Poetas en el valle de Punilla

miércoles, 22 de enero de 2020 · 21:26

Por Aldo Parfeniuk        

(Escritor y poeta)

(Feria del Libro de La Cumbre (19/01/2020))

 

Como dice un amigo poeta,  para poder sobrevivir, este universo suicida que nos tocó en suerte, inventó dos cosas esenciales: la música y la poesía.

La poesía es algo demasiado importante como para dejársela solo a los escritores. Y si de escritores solamente es que habláramos, debemos cuidarnos de buscarla y de identificarla solamente en los renombrados: ellos representan, apenas, los pocos granos de ese  gran racimo de vid, ese invento natural del árbol de la vida, que es la poesía: sobretodo para que siga habiendo mundos cuando éste se nos termine. Y en ese gran mundo/racimo que es la poesía, conviven frutos grandes y pequeños; unos más desarrollados que otros, con mayores recursos técnicos o lecturas en las que apoyarse.. De cualquier manera –y es lo que importa- todos hermanados, en ese gran racimo, por el amor y la entrega a los valores que apuestan por la vida, y la verdad, que luchan día a día para vencer el ominoso deterioro de lo cotidiano y lo banal: porque esto es lo que importa, más allá de escribir buenos o males versos.

Comenzando por el sur del Valle, en Mayu Sumaj tenemos que mencionar a Roxana Carrizo, Maxi Ibañez y José Oviedo. Roxana escribió en su último libro: “sobre el agua quieta de la laguna/su madre dejó los ojos apoyados/para que sigamos viendo a los pájaros/ huir de los ríos de la noche” (Río, 2018)

En Carlos Paz –por ser de ahí conozco mucho mejor el ambiente- la actividad es muy intensa y existen numerosos grupos que sostienen su quehacer durante casi todo el año. La Municipalidad cuenta con una Biblioteca del autor local, se han publicado revistas literarias y hubo y hay un fuerte movimiento editorial. En un libro publicado en el 2013 incluí poemas de 100 poetas a partir de 1940, fecha en que comienzan a publicarse trabajos firmados por autores locales. Por distintas razones aquí yo daría, entremezclados, los nombres de poetas muy diferentes (todos granos sabrosos del gran racimo de la poesía): Enrique Romero Cortéz, “Kelito”, Mirta Makianich, Susana Terreno, Isabel Lagger, Pablo Natale, Gaspar Pío del Corro,Sabina Parfeniuk, Norma Santoni, Norma Minardi, Pedro Solans, José Araujo, Nancy Rosa, Adrián Pérez Barberá y muchos más.

Una de las voces más destacadas es la de Mirta Makianich, con varios libros publicados, y que En lo que resta nos dice:   “¿Pero qué fue esa noche/en realidad?/¿Una nave de locos/por el río plateado?/ausente /el relato /cruza el sendero de agua /no hace falta/estorba/cuenta/sólo cuenta /la metáfora.”

Siguiendo por la ruta 38, Estancia Vieja es una localidad joven pero que ya cuenta con laboriosos gestores culturales y con numerosos poetas, más que bien representados por Paula Pizzano y Rudy Catoni.

Bialet Masse cuenta  desde hace casi 10 años con el Encuentro Hispanoahablante de Narrativa y Poesía “Letras de otoño”, conducido por Daniela Selene Lorenzini y Miguel Luis Aguilera.

En alguno de los boliches de Santa María de Punilla, el abnegado recopilador cordobés Julio Viggiano Esaín recogió, en los años 30, de boca de un guitarrero popular: “Equivocación será/ del que se ponga a pensar/ que ausente lo han de querer/ y que no lo han de olvidar”. Continuando con su rico historial lírico, ya debe estar llevando a cabo el número 30 de los Encuentros de Escritores Americanos, que encabeza desde la organización la poeta Irma Droz. Y ese también es el pueblo de otra importante poeta: Mirta Ceballos.

