León Zárate y la Villa Carlos Paz serrana en un poema. Por Aldo Parfeniuk

sábado, 05 de octubre de 2019 · 18:51

 

Por Aldo Parfeniuk

(Escritor, poeta y periodista)

 

            León Zárate es el nombre artístico de Zoilo León Martínez. De acuerdo con mi memoria personal ( no encontré datos documentales al respecto) el famoso actor, empresario y director teatral, protagonista de cientos de obras de teatro en Buenos Aires y el resto del país, lo mismo que de varias películas emblemáticas de la época de oro del cine argentino, nació en Alta Gracia a mediados de 1890 y falleció aquí (atropellado por un automóvil) cuando rondaba los noventa años, y luego de haber vivido más de tres décadas en su hermosa casa de piedra, aún en pie, de Alsina y Sarmiento, en Villa del Lago.

Zárate frecuentó la Villa desde años tempranos, tanto en calidad de integrante de compañías teatrales prestigiosas de la época, como la de Florencio Parravicini, o simplemente actuando unipersonales costumbristas en las reuniones sociales de verano en los dos o tres grandes hoteles que había aquí en los años treinta. Es –a las claras- el auténtico precursor del teatro en Carlos Paz, en donde no solamente dirigió y asesoró pequeños grupos formados por vecinos, sino que dio  consejo y asesoramiento a quienes se le acercaran requiriéndolos. Es también a partir de su radicación definitiva en su chalet “de piedra y sentimientos” que se encerró cada vez más, dedicándose a la reflexión y a escribir sobre los temas que desde siempre lo preocuparon, especialmente todo lo que tiene que ver con la identidad cultural del país y los valores de los arquetipos de la americanidad y de un país interior del cual él mismo se sentía un representante. Tiempos de una Villa Carlos Paz  muy otra: transitada por personalidades (Falla, Sábato, Furt, Barleta, Wernicke, Córdoba Iturburu, Yrurtia, Porto, Molinari, Yupanqui, Prager…) que hicieron de esta zona un apacible y fructífero refugio de creación y, en ocasiones, de encuentro y de diálogo, puesto que aún sosteniendo ideas políticas opuestas, un mutuo respeto -y su respeto por el talento y la inteligencia- los hacía “necesitarse” recíprocamente por así decirlo: aún cuando llegaban hasta aquí huyendo de la vorágine de la gran capital. El hecho es que el primer actor de la calle Corrientes, el protagonista de films como De la sierra al Valle y Cerro Guanaco o El Forastero, el que fuera director del mismísimo Alfredo Alcón de los comienzos,  pasó el último tramo de su vida reflexionando, escribiendo (nunca quiso publicar sus escritos) y recibiendo visitantes de todo rango y condición: sobre todo a quienes necesitaran de su consejo profesional y palabra de aliento para la realización de proyectos culturales, sobre todo actorales como quedó dicho.

En un libro para el cual seleccioné poemas escritos entre 1940 y 2010 en Carlos Paz (obra lamentablemente agotada,  publicada por Quo Vadis en 2013, conmemorando el Centenario de la ciudad) figura un extenso poema suyo titulado “Polanco”, claramente inspirado en un nombre y personaje serrano. Lo recibí de su propia mano en tiempos en que con Kelito Romero Cortéz y otros amigos ensayábamos, en su casa, cuadros y sainetes costumbristas; o ajustábamos guiones para cuadros tradicionalistas de peñas y espectáculos en el Cine Yolanda. 

Cuento que trascurridos seis años de aquella publicación, esporádicamente sigo recibiendo, de parte de algunos de los lectores de la antología, expresiones de agrado y de sorpresa ante la existencia de un autor, más que olvidado, diría yo, ignorado.  León Zárate es alguien que -como tantos otros poetas, escritores y artistas nuestros- debiera ser muy tenido en cuenta, aunque más no fuere por parte de los docentes que en nuestras escuelas enseñan (¿enseñan?) materias sobre estos contenidos a los niños y jóvenes locales.

Como se verá, el texto de Zárate nos reconduce a una Carlos Paz rural, campestre, abierta hacia el monte y la montaña, y que está en nuestros orígenes fundacionales. Epoca y espíritu de los que quedan en pie escasos símbolos testimoniales (como la Agrupación Gaucha y una que otra peña o encuentro tradicionalista) El original poema dramático también nos hace volver, a quienes nacimos y nos criamos aquí, a una manera de vivir la poesía muy estrechamente ligada a lo gauchesco, serrano y declamatorio: las radionovelas tipo Juan Moreira, las películas de la épica criolla y gaucha del cine argentino de la bien llamada “Epoca de Oro”, las transmisiones radiales del Rancho de Fernando Ochoa, los poemas de Boris Elkin o el Viejo Pancho, lo mismo que las epopeyas de tantos personajes de la historia chaqueño-fronteriza, con su carga de valores, símbolos, efectos y emociones: todo eso que tan bien recitaba entre nosotros Enrique Kelito Romero, en las Fiestas Patronales y en las peñas, y que para muchos fue una primera experiencia de/con la poesía.

