Raúl Barboza: «Soy un guaraní que defiende su cultura»

domingo, 2 de febrero de 2020 · 18:09

Por Alejandro Mareco

"Nosotros tocamos mucho por el mundo, pero necesitábamos volver a este Festival". Raúl Barboza lo dijo así, en plena actuación: se podía percibir que el remanso que emanaba su música también estaba en su ánimo: disfrutaba de su momento en Cosquín después de algunos años.

Luego, en el encuentro con los periodistas en la sala de conferencia, dejó correr un poco la película de su música, de su vida y del compromiso con la cultura de su región.

"En esta patria aprendí a tocar la guitarra y el acordeón, aprendí a amar, al respetar al ser humano, al ser viviente… Y un día me fui: preferí dejar mi país antes que sucumbir a la presión de algunas personas para que tocara otra cosa", contó.

Europa fue el seno en el que sus extraordinarias condiciones de artistas fueron amparadas, con reiterados y numerosos gestos de reconocimiento. "Me convocaron a tocar en muchos festivales de jazz, desde el de Montreux (Suiza) hasta el de Montreal (Canadá). Peter Gabriel me invitó dos veces, una en Londres y otra en Estados Unidos. Pero yo siempre aclaré que no quería tocar un repertorio que fuera todo jazz, o todo tango. No porque yo no sepa tocar esos géneros, sino porque yo soy un guaraní que defiende su cultura".

Ese interés particular del mundo del jazz mucho tiene que ver con el estilo de improvisación constante con el que cada vez Barboza vuelve sobre sus temas. "Aunque grabé por primera vez cuando tenía 12 años, yo no sé leer música. No uso mis ojos para tocar pero sí mi memoria, y mi libertad. Invento todos los días y estudio todos los días, sin falta", aseguró.

Sus padres nacieron en Curuzú Cuatiá, Corrientes, y se mudaron a Buenos Aires, a un conventillo en La Boca,  donde poco después nació Raúl. "Soy hijo de un matrimonio maravilloso del que nacimos tres hermanos. Una familia muy unida. Mi padre, Adolfo era guitarrista, esquilador, cargó bolsas en el puerto. Yo hice hasta tercer año del secundario para ayudarlos. Mi mama me contaba que cuando era chico, en el conventillo, se juntaban a tocar chamamé y yo empezaba a mover las piernas. Ella se alejaba de allí conmigo porque la música del lugar que extrañaba le hacía doler la panza".

"Yo vine al mundo con ese ADN que me dieron mis padres -prosiguió- siempre toque chamamé y estoy orgulloso de eso. Mientras tanto, escuchaba a Carlos Gardel, a Oscar Alemán, a Ella Fitzgerald, a Astor Piazzolla... De cada uno me fui armando un jardín con muchas flores, cada una con su fragancia particular".

Habla en plural de la propuesta artística que lleva su sello, puesto que incluye a su compañeros de camino desde hace 20 años: incluye a Nardo González (guitarra) y Cacho Bernal (batería). 

Antes eran cuatro: del grupo formaba parte el gran guitarrista Horacio Castillo, fallecido en un accidente en 2009. "Mi mujer me dijo que había habido un choque en Rosario, prendí la tele y vio un estuche de guitarra en el lugar del accidente", recordó. No quiso buscar un reemplazo y le preguntó entonces a González si no se animaba a asumir  la guitarra.

El gran dolor, como parece ser una norma en su vida con las experiencias fuertes, le dejó un mensaje: "Si alguien nos hace derramar lágrimas, algún día seremos nosotros causa de lágrimas en otras personas. Por eso respeto la decisión de Dios y me acomodó con mis tristezas".

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