Arturo U. Illia, un ejemplo de honestidad

domingo, 12 de abril de 2020 · 18:22

Por Edgardo Tántera 

(Historiador y artista plástico)

De su libro Caminos con historia.

(La fotografía recuerda al Dr. Illia en la pizzería Marconi haciéndose lustrar los zapatos con el mítico lustrador Maní.)

 

 

En épocas de democracia intermitente, donde se sucedieron gobiernos como el de Arturo Frondizi, Dr. Illia y Cámpora, Perón e Isabel Martínez de Perón, entre 1956 y 1976. Precisamente, se destaca el gobierno de Arturo Umberto Illia, que prestó juramento como presidente de la Nación el 12 de octubre de 1963.

Aquel médico bonaerense radicado en Cruz del Eje (Córdoba) fue radical hasta la médula y dio su vida en la austeridad absoluta. Tal es así, que al asumir en 1963, había declarado una propiedad en Cruz del Eje (obsequiada por los vecinos para que instalará su consultorio) y un fíat 1500 que vendió durante su presidencia para afrontar los gastos por la enfermedad de su esposa. Fue derrocado en junio de 1966 y a partir de esa fecha y durante 15 años vivió en  la casa de su amigo el médico Eugenio Conde de Villa Carlos Paz. Fueron muchos días y meses que observamos el trajinar de esa excelente persona que sólo tenía un traje para las salidas a la confitería Lago Sierras y cuando se realizaba un acto, una cena o una visita a los correligionarios de Punilla que el visitaba en Ford Falcon con el Dr. Conde. Falleció antes de la llegada de la democracia el 18 de enero de 1983 y hoy Illia está en el panteón de los próceres radicales de la Recoleta, junto Alem, Irigoyen y Alfonsín.

Entre los visitantes ilustres que tuvo Córdoba en 1963, fue la del científico alemán Ernest Von Braun, creador de las bombas que enterraron a Londres durante la segunda guerra mundial y continuó su tarea espacial en Estados Unidos. Visitó las instalaciones de la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba.

Lo mismo ocurrió con la visita del presidente francés Charles De Gaulle, quien con el presidente Illia recorrió las instalaciones del interior de IKA en 1964, junto al gobernador Páez Molina y en un vehículo tipo Jeep descapotado, nos cuenta el pintor José A. Gómez que estaba presente vio a un operario untarse las manos con aceite y le ofrece la mano a De Gaulle, pero en ese instante el jefe de taller le retirara la mano, evitando un mal momento al invitado.

En abril de 1966, llegó a Córdoba Jacqueline Kennedy con sus hijos para pasar unos días de descanso en la estancia San Miguel de Miguel Ángel Cárcano, cerca de la localidad de Ascochinga (Córdoba). Su esposo el presidente de E.E.U.U. John Kennedy había sido asesinado en 1963 en Dallas. Gracias a invitación del canciller argentino Cárcano y el acercamiento de ambas familias, se mantuvo una amistad de medio siglo. En otra oportunidad en 1941 estuvo en Ascochinga John Kennedy, llegando desde Buenos Aires en auto con amigos y aún recuerdan a ese joven rubio de ojos azules que soñaba con ser presidente de los Estados Unidos. Tuvo que pasar una Guerra Mundial y morir asesinado para que volviera a ese lugar su familia. Todo el glamur quedaría en el recuerdo de los visitantes de la estancia junto a la familia Cárcano, los Kennedy y otros allegados del gobierno de Illia que frecuentaron la casa donde se agasajaba ese mes de abril de 1966 a los yanquis. No faltó la buena comida, los paseos de Jackie a caballo y a la luz de la luna unos versos interpretados por el conjunto folclórico de moda Los del Suquía y su éxito “Canción para una Mentira”.

Aún queda en Ascochinga una placa que hizo colocar Cárcano en 1941, hoy en manos de las Hermanas Adoratrices, recordando la visita de John Kennedy en la iglesia del lugar.

 

Comentarios