Vivían gracias al mundo virtual

¿De qué murieron Netflix del Corazón de Jesús y su hija?

Las mujeres pertenecían a la comunidad de las personas que habían optado por nombres de empresas tecnológicas.
sábado, 19 de diciembre de 2020 · 16:07

Por Pedro Jorge Solans

(Escritor y periodista)

 

Netflix del Corazón de Jesús y Arroba pertenecían a la comunidad de las personas que habían optado por nombres de empresas tecnológicas. Sus desapariciones fueron narradas por un compañero de ellas que tenía varios amigos en el grupo como Uber López, Skype Sandoval, Windows Torres y Selfie.

 

 

Netflix del Corazón de Jesús y la breve estadía de Arroba

 

Cuando Netflix del Corazón de Jesús quedó embarazada a través de Zoom fue una sorpresa. La comunidad pensó enseguida en el nombre, Todos esperábamos por Skype o videollamada la novedad, la noticia, la buena nueva; pero la nube ya sabía y fue más rápida y exacta. No sé si le sugirieron, o ella la llamó Arroba.

Nos enteramos y salimos a mostrarle nuestra adhesión. Le llovieron objetos virtuales, elementos esenciales en abundancia que desactivaban las necesidades básicas. Sin embargo, y pese a la abundancia, Arroba evolucionó con depresión tecnológica, una anomalía que le diagnosticó una aplicación que había puesto en el mercado una startup de origen chino.

Sus capacidades tenían altibajos y disminuían a menudo. Se interesaba por asuntos que sus contactos no hablaban ni les interesaban. Generalmente eran hechos que habían ocurrido analógicamente y en el pasado. Confesaba por las redes sociales que extrañaba lo que nunca había conocido ni vivido. Por ejemplo, quería conocer a sus antepasados, volver a sentir el abrazo de sus abuelos, contar las historias de las hojas amarillas de los otoños, oler las noches de los veranos serranos, o conocer el paradero de las cigarras en los inviernos, o de las olas del mar mediterráneo, o los deseos que renacen con las primaveras.

En una oportunidad, mencionó el apagón del sol, y sus contactos miraron automáticamente sus diodos lumínicos.

Arroba tenía ojos tenues, mejillas rozagantes como si hubieran sido infladas para perdurar toda su existencia. Emanaba un olor seductor muy parecido a los aromas que desinfectan lugares públicos.

Era muy curiosa, sus labios eran interrogantes. Se sentía diferente y rara. No le gustaba mirarse al espejo. Algo le pasaba, no se sentía viva.

Cuando quiso dialogar no tenía palabras, no las tenía. Las buscaba en su mente, pero carecía de articulaciones. Intentó acercarse y no había conexión.

Las inquietudes y el malestar de Arroba hicieron trastabillar a Netflix del Corazón de Jesús. Mi amiga, la que me salvó de otras situaciones no deseables.

Luego, Arroba apretó sin querer, o queriendo, vaya a saber, teclas que encendieron alarmas y cayó bloqueada. Y por seguridad, también bloquearon a Netflix del Corazón de Jesús.

El golpe se sintió en el espacio. Nadie las socorrió, dejaron que la buena suerte corriera por ellas. Yo alenté una campaña de solidaridad entre sus seguidores, sin éxito por supuesto. Estuve varios días suspendido por otras causas que no me acuerdo haber sido responsable de las mismas.

Al volver, me enteré que ya no le suministraban los comprimidos con alimentos. Ninguna plataforma les proveía la merienda, el jarabe de las cinco. Después de un breve tiempo, ambas fueron apagándose paulatinamente; y un buen día, cuando se encendieron las pantallas, habían desaparecido como cometas fugaces.

No hubo rastros de ellas como si nunca hubieran vivido, solo quedaron cuentas cerradas por falta de movimiento.

Me acuerdo como si fuera hoy; estábamos entretenidos con la estrella de Belén que volvía a brillar entre nosotros.

Quise comunicarme rápido con sus amigas, hasta respiré hondo para soportar un desaire de Uber y le envié un S.O.S. por WhatsApp. Y solo recibí un mensaje distante, diría helado.

-Lo lamento.

Comentarios