Y llegamos a Cosquín. Que por un lado todos los enero presenta el prestigioso Encuentro de Poetas con la Gente, reuniendo importantes voces  de los cuatro puntos cardinales del país y otras procedentes de otros países hermanos. Asimismo Cosquín  históricamente ha hecho de la poesía –muchas veces en alianza con la música- una actividad permanente generadora de incontables Encuentros y Talleres. Son incontables los nombres de poetas de distintas épocas: Niní Bernardello, Pilar Rue, Serafín Ricci, Bernardo Schiavetta, Anahí Requena, Alejandro Villalba, Miguel Vera, Ariel Maiquez, Liliana Boldo, Patricia Crigna, son algunos de los tantos nombres que prestigian y dan continuidad a una lírica sostenida y que hace que el Valle cante todo el año.    De Alejandro Villalba leo, en Retratos de Cosquín (2008),” El día después”: Amanece en el cielo coscoíno/ Es lunes pero un lunes diferente./ Se acabó el Festival y de repente/ todo huele a tristezas y baldíos/ y a contrasol del día lo sombrío/ se le sube a Cosquín como lo muerte”.  De otro poeta destacado, Miguel Vera, un fragmento de “Peperineando los cerros” de su libro Ventiunario: “Tomaba mate al reparo/ oteando los chaparrones/ como esperando que limpie/ como buscando colores // Con el bastón en la mano/ Y sin que nadie lo note/ he visto en sus movimientos/ El celo de los pastores // Que lindo que el viento fresco/ quiera llegar en enero/ Al pago de Los Hornillos/ peperineando los cerros…”

Más hacia el norte, en La Falda, resuena aún la voz de Ada Luna, nombre de prestigio en la poesía nacional, y de nuestra Mabel Reyes Machado, quien en Absurdos de memoria (1994) confiesa: “Milenaria costumbre/ del silencio/ oquedad sonora/ de mi cuerpo/ Nada habita en mí/ ni el desamparo,/ ni el absurdo,/ Inerte, inmóvil,/ limitada,/ en la actitud incierta/ de las horas”

Por su parte Valle Hermoso protege en su memoria la presencia bienhechora de otro de los grandes poetas argentinos que eligieron andar el Valle.  Rubén Vela, vinculado a la Fundación Argentina para la Poesía -fallecido hace un par de años- fue motor y guía de un Encuentro serrano prestigioso de voces que anualmente aportaban sus talentos a la lira punillense. Recordémoslo con versos de alguno de sus celebrados poemas americanistas: “Con la piedra fijé el nombre de mi raza/ la salvé de la segunda muerte: del olvido // Es la piedra de lluvias./ El alma de mis muertos” (“América”)

Tanteando lo poco que se salva de mi ignorancia en cuanto a nombres y obras, y solamente tratando de rescatar algo de cada lugar a través de algún poeta recordado, toca ahora mencionar a nuestra ciudad/villa anfitriona, La Cumbre, lugar elegido por grandes escritores y artistas para desplegar y plasmar sensibilidad, belleza y talento. Aquí, en estos últimos años y en la actualidad, la voz que más ha hecho, tanto por otras voces como por la poesía, es la de Soledad Ranzuglia. De ella digo fragmentos de “Yo, fuego” poema de 1997 pero de rigurosa actualidad: “Yo, Fuego,/soy parte de ti/ y ese es el misterio…/Arde en mis entrañas/ el recuerdo,/ de la amada virgen/ torrencial que apacigua/ el sentimiento”

Alguien a quien no quiero dejar pasar, porque ha trabajado mucho por aquí ( no precisamente en el Valle, sino en ese otro polo de energía creativa y poesía que es San Marcos Sierras) es  Andrés Utello, siempre atento a las posibilidades de juntar poetas y de escribir cosas bellas y necesarias. Andrés, diciendo en su “Aspergesia” (de Poemas del ermitaño…(2014): “Divina cicatriz de la alegría/ luna inmensa en las noches de noviembre/ ojo de oro/ Un rugido de tigre en la calma profunda/ Un relincho rojo/ que despierta el monte”.

