguidos, hombres y mujeres jóvenes que querían gritar para estar vivos entre tanta muertes. 

Abril de 1976. Córdoba. Las sanguinarias tropas de asesinos se encandilaban cuando se acercaban a Humberto Primo y Santa Fe. La poesía los desorientaba, y un poeta lanzaba un manifiesto nacional. Fue uno de los pesebres de nuestro cancionero nacional, folclórico y rockero, tanguero y jazzístico. Sólo importaba vivir en gracia creativa.

Pasaron los años, Fito Páez se peleó con Joaquín Sabina, León Gieco cantó su himno antibélico Sólo le pido a Dios. Aquel poeta asumió su identidad, Néstor Edmundo Acevedo. El Cuchi Leguizamón siguió vagando por los rincones, Juan Carlos Baglietto se quedó pelado, Mario Luna sigue organizando un festival de rock en La Falda de la luna  El Lagarto Guizzardi tiene perfil televisivo, Quique Pinto juega al ta te ti con el Ica Novo y Charly García se amigó con Palito Ortega.

Las puertas del boliche se cerraron y los bohemios se llevaron consigo la vida del bar. El Luli lleva aún en el bolsillo sus deseos intactos y un micrófono. Solo una copa de tinto es suficiente para que anuncie una noche más de Tonos y Toneles.

Pasaron los años pero el tiempo no. Hoy Tito Acevedo se atrincheró en Villa Carlos Paz, y como quien no quiere las cosas, con un lenguaje de mostrador abrió el boliche de nuevo. Pero esta vez, descolocó a todos, lo abrió en formato de libro, con una edición impecable de la Editorial Babel, de lectura viciosa e indespensable para entender una juventud que a pesar de todo creía en la primavera.

Tonos y Toneles se presentará este sábado en Santo Diablo, y hay que ir para no perder el tren que partió de la estación de la memoria y va con destino hacia el porvenir.

El Negro Alvarez señala en la contracubierta que "la música es el arte de combinar los oídos... y escribir un libro como este es el arte y la suerte de combinar los amigos. Los boliches de El Tito Acevedo tuvieron la riqueza de la exacta mezcla o combinación del cielo y el infierno, con sus respectivas vivencias. Dios, Alá o Rasputín lo tocaron con la vara de un mandamiento diferente: No desearás el trabajo de tu prójimo, y menos si tiene herramientas. El Tito y sus amigos tuvieron las más suaves, la música, el humor, la bohemia y los personajes que solamente nosotros podíamos elegir. Pero cada uno de ellos nos dejó vivencias inigualables que nos cultivaron y mejoraron y nos hicieron "aparentemente" cultos. ¡Estos escritos son pura vida, harán tiritar tus manos y sobre todo tu corazón! ¡El arte de combinar los recuerdos!" Y de eso se trata la poesía y los relatos de Tito Acevedo.

 

Aquella vieja cantante de jazz

 

( Pág. 49) "Hace apenas unos meses me invitaron a organizar y participar de un homenaje a Lois Blue. Armamos un pequeño equipo de trabajo con Pepe Novo, Liliana Rodríguez y Lucía Montero, hija de Lois. La idea fue presentar un CD que remasterizó Litto Nebbia en Melopea donde incluía un tema grabado en vivo en Tonos y Toneles. En la noche del evento que se realizó en Cocina de Culturas dimos testimonios, tocaron y cantaron Ica Novo, Clara Cantore, Lagarto Guizzardi, Pichi Pereyra, Emilio Monge, Leopoldo Deza, Galia Kohan, Liliana Rodríguez, Quique Pinto, Lucía Montero y Carlos Piano.
Les hablo un poco de Lois. Fue una talentosa pianista y cantante que se dio el lujo de cantar y ser reconocida por los grandes maestros del jazz. Su música, su pasión, la tuvo entre las mejores y... una mañana, llegó a Córdoba para quedarse y por cantar noche tras noche en el boliche durante más de un año, nos hermanamos a ella, el Lagarto Guizzardi y yo. Era bastante más grande que nosotros, a las damas no se les pregunta la edad -y a una diva, menos-, pero con un humor súper juvenil. Mil anécdotas.
Va una. En Villa Carlos Paz -hoy mi lugar en el mundo-hubo un boliche que se llamó "Tramps" cuyos dueños eran Chacho Boggio y Rudy Trossero. Con un viejo Fiat 600 del Lagarto arrancábamos de tardecita a tornar una cerveza allí. Lois cantaba a la noche y de trasnoche nos juntábamos con Pepe Soriano, Soledad Silveyra y Miguel Ángel Solá. Lois y Pepe siempre terminaban cantando un tema que no lo escuché nunca más y se llamaba o ellos le decían "Los dos monitos". Tengo que volver atrás para relatar el humor de la señora. Nosotros salíamos para Carlos Paz por Rafael Núñez y una tarde Lagarto ingresó a un hotel alojamiento y le dijimos: -¡Ahora te vamos dar para que tengas! Ella empezó a reírse a carcajadas y sacando su cabeza por la ventanilla con su blonda peluca al viento gritaba: -¡Socorro me violan, socorro me violan! ¡Hoy con un chiste de esos terminaríamos en cana los tres!
Debo contarles que Lois conoció un apuesto ingeniero yanqui con quien se fue a vivir a Estados Unidos y allí se casó.
Su muerte fue también producto del humor, en una fiesta de Halloween del año 1999, nevando en Nueva York, fue de mini falda y volvió con neumonía. Que su última voluntad haya sido que esparcieran sus cenizas sobre Harlem es un dato que no requiere de mayores explicaciones." 

 

 

 

 

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