Bolivia, el socavón como mandato. Por Néstor Pérez

domingo, 10 de noviembre de 2019 · 23:33

 

 

Néstor Pérez

(Escritor y Periodista)

 

“Qué pasó, Jaime, qué pasó?!...” Desde el lugar que le reservaron en aquella asamblea legislativa donde el indio se hacía Presidente, Paz Zamora se removía incómodo. El cocalero que había llegado a la jefatura de estado le reclamaba haber fulminado las esperanzas que alguna vez su Movimiento de Izquierda Revolucionaria había alimentado. No muchas, pero era algo. El silencio ruborizado del ex presidente reponía en escena el silencio de los socavones potosinos, donde la voracidad venía del fondo de los tiempos. Así había sido y así debía continuar. 

“Apenas asumí, llamé a mis colaboradores, les dije: no sé nada de administrar el Estado, los escucho, pero antes les pregunto, ¿cuánto se llevan las empresas que explotan nuestro gas?... el setenta por ciento, me respondieron. ¿Y si lo hacemos al revés, nosotros nos quedamos con eso y ellos se quedan con el 30?...¡Noo, imposible, se van a ir!, me dijeron. Lo hicimos, y no se fue ninguno, ¡cómo habrá sido de bueno el negocio!”, cerró Evo ante un auditorio que lo aplaudía conmovido por su gesta, que era la gesta de los sumergidos. 

 

 Un indio no puede pretender que tumbar de cabeza  

 

la opresión atávica del pueblo color tierra se tolere. Es demasiado pedirle a una democracia que siempre debe rendir los mismos frutos para los mismos de siempre, porque el juego de la institucionalidad es blanco, viste bien y jamás cede su idea de revocar gestos de reparación; para el aplauso de los pocos que medran con la desesperanza de los muchos. El manual de siempre se ejecutó en Bolivia y no debería sorprender, toda vez que el método democrático está bien si más o menos se ajusta a los dictados silentes del capital concentrado. Lo proponen los Macri, Bolsonaro, Piñera. Desigualdad y máximo rédito en actividades especulativas, su caras visibles. Todavía se escucha el rumor herido de los pueblos que cayeron con Aristide en Haiti, con Lugo en Paraguay, o con Dilma en Brasil. La rueda de la opresión vuelve a pisar los pies desnudos de los desventurados bolivianos.

Así como aquellos indios que lo esperaban lo saludaron encendidos de esperanzas, la saludable media luna de la abundancia no podía esperar que se reorganizara un esquema de legitimidad. Era ahora o nunca. Fue ahora, y Bolivia está a punto de restablecer el orden previo al MAS. “Las élites del país estaban muy acostumbradas a mandar solas, por tradición, por herencia, por hábito, por costumbre y por formación. Los indios eran siempre los que atendían la mesa, cocinaban, cuidaban a los niños, eran albañiles. Que ahora sean presidentes, ministros o cancilleres, obviamente golpea esa lógica”, decía por aquellos días del 2005 Alvaro García Linera, el ahora dimitido vicepresidente, con una lectura luminosa de un proceso destinado a igualar, en democracia. Quimera antes de Morales, realidad con él. 

La política es postulado, diseño, acción, y alianzas estratégicas. ¿América Latina será capaz de recrear la prédica común de la solidaridad cuando el mundo descompuesto de miedo se somete a las derechas?...El mismo indio que hoy claudica es el autor de la frase “América Latina es una oportunidad para el mundo”…quizás lo escucharon quienes jamás pensaron dejarla pasar.

 

 

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