La especialista en el mundo editorial propone que el Correo Argentino realice envíos gratuitos de libros

Trini Vergara: “El libro está muy vivo”

Por Alejandro Frias (Escritor y periodista)
sábado, 14 de noviembre de 2020 · 01:02

Por Alejandro Frias

(Escritor y periodista)

 

 

Trinidad Vergara, más conocida como Trini, es un referente en la industria editorial. Desde mediados de los 90, cuando con un proyecto tan sencillo como efectivo, irrumpió en el mercado editorial, se consagró en el mundo editorial como una emprendedora a la que muchas personas escuchan y esperan sus consejos.

En la actualidad, esta a cargo de Entre Editores, que se define como “un espacio de debate sobre el mundo de la edición de libros”.

En esta semana, Trini Vergara publicó en las redes sociales un llamado a que el Estado se hiciera cargo, a través del Correo Argentino, del envío sin costos para las editoriales de libros a través del sistema postal en paquetes de hasta un kilogramo.

En medio de un mundo comercial que ha cambiado sus lógicas y de una pandemia que obligó al cierre temporal de librerías y, a la par, a la búsqueda y creación de opciones para la venta de libros, una propuesta como esta es motivo suficiente como para que fuéramos a consultarle al respecto, profundizando en su mirada del mercado editorial en nuestro país.

 

Partamos de la propuesta que hiciste en redes sociales respecto de que el Correo Argentino libere los envíos de hasta un kilo cuando se trate de libros.

 

Es una idea que vengo madurando desde hace varios años. A mí me tocó ser presidenta de la Cámara de Publicaciones en el período anterior al actual, y viendo al sector en su conjunto, no sólo respecto de la situación propia nuestra en Argentina, sino hacia a dónde va la industria editorial en todo el mundo, llego a la conclusión de que ese es el pedido, la exigencia incluso, que podríamos nosotros, como sector dentro de las industrias culturales, en forma unida, hacerle al gobierno que nos toque, no es cuestión de uno u otro gobierno. Me consta además que la otra cámara, la CAL, con la que en las cuestiones que nos atañen trabajamos juntos, más allá de algunas diferencias, ha hecho de este tema un pedido formal hace ya un tiempo. Lo que pasa es que no se avanza. Los funcionarios de Cultura tienen quizás una mirada más hacia los hechos culturales que hacia las industrias culturales, cuando son las industrias culturales las que sostienen los hechos culturales, o sea, debemos ayudar al cine para después tener buenas películas, por ejemplo. En el mundo del libro, queremos que nuestra literatura tenga posibilidades aquí y afuera, queremos leer también lo que se produce en el mundo, queremos todo eso, pero hay que ayudar a la industria que está sosteniendo todo eso. Esa es la postura que yo tengo, quizás por una cuestión más pragmática. Con el qué ya estamos de acuerdo, vamos al cómo. Y lo de los fletes está directamente relacionado con el avance en las costumbre de las compras online. La pandemia, la cuarentena aceleró un proceso que ya venía, esto lo vivimos todos los días, hace diez años no se te ocurría hacer regularmente tu compra de supermercado en forma virtual, y hoy la gente lo hace, y como eso todo, y los libros están en el mismo territorio. Los hábitos de las personas en el mundo entero cambiaron, y acá también está pasando, y esto no es el fin de las librerías.

 

Este pedido en particular de subsidiar el envío de libros se cruza también con la potencial ley del libro.

 

Sí. A ver, hay un proyecto de ley del libro que está bastante consensuado y que crea el Instituto del Libro. Hay como un consenso en la generalidad de las intenciones pero no ha avanzado en cómo se implementaría. Incluso, soy de la partida de que hay que revisar algunos detalles de financiamiento, porque creo que en el sector no necesitamos un gran gasto del Estado en un instituto que implique burocracias, sueldos, personal. ¿Cuánto es ese dinero? Si en lugar de eso en el Correo Argentino se elimina el costo del flete de hasta un kilo de libros, se potenciaría en forma inmediata y gigantesca a todo el sector, empezando por las librerías, que podrían enviar a las zonas más cercanas a ellas los libros. Por eso es importante también un proyecto que elimine el costo de los fletes para cantidades chicas, afectando de manera directa la compra individual desde las casas de un libro por internet. Eso ayudaría a todos los que venden libros. En la medida en que avance la tecnología, con plataformas desde las casas se puede instalar un e-commerce, como se puede hacer ahora con shopifi. Cualquier negocio pequeño lo puede instalar en su página web. Todo eso es lo que viene, entonces, subámonos a ese tren y que el dinero del Estado para el sector del libro se invierta de esta manera, que de verdad ayudaría inmediatamente.

 

Te referís a que esto es lo que viene y antes te referiste a la situación de las librerías, y me gustaría repasar la tensión entre las librerías y las propuestas como las de Planeta, que fue muy criticada, de realizar ventas directas al público.

