Perú:Cuando la plaga pase … ¡no volver a la normalidad!

jueves, 16 de abril de 2020 · 23:27

Por Hugo Cabieses Cubas

(ALAI am)

 

La pandemia mundial que sufrimos es solo uno de los tres virus que nos acosan, nos enferman y nos matan. El otro virus es el neoliberalismo que desde hace años también mata gentes, culturas, instituciones y recursos naturales. Este virus lo sufrimos e impulsamos sin dudas ni murmuraciones - salvo las que vienen de abajo y adentro -, desde que Margaret Thatcher y Ronald Regan nos impusieron el “Consenso de Washington” hace 41 años. El tercer virus es el cambio climático, provocado por unos gases basados en la quema de combustibles fósiles, el uso excesivo de carnes de vaca y en la deforestación de bosques, que también mata gente, instituciones, culturas y suelta sus virus hacia los seres humanos.

 

Los tres virus eran y son “la normalidad” a la que quieren volver cuanto antes los representantes de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), la Sociedad Nacional de Minería, Petróleo y Energía (SNMPE), la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP), las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), la Asociación de Bancos del Perú (ASBANC), la Asociación Peruana de Empresas de Seguros (APESEG), la Confederación Nacional de Comerciantes (CONACO) y los grandes empresarios, para quienes el negocio vale más que la vida y sostienen que son los pobres y las clases medias las que tienen que pagar los platos rotos de esta enorme crisis, que ellos han provocado con su insensatez e irresponsabilidad social y ambiental. NO debemos seguir haciendo lo mismo.

 

Pero al parecer el Gobierno del Presidente Martín Vizcarra no está convencido de ello, aunque lo repite machaconamente en sus conferencias de prensa de todos los días: “nuestra estrategia es defender la vida”. Lamentablemente, la realidad es que buena parte de sus últimas medidas económicas y financieras -incluso las sanitarias y sobre todo las de seguridad -, están orientadas a salvar a los ricos a costa de los pobres, arriesgando a los policías y militares para que controlen a los ciudadanos.

 

Algunas de estas medidas son: 1) aceptar la propuesta de la CONFIEP respecto a la suspensión de labores, enviando a los trabajadores a sus casas sin remuneración. 2) Salvar a las empresas para salvar a los trabajadores ofreciendo “ayuda” liberando una parte de su CTS y AFP para que sobrevivan en cuarentena. 3) El Banco Central de Reserva del Perú BCRP - luego de informar que entregará al sistema bancario S/. 30,000 millones -, ha propuesto que el programa REACTIVA de créditos a las empresas con un 100% de garantía, sea manejado por el principal banco del Perú, el BCP del grupo Romero. Y otras más de este estilo …

 

Toda crisis es también una oportunidad, lo que es una verdad de Perogrullo, que los peruanos sabemos desde antes que Don Jorge Basadre escribiera lo siguiente: “Aceptando la carga de glorias y de sombras que el pasado aporta, el Perú, si es que quiere redimirse, ha de erigir frente a la Desorientación, la Planificación; frente a la Prodigalidad, la Cordura; frente a la Amargura, la Previsión; frente a la Negación, la Construcción. Nuestra cultura ha conjugado pues, la gracia y la fuerza, la elegancia y la profundidad, la sonrisa y el apóstrofe, la cortesanía y el éxtasis, el adorno y la norma. Poseemos, aunque sea en estado embrionario o a veces interrumpido, una tradición de país viejo y selecto.”[1]

 

Debemos optar desde ahora por un cambio sustancial en el modelo de consumo superfluo, de producción sin valor agregado y de energías no renovables. Debemos dejar de ser un país de comerciantes, depredadores, consumidores, prestadores de servicios, para retornar a ser lo fuimos hasta los setentas: un país de productores de alimentos, agroindustrial, pesquero para el consumo humano y fabricante de valores de uso, no solo de cambio.