Capilla del Monte creció y crece en voces bajo la sombre mágica de Romilio Ribero, quien llevó a todos sus exilios, a todos sus destierros, la memoria de la punta alta del Valle: ..”Se hace noche y día sobre esa tierra de nardos victoriosos/ alucinado y hondo país de amapolas, de pájaros/ con sus muertos que abisman mi memoria en/ tan remoto fuego. // Aún sigo como el pródigo perdido que ha grabado/ su nombre en las arenas/ y piensa regresar un día, con sus labios nocturnos/ en el viento”, según reza –más que decir- alguno de sus célebres poemas.

Es en este fin del Valle donde he compartido momentos de hermosa amistad y poesía durante toda mi vida; a veces rastreándolo a Romilio, otras, oyéndola en la boca de los niños participantes de los legendarios Festivales de Folklore Infantil de La Cumbre, o participando en Encuentros como los que organizaba hace ya unas décadas, en Capilla, Florencio Mastroti, combatiente por la educación y por los valores de la poesía. En su “Pseudoelegía” Florencio decía: “Recuperó la pasión de sus ancestros/ como el brote de la parra/ en los setiembres // Combatió todo el tiempo con la muerte/ para saberse digno de la especie,/feliz naturalmente. Se murió un día de esos en que mueren/ aquellos inevitables y asumidos/ como hombres…/ Combatiendo” (Resistiendo, 1997)

Y en Capilla hasta el hasta hace poco Director de Cultura –Horacio Ruiz- es poeta, escuchen el comienzo de este poema: “Alguna vez, algún día,/ como las luces del cielo/ volverás conmigo, vida,/ tal vez como vuelve el viento”

Finalmente, y para concluír con este panorama incompleto que quiere ser una sencilla muestra de sincera gratitud. Como ayer nomás decía Tejada Gómez, hay dos maneras de salvarse: salvarse solo ( “arrojar ciegamente a los otros por la borda”) o salvarnos todos juntos.

Y me parece que por eso es impensable, en Latinoamérica, hacer poesía sin los demás poetas y sin la gente. Quizás en otros países, donde nació y sigue funcionando la idea de un arte autoreferencial. O como dice la historia que todavía nos cuentan: que la poesía nace para mirar mejor el cielo, o para cuando uno ya no sabe qué hacer, ni qué decir, porque desborda de todo y se aburre mucho. O siente que su ego se entristece, porque no encuentra con quien estar, ni compartir tanta desdichada dicha.

Y uno recuerda gente que ha pensado en la gente.

A  Martín-Barbero diciendo “..lo popular en América Latina nombra aún un espacio de conflicto profundo y una dinámica cultural insoslayable”

Y a Gramsci, recordándonos que no hay posibilidad de definir la identidad cultural más que desde los usos, que articulan memoria y experiencia.

Y al Barbudo Castilla, ante un Alberto Burnichon asesinado por el Proceso: que andaba por todos los rincones de la patria llevando libros de aprender a ser gente: porque “Los pies de ese señor iban por todos los pueblos de Argentina/ dejando en cada uno la voz de los poetas/Esos versos llevaban/ sus ganas de justicia y mostrar belleza”

No nos confundamos, no hay nada que arreglar con los cuervos:

que ellos sigan graznando. Con quienes hay que arreglar bien las cosas es con los pájaros: porque necesitamos granos limpios y campo abierto para seguir cantand, para seguir prolongando la vida de nuestro Universo suicida.

Por eso hoy -más que nunca- es necesario refrendar, en La Cumbre, en el Valle, y en todas partes, el auténtico compromiso del poeta y de la poesía: ¡con la gente!.                                                                    

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