Manuel Mujica Laínez: el legado cultural que sigue latiendo desde La Cumbre

Hoy se cumplen 110 años de su nacimiento. Fue uno de los escritores argentinos más destacados del siglo XX.
miércoles, 11 de noviembre de 2020 · 10:00

La Cumbre.- Hoy se cumplen 110 años del nacimiento de Manuel Mujica Laínez (1910-1984), cuya literatura parece oscilar entre el reconocimiento y el olvido, a tal punto que, ni el propio municipio de La Cumbre, localidad que le debe mucho al escritor, quién decidió pasar allí los últimos años de su vida, no ha organizado ningún reconocimiento. 

Destacado novelista, cuentista y crítico de arte, Manuel Mujica Lainez, autor de Misteriosa Buenos Aires (cuentos); La casa (novela); Vida de Aniceto el Gallo; Los ídolos; etc. Murió en su residencia serrana de El Paraíso, en Cruz Chica (La Cumbre), el 21 de abril de 1984. 

Miembro de una familia aristocrática de Buenos Aires, Manuel Mujica Lainez —“Manucho”, como lo apodaban— nació el 11 de septiembre de 1910. Entre su árbol genealógico, se encuentran personalidades como las de Juan de Garay, fundador de la ciudad porteña en 1580.

De lado materno, ya contaba con escritores y periodistas que, seguramente, influenciaron su amor por las letras. Había comenzó la carrera de Abogacía, pero luego la abandonó para dedicarse a la literatura, aunque no solo a ella: además de escribir poemas, cuentos y novelas, abordó otros géneros como la biografía, la crónica de viaje, el ensayo y la crítica de artes, cuyas columnas en el diario La Nación, dieron cuenta de cierta parte del escenario plástico argentino de ese momento. Así, Manucho comenzó a dejar una gran marca como escritor profesional.  

Entre sus pares, se vinculó con autores como Alfonsina Storni, Arturo Capdevila, Adolfo Bioy Casares, Victoria y Silvina Ocampo, y Jorge Luis Borges; muchos de ellos, colaboradores de la emblemática revista Sur. Admiraba a Marcel Proust, Henry James y Virginia Woolf; pero en cuanto a su escritura, el propio Manucho expresó una vez que nunca perteneció a ninguna escuela literaria.

Aún así, creó una gran cantidad de obras cuyo reconocimiento, con el tiempo, traspasó la cartografía nacional.

Algunos de los temas que abordó Mujica Lainez tuvieron que ver con distintos momentos de Buenos Aires —como en los cuentos de Aquí vivieron (1949) y Misteriosa Buenos Aires (1950)— y, en otros textos, con el apogeo y la decadencia de la vida burguesa en la Argentina —como en las novelas Los ídolos (1952), La casa (1954), Los viajeros (1955) e Invitados en "El Paraíso" (1957)—.

La novela histórica, ambientada en distintas ciudades de Europa, también fue un género al que se dedicó con entusiasmo. Con una base de datos verídicos y documentados, liberó su imaginación para ficcionalizar y novelar.

Así llegó Bomarzo en 1962, en la que combina lo histórico y fantástico, para recrear la vida de un noble italiano del siglo XVI. Y le siguieron otras como El unicornio (1965), ambientada en la Francia medieval, y El laberinto (1974), en la España del siglo XVI. Bomarzo es, tal vez, la gran obra de Manucho, según distintos críticos. Incluso, fue seleccionada como una de las cien mejores novelas en español del siglo XX, por el diario El Mundo (España); y el ámbito musical, el compositor Alberto Ginastera realizó una ópera basada en el libro.

En La Cumbre

En una finca en Córdoba, apodada “El Paraíso”, Manuel Mujica Lainez falleció el 21 de abril de 1984. No es raro que lo hubiera querido hacer aquí; él mismo compartió: “Pude ir a vivir a Florencia o a Rambouillet, pero compré en cambio una casa en Córdoba porque creo que al país propio hay que sentirlo, juzgarlo, padecerlo, gozarlo, para no abandonarlo. Hay que vivir y crear en el país de uno”.

Si bien obtuvo distinciones como el Premio Nacional de Literatura (1963) y la Legión de Honor del Gobierno de Francia (1982), y sus libros fueron traducidos a más de quince idiomas, no son pocos los que afirman que, desde el comienzo del nuevo siglo, escasean los lectores de su obra. Ya lo decía la escritora y biógrafa María Esther Vázquez, quien también fue amiga del escritor: “Manucho fue un hombre de su siglo, irreemplazable y único, en un país que no lo conoció bien y que —a veces pienso— ya lo ha olvidado”.
 

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