Las noches de Cosquín

sábado, 1 de febrero de 2020 · 15:00

Por Alejandro Mareco

Cosquín.- La decisión de cambiar la mirada sobre el Festival Nacional de Folklore de Cosquín no fue fácil, implicó mirarse hacia adentro y preguntarse cuál era la historia que queríamos contar. Así fue como se planteó la idea del volver, primero que nada, a las raíces mismas del Festival. Esa gesta que dio nacimiento al festival del pueblo, donde cada vecino aportó literalmente los ladrillos para la construcción de esta magia del encuentro. Después había que cambiar el armado de la programación para dar paso a los nuevos valores, a las postales de provincia, a los artistas emergentes, sin dejar de lado a los consagrados. Así surgen las noches coscoínas que venían a dar por sentado que dejaba de ser la noche de tal o cual artista, para ser una luna coscoína, con una conjunción de elementos que la hacían propia.

Hoy, luego de cuatro ediciones y de caminar por esta senda, escuchamos en la voz de uno de los artistas consagrados, este mismo concepto que impulso la Comisión actual: la de la noche destacada por todas las presencias artísticas y no por un único artista. De igual manera debía transmitirse esa mirada a quienes difunden este gran festival, al público que espera vivir la experiencia completa de cada segundo de la noche, con los condimentos especiales que aquí se dan cita: homenajes, encuentros, actuaciones compartidas, invitados, sorpresas y sobre todo las emociones. Emociones que son únicas sobre este escenario, porque se convoca en cada luna un pedazo de la historia misma de folklore. 

De la mano de esta mirada abierta a las propuestas, va también el hecho de impulsar realmente un Cosquín todo el año. Así la Capital Nacional de Folklore abre sus puertas para mantener viva la llama durante las cuatro estaciones. De a poco se fueron sumando manos para confeccionar este gran tejido de relaciones: los artistas que tímidamente asomaron para llegar a Cosquín en el mes de julio, abrigados con poncho y con un puñado de ilusiones al hombro; los difusores que se animaron a relatar lo que sucedía por este lugar con el despertar del duende en octubre; y la Plaza cobró vida todo el año. 
 

 

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