Recordando al poeta santiagueño Julio Salgado por Enrique Hernández-D¨Jesús

domingo, 06 de octubre de 2019 · 14:09
 
Julio Salgado, nació en Frías, Santiago del Estero (Argentina) en 1944. Poeta y pintor, inicia su actividad literaria en 1962 con el grupo Jardinalia con Carlos Alberto Bruchman. En 1976, junto con los poetas Edgar Bayley, Francisco Madariaga y Roberto Sánchez, funda el sello Edición del poeta. Colaborador de distintos diarios y también aparece en numerosas antologías. Entre sus obras publicadas se encuentran: Poemas murales (Buenos Aires, Alto Sol, 1969); Escrito sobre los animales solitarios (Buenos Aires: Numen y Forma, 1971); Agua de la piedra (Buenos Aires: Edición del Poeta, 1976); Caja de fuego (Buenos Aires: Cisandina, 1983); Paisaje y otros poemas (Buenos Aires: Último Reino, 1991); El ave acuática (Santiago del Estero: El Barco Edita, 1999. Libro de Artista ilustrado por el autor en edición limitada) y Trampa Natura (Ediciones Último Reino, 2000.)

Celia Clara Fischer sobre el poeta: Su experiencia es un continuo diálogo desde su lugar de origen, Frías, en la búsqueda del centro del panal que alimenta aquello lejano que llama desde lo profundo del hombre, la llamada del ser, signándolo para siempre. Poesía celebratoria la suya, pero de interrogantes, por ese deseo que lo impulsa a ver más allá, de poder atravesar el umbral interminable de la Belleza. Un mundo dentro de un Mundo. Un cosmos dentro del Cosmos.

 

UNA MIRADA

 

La Sociedad sonríe 

bella hasta la cintura

viaja y naufraga.

Cortesana

sus pechos son el sol de una actriz

sorprendida en el río

donna amada.

Ha atravesado el cielo y el rebaño

la escuela de los viejos amores

la noche con sus labios.

Oh gracias.

De esa fotografía

el cinismo del mono

extrae con sus manos 

la melancolía de la urraca.

 

CUADRO CON JILGUERO

Y MEMORIA DE UNA ESCENA DE CAMPO

 

El jilguero

un cuadro que vino de las fotografías.

Una canción caída cuando ganaba la noche

y un convite en tiempos de campaña.

La lluvia liviana del otoño

cae sobre la mesa

ha mojado el mantel

hay restos de naranjas mordidas

y la hoja de un cuchillo uruguayo

textos

de Apolonio Díscolo

húmedos junto al pan

y los trozos de carne.

El asalto benigno entre la madreselva

y la lengua achatada del lagarto.

Años.

Más aún que el tiempo.

La yegua madrina de la niebla

sus ancas blanqueadas

dándose vuelta

buscando un sol.

 

UNA VISITANTE EN LA LAGUNA

 

En el barranco rojo hay historias nadando en el humo violeta

de la mañana.

Los males de las hierbas se mezclan con los picos bruñidos

de las charatas.

Esa laguna está hecha de aguas pequeñas y olores que esperan

la llegada.

Hay trazos de verdes líquidos del barro y hojas que han muerto y

trenzas de

diminutas algas que respiran.

Y hay tierras que se forman con el silencio y la germinación de un

implacable

fuego que más tarde se calma.

Ahora

el pie de Ella la endemoniada bailarina que viaja por amor.

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