"Imperialismo y servicios de inteligencia"

Por Jorge Abelardo Ramos (Escritor y Político)
miércoles, 28 de octubre de 2020 · 18:24

Por Jorge Abelardo Ramos

(Escritor y Político)

 

“Los Estados latinoamericanos no tenían Inteligencia propia, ni nada propio, salvo la humillación”

“Solo en Argentina el patriotismo es mala palabra. Pero no lo es en Inglaterra”

“¿Para qué sirven en la Argentina los servicios de inteligencia? Para que los múltiples organismos se espíen unos a los otros y entre todos espíen a los argentinos. ¿Es que podría ser de otro modo? ¿No es acaso cierto que durante la gloriosa gesta de las Malvinas la CIA, encubierta como “Misión Militar norteamericana”, tenía su sede y excelente puesto de observación en el propio edificio del Comando en Jefe del Ejército argentino en la Avenida Paseo Colón? Hecho tan extraordinario era congruente con el desempeño de las funciones como Ministro de Economía en un país en guerra con Gran Bretaña del Dr. Roberto Alemann, representante de los bancos suizos y de los intereses europeos que al mismo tiempo nos sancionaban y bloqueaban. Estados Unidos era un aliado “de facto” de los ingleses. Gracias a sus satélites-espías, el submarino “Conqueror” dispuso de la información necesaria para hundir el crucero “General Belgrano” con 321 hombres que se perdieron con la nave (…) Los países realmente soberanos son aquellos cuyos hijos deciden, más allá de la valoración de sus regímenes políticos-sociales, que tipo de existencia nacional desean vivir. Veamos un educativo ejemplo. Imaginemos que un banquero tucumano viaja a Washington, acompañado de algunos colegas correntinos, ecuatorianos  y chilenos. Después de examinar las cuentas del gobierno de Estados Unidos, ordena disminuir los gastos en previsión social, el nivel de los salarios, el número de soldados de las Fuerzas Armadas y, para terminar, suspende los programas de exploración cósmica y el plan nuclear. Aplicada la hipótesis a Estados Unidos  revela enseguida su carácter humorístico. Aplicada a la Argentina es una realidad cotidiana y trágica. Para todo aquel que se formule la pregunta sobre la diferencia existente entre un país imperialista y un país semicolonial bastará el ejemplo citado. Y nada importa que el país semicolonial, en este caso la Argentina, cuente con una bandera, un escudo, una moneda, un Ejército, una estampilla o una Aduana. Con todo lo dicho quedará claro por qué la Argentina carece de verdaderos Servicios de Inteligencia y por qué disponen de ellos las grandes potencias.

A este respecto viene a cuento una anécdota con dos protagonistas singulares. Uno de ellos es el Dictador de Bolivia, el joven Coronel Germán Busch y su interlocutor el célebre Embajador de Estados Unidos en Buenos aires en los días calientes de 1945, Spruille Braden, adversario de Perón. Diez años antes, en 1936, Braden era representante norteamericano en la Conferencia de Paz que debía poner fin a la guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. Para tratar la frontera demarcatoria definitiva entre los dos países se reunió Braden con el Coronel Busch. He aquí el cínico relato que Braden publica en sus Memorias:

“Mientras discutíamos los límites, le enseñé a Busch varios mapas del Chaco… todos malos e incompletos. Finalmente, le dije: ‘Usaremos el mejor mapa de Bolivia secreto y numerado por el Estado Mayor’. Los ojos del Presidente se abrieron como platillos. Sonriendo le dije: ‘Señor Presidente, no se sorprenda que tenga este mapa. Por supuesto fue robado a su Estado Mayor, pero no por mi persona. Se lo arrebaté a los argentinos”. Esto era cierto literalmente. Este mapa resultó el mejor auxiliar durante esa noche” (Spruille Braden, “Diplomáticos y demagogos”, 1971, Nueva York citado por Luis Antezana en “Historia Secreta del MNR”, Ed. Juventud e la Paz)

“Los Estados latinoamericanos no tenían Inteligencia propia, ni nada propio, salvo la humillación. Solo en Argentina el patriotismo es mala palabra. Pero no lo es en Inglaterra”

“Si dejamos de lago la naturaleza de tales ‘servicios’ en la Argentina semicolonial, es decir, su carácter interno, frecuentemente deleznable y anti-popular que los han desacreditado por completo, queda el hecho irrefutable de que la condición marginal del país sume en la impotencia a todas las funciones esenciales del estado, y, para colmo, sitúa al Estado mismo como fuente de ineficiencia, corrupción y despilfarro. Tal es el ‘terrorismo ideológico’ que presiona sin cesar la conciencia pública en la Argentina”.

 

Fuente: “Honorable Lord Franks. El servicio secreto británico y la guerra de las Malvinas” / Fragmento del prólogo de J. A. Ramos (Ediciones del Mar Dulce, Bs. As., 1985)

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