De la estela de Raúl Barboza a los zapateos de madrugada

domingo, 2 de febrero de 2020 · 18:16

Por Alejandro Mareco

El gran acordeonista ofreció una exquisita presentación y recibió el Camin a la trayectoria. El final de la noche trajo un largo capítulo bailable con los dúos santiagueños Coplanacu y Orellana-Lucca.

Silencio, escucha, aplauso y gratitud: las emociones eran sencillas pero caudalosas. La estela que el paso de Raúl Barbosa dejó en el escenario mayor y en la piel de la Plaza del sábado de la octava luna se presentía, acaso ya definitivamente, tan blanca como el alma del inmenso artista correntino.

Blancos su pelo, su sonrisa y su camisa, apretaba contra su pecho las teclas del acordeón mientras sus ojos buscaban adentro el cauce de su río interior. 

"Este instrumento que hace de traductor de mis emociones", decía, mientras apuntaba que a los 81 años seguía siendo parte del cotidiano cosmos guaraní que le transmitieron sus padres. "Hablo guaraní desde el fondo de mi alma", le contó a la gente, para explicar cuál es la savia que fluye entre sus notas.

El viaje de Barbosa hizo un alto sobre el final de su actuación para recibir el reconocimiento del Festival. El intendente Gabriel Musso, en nombre de la Comisión, le entregó el premio Camin a la trayectoria, y su nombre quedó entonces en el grupo de notables de la música popular argentina subrayados por esta edición histórica .

Con esa luminosa sensibilidad para dar en la tecla del corazón de las melodías y las armonías que caben en sus manos, y que desplegó en su inmenso camino, prosiguió su viaje con "Kilómetro 11" y con su célebre "Tren expreso". 

Tal vez pronto deje de transitar los escenarios argentinos y se ancle definitivamente en París junto a su esposa. El presentimiento de esa aflicción puso a los emociones de la multitud a celebrar su paso. 

Y en la espuma de su estela blanca, se quedaron flotando los corazones.

Momentos con sentido

La apertura de la octava luna con la presentación de Raúl Barboza fue todo un momento definitivo, pero hubo varios de intensidad y sentido que fueron reconocidos por un público dispuesto a disfrutar los distintos puertos de la travesía.

Fue magnífico lo que al borde del escenario generaron el Cuarteto Karé junto al jujeño Bruno Arias, en un  justiciero homenaje a los grupos vocales que jalonaron la música argentina y, en especial, la memoria del escenario Atahualpa Yupanqui.

En la evocación, pasaron Los Nocheros de Anta, Los Andariegos, los Hunca Hua… Con invitados extraordinarios: primero el riojano Pancho Cabral (integró las dos últimas formaciones mencionadas), que aportó también su tema "Coplas atadas con chala". Luego, el santafesino Nahuel Porcel de Peralta, que ya lleva casi cuatro décadas de residir en México: ofrendaron una estremecedora versión de la milonga "Pájaro de rodillas", cuya letra encomendó Alfredo Zitarrosa a Nahuel antes de morir.

La tarea del consciente y laborioso conjunto de voces rosarinas, más Bruno Arias, culminó con la alquimia de 11 zambas sumadas en una sola. La Plaza, sorprendida y regocijada, puso sus brazos en alto.

La gigante Chabuca Granda, autora de clásicos mayores del continente, fue convocada en el año de su centenario por un grupo de talentos cordobeses que tendió un homenaje bello y delicado. 

Mery Murúa, Paola Bernal y Juan Iñaki fueron las voces que izaron las banderas de "La Flor de la canela", "Puente de los suspiros", "Cardo o ceniza", "José Antonio", "El surco" y "Fina estampa". Apuntalados todos por una banda dirigida por el ascendente guitarrista Juan Murúa, más el precioso aporte de los bailarines Isadora Zerbini y sus latidos de negritud, y Ramón Torres.

Hubo dos aplaudidas Postales de Provincia: Río Negro, con Teté Coustarot como presentadora, y San Juan. Mientras y, también para el reconocimiento de la Plaza, del Pre Cosquín llegaron la pareja de danza estilizada Passoni/Forlín y el conjunto de malambo Picahueso, con su homenaje al Ejército que luchó por la Independencia. De los Espectáculos callejeros del año pasado, en tanto, regresó el ímpetu de Poly Argañaraz.

Capítulo santiagueño

El ancho capítulo santiagueño reservado para el sábado había comenzado temprano con la presentación del violinero Néstor Garnica. Además de sus sabrosas versiones, hubo un sorprendente momento de celebración de violines: junto a un ensamble de instrumentistas de la Orquesta Sinfónica de la Provincia de Córdoba, liderado por la concertino Lucía Luque, llevaron a Vivaldi desde la Europa del siglo 18 hasta el pulso folklórico argentino, para ovación de la gente.

El dúo Coplanacu, luego, refrescaría su mística con ese notable poder de comunicación con la gente que enseguida se traduce en una experiencia vívida e intensa. Roberto Cantos y Julio Paz, más la sustancia de su banda, pusieron la Plaza a bailar, pero además abrieron su actuación para otros dos momentos con sentido. 

Por un lado, rescataron "del interior del interior" a Miguel Figueroa y su conjunto Amanecer campero, una versión de chamamé pueblos adentro al que los copla le pusieron también sus voces.

Luego, proveniente de la República Plurinacional de Bolivia, como subrayó Cantos, llegó el cantautor Manuel Monroy Chazarreta, nieto de Andrés Chazarreta, estandarte de nuestro folklore. Trajo un par de canciones  con compromiso, la primera dedicada a la wipala. Y Dijo que las autoridades actuales de su país "no quieren que cantemos, pero nosotros creemos en la democracia".

El final de la noche trajo más chacareras, con las consagradas maneras de hacerlas del dúo Orellana-Lucca: bien tocada y cantada. Y la madrugada, entonces, no se quedó atrás: bien bailada y zapateada.

 

Comentarios