El regreso de Manuel de Falla. Por Aldo Parfeniuk

sábado, 11 de enero de 2020 · 11:38

(Aldo Parfeniuk, poeta y escritor)

Con ocasión de la apertura de la programación de Homenaje al maestro Manuel de Falla, el pasado jueves 9, ciclo que se llevará a cabo semanalmente durante enero en el Parque Estancia La Quinta -con organización de Cultura de la Municipalidad local-, y después de admirar la proyección del excelente resumen fílmico que sobre la vida  del célebre gaditano en Carlos Paz mostró su realizador, Santiago Solans, se me cruzaron algunas ideas que  ahora comparto en esta nota (como me apuré en hacerlo la noche del 9 con el numeroso público asistente)

Se sabe que la gran obra (la cantata escénica La Atlántida) en la cual trabajó hasta el resto de sus días el autor de El Amor Brujo, no solamente pone en música el argumento de un continente y un hombre nuevo que resurge de las profundidades, premonitoriamente presentes en la cabeza de Colón -según lo escrito por el poeta catalán Jacinto Verdaguer- sino que, por lo recién dicho,  involucró profundamente el sentir de Falla respecto de lo que concretamente estaba viviendo él, huyendo de una España que el fascismo franquista empezó a cubrir con la sangre de los mismos españoles.  Sabido también es que Falla perdió allí, entre otros entrañables amigos y paisanos, a su querido compañero de cofradía artística y de vida, Federico García Lorca, quien le había contado maravillas de las bondades porteñas y argentinas que pudo disfrutar en su breve pero intensa estada entre nosotros. Otra poderosa razón sin duda fue su enfermedad pulmonar. Y por ello Falla podría haber hecho terapia en la Sierra Nevada, en su amada Granada; pero había que irse, por lo que sus amigos (de España y Argentina) le ofrecieron esta otra serranía: la de la Córdoba de la Nueva Andalucía, que a él también le sonaba como el escenario propicio para la emergencia de un hombre nuevo, de un Atlante mediterráneo ajeno a guerras, matanzas y oscuridad y, por el contrario, anunciador de un futuro fructífero y luminoso. Y así el maestro llegó a Carlos Paz, a fines de 1939.

 Pero este tema del Hombre Nuevo me llamó la atención con relación a otro importante intelectual  que nos atañe a los de aquí: el poeta Ataliva Herrera; quien creó, en este escenario del Sur del Valle de Punilla, la épica saga del Indio Bamba, el mestizo que rapta a una joven noble cordobesa, gestando,  entre estos montes y montañas,  una descendencia humana que bien podría ser tomada como la semilla originaria de un mito de los orígenes que terminó funcionando como Principio y Fin de nuestra identidad, de nuestra razón de ser en tanto región y comunidad y cultura (y me refiero a todo el Valle, cuyo centro y cúspide momentáneamente es la Carlos Paz de mis primeros días y de toda mi vida) Y este Hombre Nuevo que buscaron tanto Falla como Ataliva Herrera, quizás no sea otro que el posterior y eterno turista que nos visita, proveniente de distintos puntos del mapa que, habiendo conocido este  Valle, tantas lo eligió para fundar aquí, en alianza con los nativos, familia y vida nueva, forjando la identidad que nos distingue y que -como la vida misma- no es sino  cambio permanente, dinámico y superador, hospitalario y respetuoso para con el otro, para con su hermano.

Es condición propia del artista ver anticipadamente las cosas. Y saber leer correctamente lo que está más allá de los datos de lo inmediato. Ante este nuevo rescate de Manuel de Falla, quizás valga la pena profundizar más detenidamente en los mensajes que dejaron tantos artistas que vivieron, pasaron y crearon entre nosotros; y a los que solamente mediante la ayuda de la cultura podemos conocer e interpretar, haciendo que el mundo y la vida sean mucho más ricos en sustancia y profundidad que una pantallita plana y luminosa o una colorida marquesina.  

                                                                                          

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