 

Hay una polémica, y que tiene una raíz lógica, y que es que los editores no les saquemos el negocio a los libreros. Pero los editores necesitamos a los libreros desde el comienzo de la industria editorial, es más, la industria editorial nace de las librerías que se transforman en editoriales. Las librerías son socias, son parte de nuestro mismo ecosistema del libro, no tenemos que vivir unos a costas del otro, en eso estoy muy de acuerdo. Ahora, hay que analizar la cosa porque es un poco más compleja. A mí me parece, porque tenemos también que ser muy sinceros, que tenemos que seguir adelante, no podemos quedarnos atrás. Por dar un ejemplo burdo, hoy no podría resistir un negocio que no tenga informatizada su administración, por pequeña que sea. Al almacén que tiene todo anotado en cuadernos, tarde o temprano le ganará el de al lado que lo tiene en la computadora. Y eso puede parecernos terrible, pero no se puede ir contra eso, no debemos ir contra eso, sería una cuestión romántica, muy linda, pero no nos llevará muy lejos. Además, y esto es algo que los editores no tenemos, los libreros son los grandes recomendadores. El librero tiene un rol insustituible, que es el de ser el gran recomendador. No está el librero personal, antiguo, pero no importa, porque la librería como tal debe cumplir esa función. Y cómo lo hace. Hoy se puede hacer con esto, además de tener tu local y además de atender en tu comunidad, y en la cuarentena se vio hasta qué punto los vecinos que tienen una librería en el barrio son leales a su librería. Mientras estaban cerrados los shoppings, se vieron por un momento muy beneficiadas las librerías de barrio, las que estaban listas, y ahí está lo que yo digo. Lo que no debemos hacer es mezclar todo, es decir, la librería que tiene ganas de estar al día, de trabajar, de crecer, de ser parte de su comunidad, tiene que entender esta nueva forma de trabajar. Y probablemente especializarse, porque hoy no podés tener toda la oferta, entonces tenés que ser más curador de tu librería. Mejor que la gente entre a una librería porque sabe que el tipo de libro que le gusta coincide con lo que en esa librería hay. Eso es para mí el futuro más interesante de las librerías, armar esas comunidades alrededor de librerías más especializadas, más curadas. Todo eso tiene que estar acompañado con herramientas que hoy tenemos, y eso pasa por lo digital, por tener tu carrito y demás. Que el editor, además, ponga su carrito, va por otro lado. El editor nunca va a vender como vende una librería en el conjunto del país. No tenemos que negar que los editores lo pueden hacer. Quizás un editor más grande es casi como una librería, porque tiene mucha variedad de libros, como Planeta, y ahí uno puede discutirlo, pero más de la mitad del mercado son editoriales mucho más chicas que no le van a hacer daño a una librería, que solamente tienen su propio catálogo. Además, tenemos una ley de precio fijo, que es otra defensa muy importante. ¿Y qué consigue el editor? La venta en realidad no es lo más grande, porque lo que puede vender en su página no es mucho, pero necesita la información y el diálogo con los lectores, que eso es lo que se puede ir armando en esa relación directa. Ese es el interés más grande. Y al final de cuentas yo creo que también es un beneficio para todo el sector, porque que los lectores puedan hablar con los editores y quejarse si no les gusta algo, participar en el proceso, todo eso enriquece al ecosistema del libro.

 

Cómo ves la situación pospandemia para el sector editorial.

 

La pospandemia es algo que todavía no podemos definir. Nadie está en condiciones de decir cómo va a ser ni cuándo va a ser y si la famosa normalidad va a volver como la conocíamos o va a haber cambios que ya quedarán para siempre. En el mundo del libro hay algo muy interesante que es importante que en Argentina lo sepamos, porque nos confundimos muchas veces con las crisis propias de nuestra economía, de nuestros gobiernos, y eso no nos deja ver otra cosa, no nos deja ver, por ejemplo, cómo durante la cuarentena, en países que no estaban en una crisis económica como nosotros, muchas editoriales han vendido más, no menos, y terminan este año cerrando mejor que el año pasado. ¿Por qué? Porque se probó que la gente lee más cuando no le quedan muchas otras alternativas, o sea, no sólo por descarte, sino que encuentra el entretenimiento en el libro, que siempre lo ha proporcionado, pero que te salva de todas las otras formas de entretenimiento que no se han podido hacer, como el teatro, una muestra de arte, el cine e incluso salir a comer. ¿Cuántas horas de Netflix podés ver por día? Llega un punto en que satura o hasta te duele la cabeza. Bueno, la suma de todo esto ha hecho que en muchos países el índice de lectura haya subido, y también el de compra de libros. Desde luego, también de descargas. Hay una editora en España que llevó adelante una acción solidaria, si bien hubo varias que la hicieron, me refiero al de Editorial Roca, que ofreció una cantidad de descargas gratuitas durante quince días para e-book, pidiéndoles permiso a los autores, por supuesto, porque no iban a cobrar regalías y nadie iba a cobrar nada, y al final lo hicieron durante un mes entero. El total de descargas fue de 450.000 en veinte títulos. Eso es una barbaridad. Lo que demuestra eso es el interés. Y algunos de estos libros que pusieron para descarga gratuita, me contaba la dueña, se transformaron en best-sellers después, y ya pagando. O sea que funcionó como promoción. Todo esto demuestra que lectores siempre hay, el libro está muy vivo, no tiene ninguna señal de decadencia o de peligro, para nada, y se sostiene mejor que muchas otras muestras de la cultura frente a problemas como los que vivimos ahora. Entonces, es cuestión de que nos subamos a este horizonte para adelante que tiene herramientas que hay que usar antes que defenderse de ellas.

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