Desde los bosques de Poesía

Parfeniuk habla de una nueva ley sobre la naturaleza en nuestro país

Aldo Parfeniuk, uno de los poetas impulsores de la iniciativa dio precisiones en una entrevista concedida a El Diario de Carlos Paz
jueves, 5 de noviembre de 2020 · 13:28

 

¿Podés explicar cómo el proyecto Bosques de Poesía derivó hacia una ley sobre naturaleza?

Como uno de los tantos efectos que tuvo esa iniciativa del poeta Leopoldo Teuco Castilla -que es la mejor prueba de lo que pueden el poeta y la poesía-, y a partir de lo cual Carlos Paz pasó a ser la primera ciudad importante en llevarla a cabo (en el predio de Parque Estancia La Quinta, donde será inaugurado apenas se abra la cuarentena) se planteó la necesidad de gestionar medidas concretas, a nivel nacional, para que la naturaleza sea declarada y considerada sujeto de derecho: como si fuese una persona física a la que hay que proteger, y en caso de ocasionarle algún daño, resarcirla debidamente.

Se llevaron a cabo consultas con calificados especialistas, quienes se comprometieron con la iniciativa, como la Magister en Planificación ecuatoriana Magdalena Mayorga, los doctores Nadia Espina y Federico Casiraghi o el doctor Eugenio Zaffaroni –entre otros- y se logró la inmediata adhesión de instituciones importantes como la Sociedad Argentina de Escritores, el PEN Club, la Academia Nacional de Folklore y distintas fundaciones de todo el país: todas personalidades e instituciones que rápidamente se dieron cuenta de lo importante que es asumir la defensa de la naturaleza desde los objetivos de las Humanidades y el arte.

 

El bosque de la poesía que será inaugurado en el Parque Estancia La Quinta de Carlos Paz

 

¿Y esto que tiene que ver con las cuestiones del lenguaje, de la literatura, como la poesía?

La necesidad de incorporar lo lingüístico-idiomático se debe al hecho de que la ecología -al igual que la política, entre otras- fundamentalmente es un discurso. Y es un discurso argumentativo, que procura convencer más que demostrar, y en el cual los datos “duros” de la mayoría de las ciencias físicas y naturales, apenas son una parte del tema: y muchas veces una parte nociva, tóxica para grandes sectores sociales, según el uso que se haga de los datos de las ciencias duras: y aquí es donde deben intervenir la poesía, con su libertad de hablar al margen de lo auxiliar y lo especializado. El poeta Roberto Juarroz decía que “el lenguaje transdispciplinario puede permitir acceder al lenguaje global que se busca para el reencuentro de los conocimientos parcelados…, y permitir acceder al lenguaje global que se busca para el reencuentro de los conocimientos parcelados”  Y el ejemplo en acción más puro de este lenguaje es el lenguaje de la poesía.

La necesidad de incorporar lo lingüístico-idiomático se debe al hecho de que la ecología -al igual que la política, entre otras- fundamentalmente es un discurso.

 

¿De qué manera están involucradas?

Sobre todo actuando ante los grandes predadores del lenguaje: los malos políticos y publicistas, la tecnología informática descontrolada y la mayoría de los medios masivos; a lo cual también hay que sumar  la literatura meramente comercial y a algunos ambientalistas gurúes o apocalípticos ( “las industrias del lenguaje”..) Ante tal panorama, solamente la poesía puede mantenerse como la principal reserva sustentable del lenguaje: exactamente como el bosque nativo. Su intransigencia ante las demandas del mercado -por hablar de una de las principales causas actuales de depredación lingüística- y su búsqueda permanente de recursos expresivos, puede lograr, como ningún otro género y/o uso, que el lenguaje se mantenga fresco, vivo y apto para desarrollar, en su productividad, posibilidades infinitas. La refundación del saber sobre el mundo –que en algún tiempo fue el saber de los mitos- debe ser reconducido por el saber poético, ya que su palabra es un acto mágico de la imaginación que, como decía Jean Paul Sartre, es capaz de hacer aparecer la cosa deseada.  Por eso  los poetas somos punta de lanza en este reclamo.

 

¿Se puede ampliar esto de un modo más sencillo, para los no especializados en el tema?

Por supuesto. Tenemos que recuperar la capacidad de hablar con la naturaleza: y es por eso que debemos considerarla y tratarla como persona. Y en esto tenemos mucho que aprender de los pueblos y las culturas originarias de cada lugar (largamente enraizadas: como los árboles, las plantas y los yuyos nativos) los que hablaban con sus entornos, ajustando la vida humana con astros, estaciones y el resto de elementos y formas de vida. Y ello no significa volver hacia atrás sino, por el contrario,  avanzar hacia el futuro en acuerdo –incluso- con los últimos descubrimientos y paradigmas sobre la totalidad de lo existente, que si en algún momento fue cosmos o universo, ahora es código: materia informada, que contiene en lo inorgánico los principios y elementos de lo orgánico. Somos una misma cosa, y es por eso que podemos compartir un mismo lenguaje: las flores, las plantas y los árboles oyen y entienden nuestras palabras; claro, siempre que no enturbiemos nuestros mensajes.

 

Aldo Parfeniuk:las flores, las plantas y los árboles oyen y entienden nuestras palabras; claro, siempre que no enturbiemos nuestros mensajes.

 

¿Y a partir de un nuevo status de la naturaleza, no cree que habrá restricciones que molestará a gente que vive del aprovechamiento de los recursos?

No, por el contrario: es algo que asegura un mejor aprovechamiento, más racional y no violento de los recursos, por lo tanto un mejor y mayor crecimiento, debido a que todo se puede programar mejor, tanto la extracción necesaria como su reposición; lo que hace falta es que haya leyes claras. Ante el agotamiento sin retorno de los recursos naturales del planeta hay que proteger y formar conciencia.  El mejicano Enrique Leff nos recuerda que desde los orígenes de la civilización occidental, la disyunción de ser y ente que opera el pensamiento metafísico, preparó el camino para la objetivación del mundo: “la economía afirma el sentido del mundo en la producción; la naturaleza es cosificada, desnaturalizada de su complejidad ecológica y convertida en materia prima de un proceso económico…” Y podemos decir que lo mismo sucede con la palabra cuando pierde la libertad con que la trata el poeta, y –por ejemplo-se la pone a  trabajar para hacer un libro exitoso o una argumentación mentirosa, amañada, tóxica.  Cuando los recursos naturales se convierten en simples objetos para la explotación del capital, la naturaleza deja de ser un objeto del proceso de trabajo, y pasa a ser codificada en términos del capital. Como parte del medio cultural que habitamos, el ambiente natural al cual pertenecemos como especie es un bien comunitario irrenunciable

                                      

Fotos: Silvia Coggiola

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