Perú y el juego de la gallina

martes, 01 de octubre de 2019 · 21:22

Por Sergio PascualGisela Brito

 

(ALAI am)

 

 

La situación de bloqueo entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, que viene marcando el pulso político del Perú parece haber llegado a un punto de no retorno tras el cierre del Congreso decretado por Martín Vizcarra.

Nuevamente se agitan las aguas de la política peruana. La situación de bloqueo entre el Poder Ejecutivo y el Congreso, que viene marcando el pulso político del país en los últimos años, parece haber llegado a un punto de no retorno. El presidente Vizcarra decretó el cierre del Congreso haciendo uso del artículo 134 de la Constitución Nacional, al entender que el Parlamento dio por rechazada la tercera moción de confianza presentada por su gobierno. El cierre del Congreso conlleva la convocatoria de elecciones parlamentarias para el 26 de enero de 2020. Lejos de acatar tal decisión, el Congreso contraatacó votando la “suspensión temporal” del presidente y juramentando como nueva presidenta de la república a Mercedes Áraoz, representante del poder económico aglutinado en la Confiep (Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas), exministra de economía de Alan García y exfuncionaria del Banco Mundial, quien hasta ayer ocupaba la Vicepresidencia de la República.

Se abre ahora un periodo de incertidumbre en el que el pulso entre el Ejecutivo y el Congreso se dirimirá dependiendo de la correlación de fuerzas y los posicionamientos que adopten: a) el poder económico, b) las fuerzas armadas, c) la ciudadanía movilizada, d) los actores internacionales (embajada de EE. UU., OEA) y e) el Tribunal Constitucional, que podría tener que dirimir si es constitucional el cierre del Congreso decretado por Vizcarra o si prevalece el argumento de la mayoría parlamentaria fujiaprista que sostiene que el presidente no estaba habilitado para activar tal mecanismo.

 

¿Cómo hemos llegado a este punto? Para entenderlo hay que explicar, al menos, dos particularidades del sistema político peruano. La primera, de largo aliento, apunta al hecho de que Perú dispone de un modelo institucional muy expuesto a situaciones de bloqueo entre los poderes Ejecutivo y Legislativo como la que se vive hoy. Efectivamente, con una Presidencia con poderes limitados frente a un Congreso adverso que funge de “perro del hortelano” (ni come ni deja comer) la situación deriva en bloqueo. Ni el Congreso puede legislar libremente en función de sus mayorías -como en los sistemas parlamentaristas británico o español- ni el presidente puede evitar que el Congreso impida sus iniciativas.

 

Por otro lado, un elemento de corte más coyuntural: un caduco sistema de partidos fujiaprista corroído por la corrupción y un deadline concreto para la carrera política de los asambleístas actuales, a los que el referéndum de diciembre de 2018 les prohibió la reelección y, por tanto, sus expectativas de carrera política en el Congreso. Se trata de una expresión más del cariz revanchista que viene tomando la dinámica de la política peruana.

 

Como en el mítico western, se alinean los ingredientes perfectos para un “duelo en ok corral”: un presidente sin partido que necesita una reforma del sistema de inscripción electoral y unos asambleístas que ya no tienen nada más que perder. Sólo en esa lógica del juego de la gallina, en el que dos coches se lanzan a toda velocidad uno contra otro a ver cuál se aparta primero, es posible entender los últimos movimientos políticos en el Perú. El problema es que con los coches que se lanzan al desastre seguro van los últimos restos de confianza de los peruanos en sus instituciones. Como espectadora del drama, una sociedad hastiada de la clase política que demanda un cambio profundo en el país al grito de “Cierren el Congreso”. Asistimos, en definitiva, a una vuelta de tuerca más en la profunda crisis política que atraviesa la democracia peruana con unas instituciones que se evidencian profundamente incapaces de dar respuesta a los problemas del país. Tal vez la respuesta esta vez esté en las calles.

 

 

Sergio Pascual

Ingeniero de Telecomunicaciones y Antropólogo (España)

Gisela Brito

Máster en Análisis Político (UCM) (Argentina)

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