Sirva este modesto rescate como un sencillo homenaje a aquella época, y al talento de sus protagonistas. A su compromiso y a sus memorables voces.

 

“POLANCO”  (Poema serrano)

 

 

El: un hombre serrano. Su nombre es Polanco; tiene buena laya

pero no lo entiende nadie: es impenetrable como sus montañas.

Al verlo pasar comentan los chicos, los hombres, las viejas :

“es el mismo diablo: no lo entiende nadie, falla a toda ciencia…”

 

Ella con sus ojos nublaus de emoción divina y santa

ahogando un grito en su garganta,

aprieta en su pecho los latidos que murmura su corazón anochecido,

y oye el zumbar del viento como una queja; como un gemido…

 

Y entre ese rezar que produce el viento en el cañaveral

se oye el galope muy largo y lejano

de algún potro brioso que se'ha desbocado…

 

Como un reguero de cuetes por los caminos

se oía de los perros ladridos y ladridos

De pronto se oye un galope. Ahora llega al tranco:

cual si viera al diablo ella vió a Polanco. Ella vió a Polanco en su potro moro

y el amor salvaje que enbiste a lo toro

bajó de su potro; de su potro moro.

Y avanzó a lo puma, que lo acecha todo.

Al verlo llegar, la mujer estalla como enloquecida.

¡¿Sos vos Polanco? Y a qué ai vuelto? A arruiná mi vida.

¡Contestá Polanco, hablame, sé franco!

Y él le dice por toda respuesta: “a verte sí, pues, y así nomá ai ser…”

Por Dios te lo pido: “¡¿así nomá ai ser” a todos mis ruegos?

Después de esa noche -¿te acordás Polanco?-

llegaste a mi rancho deste mismo modo. Llegaste en tu potro como en sobre arena.

Amor me pedía la sangre en las venas. Silenciosamente io te abrí la puerta:

¡ porqué, malaya, no me quedé muerta ¡.

Despué de saciarte saltaste a lo puma en tu potro moro,

llevándote todo mi honor, que guardaba como en cofre de oro.

Despues de esa noche; te acordás Polanco?

Se oyeron los chismes por boliche y ranchos:

que  mi hijo es un guacho, y yo una p... mujer que no soy casada,

y el lengua' e ponzoña vo sabés quien es:

 el tape Medina….

“¿El Tape Medina?” Si pues, pero eso no ay ser.

 

Apretó los puños con empaque e'toro

y saltando a lo puma en su potro moro

castigó a su potro con látigo e´ fuego.

Retumbó  la tierra, retumbó cual trueno;

la furia del potro con las riendas sueltas…

 

La furia lo lleva como una tormenta.

Al causante'e todo va a pedirle cuentas

 

Sujetó su potro junto a una tranquera.

Coloreada en  sangre lleva las espuelas

Que han chuciado al potro en su gran carrera

Bajó de su potro como un rejucilo

y llevando la mano al mango'el cuchiyo

que lleva en el cinto lustrau po´el coraje,

y abriéndose paso entre el paisanaje

encontró al infame charlando sin tregua.

 

. . .  A vos te ando campeando leguas y leguas

pa'decirte maula que tu mala lengua

ha herido fiero a una mujer. Y si pues... y asi noma´ ai ser

Y pelá tu fierro; que estás esperando:

¿o es que tiene herrumbre de tanto no usarlo?

Huija: ya estás tiritando

Habías sido flojo, a´ más de canalla…

Y sin más ni más, brilló el cuchillo en la frente e' Medina,

y con un planazo le puso la piel e' gallina.

 

Brillan los cuchillos en el entrevero

Medina está herido; Polanco lleva una gran ventaja.

Y como el que mal anda; mal acaba.

Atacó Polanco; atacó con fuerza, y de un solo tajo le cortó la lengua,

diciendo: pa´que nunca más hablés  mal de una mujer:

y si pues, y así nomá ai ser.

 

Luego a todos miró desafiante.

No se oyó un reproche.

Cabalgó en su potro, y emponchau en sombras

se perdió en la noche…

 

…Cabalga Polanco siguiendo senderos

tejidos de ponchos, tejidos en luceros.

Sujetó el galope en la loma, y va llegando al tranco.

Su mujer lo aguarda. Y ya le habla de distinto modo:

¿Sos vo´ Polanco? Por donde ai´ andau?

Y de ver a Medina, si pues y así nomá  ai´ ser.

Ojalá esa maula se muerda la lengua pa'que no vuelva a hablar

Por Dios:  lo ai´ muerto Polanco? ¿Por mi ai´ sido criminal?

Y no pué´:  como era orejano le i´ puesto señal…

Ay por Dios, Polanco: ¿ querís ver a tu guagua?

Tiene tu cara, tu mirar, tu gesto…

Y si pues... ¿Y que nombre le ai puesto?

Y el tuyo Polanco: ¿ cual otro había e´ ser?

Y a más un apodo: ¿ no te ai de ofender?:

Le i´ puesto a mi guagua:

“y  sí pues, y asi nomá  ai ser”

 

                                  LEON ZARATE                                        

                                Villa del Lago (1957)

 

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