Crónica de un poeta español en Caracas

El poeta madrileño Miguel Rollón visitó la capital de Venezuela para participar del encuentro poético "El Sol sale por el Sur" y describe lo que se vive en Caracas en una crónica excelsa.
jueves, 14 de noviembre de 2019 · 12:43

Especial.- Por Miguel Rollón Múñoz

(Poeta, actor de teatro, autor, compositor y letrista de canciones pop y rock) 

 

Dos fueron los motivos de mi viaje a Caracas, en concreto, la participación junto a otros poetas  de Argentina, Puerto Rico, China, Bolivia, Ecuador y Venezuela en el encuentro poético “El Sol sale por el Sur” y comprobar en persona la situación que se vive en la capital. Para conocerla en profundidad pedí que mis actividades docentes tuviesen lugar en los barrios más pobres y populares de Caracas: Sarria, 23 de Enero, San Agustín, la Vega y la Guaria. En junio tuve la oportunidad de estar en la Guajira Colombiana y comprobé el éxodo del pueblo venezolano. Pedí ayuda humanitaria para ellos, porque la realidad de lo que allí vi era durísima. 

Aterricé en Caracas el domingo 27 de octubre y tuve ya el primer inconveniente: en el aeropuerto no cambiaban divisas –ni euros ni dólares-, no había bolívares y comprobé que la situación distaba mucho de lo que pude vivir cerca de la frontera con Colombia; al contrario, no se apreciaba miseria y desolación. La primera sorpresa que se lleva un turista es que solo aceptan billetes de 1 o 5 dólares, cambiar un billete de 20 es complicadísimo y los euros no los quieren. La segunda sorpresa, en contra de la creencia general, es que no había desabastecimiento de alimentos, había de todo en todas las tiendas,  y el método de pago más utilizado es el celular y una tarjeta de crédito expedida por el banco de Venezuela, aunque rara vez funcionaron los datáfonos. En mi caso ningún día.

Que hubiese todo tipo de alimentos no significa que no exista pobreza, todo lo contrario, es lo primero que se percibe.  Vivir allí resulta muy difícil: los sueldos son bajísimos –salario mínimo de 150. 000 bolívares al mes, a los que hay que añadir si tienes el carnet de la patria otros 150.000 bolívares – 1 dólar son 22.000 bolívares- . El tipo de cambio con respecto al dólar y los precios son volátiles, con un mínimo de subida y bajada de precios de dos a cinco veces al día. Pude comprobar que hay disidencia política pues muchos ciudadanos arremetían contra el régimen de Maduro y el efecto de Guaidó fue solo una nube de humo que se disipó en poco tiempo.

Los “chavistas”, según me confesaron, son fieles a la revolución bolivariana y pude comprobar que resisten con alegría y fiesta las dificultades económicas y también son críticos con muchas medidas del gobierno. Se reúnen y organizan en parroquias –barrios- y el vínculo vecinal es muy fuerte; están bien coordinados para poder resistir la situación de bloqueo económico. Es un pueblo luchador y tienen de su parte la alegría como forma de resistencia.

Dado que todo me parecía surrealista pregunté cómo podían seguir apoyando la revolución con una situación económica tan difícil y la respuesta fue contundente: “Chávez nos hizo a los pobres visibles, antes solo nos explotaban y no existíamos” Y, claro están dispuestos a dar su vida por mantener el movimiento revolucionario.

El mobiliario urbano y las infraestructuras están muy deterioradas; el metro es prácticamente gratis, aunque viajar es una auténtica aventura y una lucha poder entrar en los vagones. Con los autobuses ocurre lo mismo. ¡ Todo allí es tan surrealista!. Hay McDonald´s, Subway y demás multinacionales para unos ciudadanos a los que les resulta complicadísimo  llegar, no a final de mes, sino al final del día. No obstante, no he visto las imágenes de miseria que nos muestran los medios de comunicación controlados por el sistema neoliberal, ni la situación que describe el presidente Maduro.  Tampoco he visto que exista más violencia en Caracas que en otras ciudades de Centroamérica o Sudamérica. Está crónica está basada únicamente en Caracas, no en todo Venezuela.  En lo personal creo que resolver la situación política le compete al pueblo venezolano, que se debería levantar el bloqueo y celebrar elecciones libres. Mi mayor aprendizaje ha sido comprobar que la alegría es una forma de resistencia.

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