 

Esto supone NO orientar la producción primordialmente hacia la exportación, menos aún ahora en pleno proceso de las 3D (Desglobalización, Desdolarización y Despoblación) en el planeta que señala el comentarista económico Max Kaiser de Rusia Today, sino hacia los mercados internos basados en la producción familiar agro-silvo-pastoril-piscícola, la diversificación productiva, el aprovechamiento de la biodiversidad marítima, costeña, serrana y amazónica, la agro industrialización, la potenciación de la gastronomía - sabores, colores y olores con alianza cocinero-campesina -, la soberanía alimentaria, el aprovechamiento sostenible de los bosques - que son el pulmón, el riñón y origen del agua que consumimos - y la gestión de cuencas hidrográficas, mares, lagunas, ríos y humedales. Es de vida o muerte proteger la región andino-amazónica, declarar la moratoria de la tala de bosques y también de la extracción de minerales metálicos que polutan con metales pesados nuestras fuentes de agua. Debe aprender a reducir la contaminación del aire y procesar los residuos producto de la “civilización del desperdicio” en la que estamos: “aproximada1mente un tercio de los alimentos producidos por el ser humano se pierden o se desperdician en el planeta” [2]. En suma, debemos transitar por las ocho erres que he abordado en otros escritos[3].

 

Don Jorge Basadre nos decía lo siguiente en Este Perú dulce y cruel hace 41 años en el CADE 1979: “¿Qué es el Perú? No sólo es el territorio, ni el Estado, ni la población: es una creación de la historia que surge de la realidad tangible de los siglos en medio de elementos radicalmente heterogéneos; pero no se agota en los factores materiales que la constituyen. El ser esencial del Perú está configurado por la voluntad creadora de aquellos de sus habitantes que pudieron alcanzar un destino inconfundible en un escenario geográfico determinado, a través de olas culturales específicas, dentro de las dramáticas circunstancias de un desenvolvimiento histórico singular, con una conformación racial y social excepcionalmente difícil y bajo la acción catalizadora y directriz de ciertas personalidades representativas...”

 

Debemos aprovechar la profunda crisis pandémica actual con sus tres virus matadores para cambiarle de rumbo al país y al “sentido común” en el que hemos estado. En este cambio, no hay que temerle a la planificación, a los subsidios, al rol NO subsidiario del Estado, al ordenamiento del territorio, a los conocimientos ancestrales de los pueblos indígenas, a aprender a leer el libro de la naturaleza, a respetarnos y a querer ser felices. Lo mencionado supone un nuevo pacto social, un pacto expresado en cambios constitucionales fundamentales, comenzado por el Capítulo económico de la Constitución mafiosa de 1993, Título III Del régimen económico (Artículos 58 al 77) que en el artículo 60 dice: “Sólo autorizado por ley expresa, el Estado puede realizar subsidiariamente actividad empresarial, directa o indirecta, por razón de alto interés público o de manifiesta conveniencia nacional.”

 

Finalmente, en referencia al Corona Virus, William Ospina, escritor colombiano, nos dice con acierto que: “Todo viene a recordarnos que podemos vivir sin aviones, pero no sin oxígeno. Que los que más trabajan por la vida y por el mundo no son los gobiernos, sino los árboles. Que la felicidad es la salud, como quería Schopenhauer. Que, como dijo un latino, la religión no es arrodillarse, rezar y suplicar, sino mirarlo todo con un alma tranquila. Que si los humanos trabajamos día y noche por enrarecer la vida, por intoxicar el aire, por arrinconar al resto de los vivientes, por alterar los ritmos de la naturaleza, por destruir su equilibrio, el mundo tiene un saber más antiguo, un sistema de climas que se complementan, de vientos que arrasan, de catástrofes compensatorias, de silencios forzosos, de quietudes obligatorias, ejércitos invisibles que trazan líneas rojas, neutralizan los daños, controlan los excesos, imponen la moderación y equilibran la tierra. (El Espectador, 14 de marzo 2020).

 

 

Hugo Cabieses Cubas

Economista de la Universidad del Pacífico, ex Viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del MINAM (2011), asesor parlamentario (2016-2017 y 2019), investigador del Instituto para el Desarrollo y la Paz Amazónica IDPA y del Foro Social Pan Amazónico FOSPA. Militante socialista, sin remedio ni clemencia.

 

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