Jaime Dávalos en Carlos Paz por Aldo Parfeniuk

miércoles, 09 de octubre de 2019 · 21:20

Por Aldo Parfeniuk

(Poeta y crítico literario)

 

En los comienzos de toda actividad, en el origen de toda vocación, suele haber uno o varios formadores, “ayudadores”, promotores, mentores o referentes, en los cuales uno se apoya –en vivo y en directo o a la distancia- para empezar a andar, para dar esos tan difíciles primeros pasos, ya se trate de un trabajo, una profesión o una actividad artística, según es la literatura.

Cuando uno se da vuelta y mira para atrás, no puede dejar de preguntarse y de buscar a quienes lo ayudaron a ser lo poco o mucho que se pudo llegar a ser. Por otra parte, es de bien nacido no “olvidarse”,  reconocer y nombrar con todas las letras a quienes lo ayudaron: no solamente por justa gratitud sino para mostrarles  a quienes nos miran o nos siguen, cómo es que hicimos para buscar y conseguir lo que necesitábamos en el lugar en el que nos puso el destino a cada uno de nosotros. En mi caso, en la Villa Carlos Paz en la que nací y empecé a escribir hace más de cincuenta años.

En una nota anterior de El Diario pasé revista a los nombres más destacados de intelectuales y artistas que nos honraron con su compañía, más o menos duradera o influyente, en la Villa, y que son grandes referentes. A esa lista hay que agregarle nombres que pasé por alto, como el de Jaime Dávalos, quien  me honró con su amistad y sus generosos consejos y   a quien, en definitiva,  está dedicada esta nota, que acompaño reproduciendo  una breve esquela aconsejándome sobre mis primeros poemas .  Hay otros nombres en los que me detendré en otro momento, pero que siento que ahora debo, al menos,  mencionar: José María Canevari, Pedro Oscar Murúa, Ana Levinstein,  León Barsky, Martín Figueroa Guemes, Alfredo y Ana Rosa Domenella, León Zárate, Nardo Spinelli, Marina Capriz, Enrique “Kelito” Romero Cortéz, Roberto Acosta, Alberto Pontarelli: vecinos amigos  de la cultura que estuvieron al frente de instituciones (Amigos del Arte, I.E.S., Centro Italiano, Biblioteca Porto, Peña Fogón Serrano…)que nutrieron a la Villa –algunas lo siguen haciendo- de contenidos que hoy escasean, y que muchos extrañamos y reclamamos.

Volviendo a Dávalos. Llegó a Carlos Paz, al igual que muchos artistas y gente del  espectáculo, trayendo su atractivo y sustancioso espectáculo poético-musical  devenido de un Cosquín festivalero -hoy ya sexagenario- que alimenta sin cesar a muchos de los escenarios del verano cordobés. El hecho es que la renombrada “Carpa de Jaime Dávalos” fue durante varias temporadas locales, escenario prestigioso de  calificadas expresiones nativo- americanistas que nos dieron , creo que de manera definitiva, personalidad  de pueblo también latinoamericano.

Debido a la vinculación comercial ocasionada por mi trabajo en la “Propaladora Publicidad Sierras” de Pontarelli, Jaime me aceptó como ocasional amigo, con quien podía compartir algunas charlas durante sus momentos libres, a veces en la Carpa –atrás del actual Banco Provincia- y otras en la casona que alquilaba en Rivadavia y Tucumán; sobre todo en la galería hacia el oeste de esa hermosa casa, vinos mediante, sosteníamos largas conversaciones (en realidad jugosos monólogos del poeta, que yo  absorbía con atención esponjeril) sobre poesía,literatura,cultura y política: eran tiempos (años 1968-69-70) en los que tanto nuestro país como el resto de Latinoamérica apostaba su destino a proyectos  de liberación de  un imperialismo  primermundano, del  que éramos colonias. Tanto Jaime como la mayoría de los grandes creadores e intérpretes –sobre todo del NOA- que formaron parte de la gran movida de aquellos  años sesenta, hicieron que la gente de nuestro país reconociera por primera vez  su identidad en los contenidos propios de nuestro interior, de sus hombres, mujeres, paisajes, conocimientos y tradiciones. Y que al hacerlo se sintiera orgullosa y formando parte de una Latinoamérica de la que siempre quisieron mantenernos separados, diciéndonos -entre otras cosas- que Argentina solamente estaba destinada a ser el faro del Primer Mundo en la región. De esas cosas se hablaba con Jaime. Y él era de los que  le ponían letra, poesía a esa epopeya que, si bien fracasó en conseguir el poder político, logró, por ejemplo,  que nunca más los militares, en Suramérica, dispusieran de nuestras libertades, de nuestra vida y de nuestra muerte.

A modo de gratitud por lo que Carlos Paz le dió, Jaime empezó a escribir y ponerle música a una hermosa zamba que nunca pudo concluír (yo conocía las primeras dos estrofas y el estribillo) Finalmente pudieron terminarla su hija Julia Elena y algún otro familiar del poeta con aptitudes para la materia. Desde hace unos años circula hermosamente cantada por Julia Elena.   Entre otras cosas Dávalos valoró lo que figura como un privilegio propio desde los orígenes de la Villa: el agua. La convergencia de ríos y arroyos sobre el valle, cuya parte norte terminó siendo embalse. Este lago actual que tanto nos desvela y que para los nativos y vecinos de muchos años forma parte de nuestras mejores aventuras y alegrías: en sus balnearios, con sus deportes, con las pescas, con sus desfiles de góndolas…( en otra nota volveré sobre el lago).  Según se verá en el estribillo de la letra que reproducimos abajo, nuestra Villa era (¿es todavía?) la esplendorosa “capital de las aguas serranas”. Aguas que debieran bañarnos de identidad, de paisaje, y que terminaron en triste vía de salida de nuestros deshechos.

 

Zamba a Carlos Paz

Se fue aquel tiempo de sueños nuevos,

se fue el verano que amor dejó,

pero guardado en la voz del aire,

regresa el poeta con su canción.

 

Cuando la luna sueña metales

y enciende el lago su claridad,

chorros de sombra por los sauzales

llora la noche de Carlos Paz.

 

En la bandada de golondrinas

mi alma resulta solo una más

que al rodar tierra, buscando climas,

halló las noches de Carlos Paz.

 

Capital de las aguas serranas,

quiero encantarte con mi canción,

cuando el lucero de la mañana,

late juntito a mi corazón.

 

Como gota de rocío en los yuyales

quedó esta zamba sin terminar

ángel de un ala, vuela hacia ustedes,

como homenaje a Carlos Paz.

 

Volviendo a veces el pensamiento

la media zamba vuelve a entonar

trae el perfume de aquellas noches

de serenatas en Carlos Paz.

 

En Carlos Paz quedaron los sueños,

en Carlos Paz el primer amor,

pero Punilla guarda en memorias

la voz de Jaime cantándonos.

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