A don Óscar Chavez: Ciudad deshabitada. Solo de ausencia

Por Nahuel Porcel de Peralta
domingo, 3 de mayo de 2020 · 21:57

Por Nahuel Porcel de Peralta

(cantautor argenmex)

Desde México

 

Un domingo, encerrado en casa, en tu querida ciudad, Maestro Óscar, un primer domingo en que nos lleva la profunda tristeza, la inagotable desolación, una ciudad a la que tanto cantaste, amaste, caminaste, transitando sus noches y sus días, hasta el tuétano. Esa canción tuya, siempre para tu gente, los de abajo, los de un país generoso, dolido, luchador, por donde se hicieron eco en tu voz de trueno, sus palabras esperanzadoras, su forma de andar, su cultura, su sabor colorido, sazón de sus comidas, sus paisajes,  su humor cotidiano, su coraje, su crítica feroz al poder en turno, al poderoso, sea de aquí, sea del mundo.

Su pelea cotidiana, su identidad de indio patarrajada, confrontada a los chauvinismos baratos y los nacionalismos de golpe en el pecho, tu plantarte contra la miseria, la injusticia, contra el olvido, contra lo banal patético, la hipocresía.

Un domingo en que no podemos, junto a tu pueblo, poder ir a acompañarte, a cantarte, a abrazarnos, a llorar juntos un mar de ojos, un continente de besos, un aquí te quedas, un no cesarán tus cantos, una Lacandona selva, que en lo profundo de su corazón de humedad, vierte cascadas de lágrimas sobre la verde exuberancia de ésta, tu bella y castigada tierra mexicana.

La de toda la raza, la misma que en cada rincón de ésta Patria Grande, de ésta América Nuestra como dijera (José) Martí, anda intentando encontrarle sentido o respuesta a estos crueles días de ausencias.

La última vez que nos vimos, nos prometimos que debíamos más temprano que tarde, amucharnos para inventar nuevas canciones, ron y guitarra palabrera mediante, y disfrutar del honor de haberte acompañado en parte por la ruta de tu amistad, tu coherencia y aprendizaje, creciendo junto a tu oficio.

Gracias, Óscar, mientras se va oscureciendo este cielo de Mayo de domingo, la ciudad, casi deshabitada,viene amenazando con echar un manto de luto a tu inesperada partida, presagio de lluvias, para lavarnos tantito, quizás, un poco, los dolores.

 

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