Recuerdos de El Pantanillo

Allá lejos y hace mucho tiempo

Por Mario Sábato (Cineasta y escritor)
miércoles, 12 de febrero de 2020 · 10:17

Por Mario Sábato

(Cineasta y escritor)

 

Le decíamos río, con ganas de que lo fuera. Pero más se parecía a un arroyo, calmo y parsimonioso. Eso sí, a veces, cuando las altas cumbres se arrebataban, se desmesuraba en un alud, que arrastraba todo lo que encontraba mientras corría, vertiginoso.
Tenía, sin embargo, la gentileza de avisar, para que la gente y los animales se alejaran a tiempo, que era poco: desde lejos se oía el bramido de las rocas, el barro y los árboles que arrastraba. Y era lindo verlo, de lejos claro,  cuando pasaba como un gigante pavoroso, con un estrépito potente. Encandilaba de pavor, y los chicos nos agarrábamos fuerte de nuestros padres para no tener tanto miedo.
Se llamaba, supongo que así le dicen todavía, Río Chorrillos, y pasaba cerca del rancho que le alquilaban mis padres al viejo Federico Valle, para pasar los veranos en las sierras de Córdoba.
Los chicos íbamos a chapotear en sus orillas todos los días, con apenas algunas ausencias, cuando llovía fuerte.
En esta imagen, que ayer me encontró para decirme que tenía que escribir estas líneas, me descubrí con un sombrero blanco, mirando a mi mamá, que era la que sacaba las fotos familiares. Me parece que no estaba contento con ese sombrero. Y estoy seguro de que fue mi madre la que me lo puso, para ampararme del sol violento de ese verano.
Para descubrirme tuve que agigantar la foto, que es minúscula, como todas las que mis padres pegaban en gruesas hojas negras, en álbumes que luego nadie vería.
La foto chiquita me esperó setenta años, para recordarme aquel rancho que llamábamos La Tapera, sin luz eléctrica ni agua corriente, el silencio infinito de las noches, los viajes en sulky para ir a un pueblito que estaba a seis kilómetros. Allí, en Carlos Paz, hacíamos las compras semanales.
Creo que no tenía juguetes, o eran muy pocos y no me importaban. Estaba el río, los otros nenes, un caballo que se llamaba Cacique y que alguna vez me dejaron montar.
Algunos recuerdos, la mayoría, se me borronean, y por esto de escribir la vida como quise vivirla, sospecho que los mejoro.
No estoy seguro.
Lo que sí es cierto, y la foto me lo dice, con una claridad tan deslumbrante como el cielo de Córdoba, que fui muy feliz, allá lejos y  hace mucho tiempo.

 

 

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