La sartén y el mango...

Por Néstor Pérez (Escritor y periodista)
martes, 21 de abril de 2020 · 18:28

Por Néstor Pérez

(Escritor y periodista)

Ilustración: Autorretrato de Marcia Schvartz "Mi vida es un tango", intervenida ahora (con barbijo)

 

Los hubo en todas las épocas, fabuladores de poca monta, manipuladores de expectativas ajenas, mano de obra barata a favor de los pocos dueños de lo mucho. Famosos asalariados de la coacción, buena verba y mejores pergaminos en la reyerta por la inequidad.

Esos, caracterizados tempranamente por A. Jauretche, “después de alentar a la pelea, solo se ofrecen a tener el saco”…

Intelectuales, periodistas, opinadores, fustigan con el mayor esmero a las víctimas, y asedian desde promontorios ideológicos - negados, naturalmente - al que desafíe principios y postulados que desconocen su paternidad. Al fin y al cabo solo promulgan sentencias ajenas.
Vocería a tiempo completo para inflamar posiciones reaccionarias. Y lo más desconcertante, parece dar resultado…
El pueblo vestido con ropas de sudar firma esas sentencias como si ese ese litigio, al resolverse, derramara sobre sus dolientes mesas familiares los mejores platos, y no esto panes de desdicha.

Hoy, de nuevo, es la renegociación de papeles de la deuda, que los escuchas y lectores de éstos intérpretes del   coloniaje no habrán visto ni verán, el instrumento utilizado para hostigar a un gobierno popular recién puesto a rodar. “Mezquina oferta”, “Bonistas se quejan”, "Hostil propuesta", algunos de los títulos periodísticos utilizados.
No disimulan sus intenciones los alcahuetes, tampoco miden recursos a la hora de desacreditar el esfuerzo oficial en medio de la tragedia social que vive nuestro país. Ni por un minuto vuelven la mirada hacia el pasado reciente, cuando la recreación de todas las dictaduras argentinas - en traje civil esta vez y legitimado electoralmente por mayorìa -, se ocupó de soterrar la esperanza de
salir del inframundo económico con altivez y dignidad. La mitad de los niños argentinos en situación de pobreza ya informa demasiado sobre el colapso económico que dejó Mauricio Macri al dejar Balcarce 50.

Y sobre la herida abierta del brutal endeudamiento que ahogó siempre la autonomía política, este desastre sanitario. Una enfermedad colectiva como parida por presagios mitológicos. Estrago imposible de detener con esquemas de salud pública del siglo XIX en no pocos países. Países desangrados por obligaciones financieras que asedian sus presupuestos y los somete políticamente. Naciones a las que solo les queda la libertad…de obedecer.

El politólogo Matías Rhomer señala que este entramado ideológico sobre el que descansa la idea de negocios públicos sospechosos y negocios privados impolutos ha logrado invertir el orden de los factores; y así lo público, ámbito de interés general, ha quedado asociado a fines particulares, mientras lo privado, ámbito por esencia de intereses individuales, se presenta como el campo de lo neutral y objetivo.
Por impericia de los actores de la comunicación en el campo popular, muy penetrados por la idea de alambrar el discurso propio -, dejamos la tierra bien roturada para que cobrara fuerza esa cosecha de mensajes a favor de los sectores concentrados de la economía, los agroexportadores, bancos, especuladores financieros, que se lucen ante una opinión pública merced a la tarea de estos operadores. Alentados a su vez por las víctimas. Desocupados, sub ocupados, mal pagados. Los que saltan en el aceite donde son freídos, le otorgan relieve a pronunciamientos radicales en favor de los dueños del sartén.

El Gobierno ofreció a sus acreedores una quita de intereses del 62% y una de capital del 5,4% sobre su deuda externa cercana a USD 70.000 millones. Sin actividad económica, la demanda agregada (consumo-inversión-exportaciones) asfixiada, salvo repudiar la deuda - lo cual no entra en los planes del peronismo - ¿qué otra cosa queda por hacer?...España e Italia colapsaron, ¿se puede esperar de nosotros lo que los verdugos locales pretenden?... Opina la vocería organizada que la situación del presidente es harto
compleja, que la economía no puede ni debe quedar a expensas de salvar vidas, las que se salvan con la reclusión, naturalmente...Son las mismas voces que alentaban el rumbo del último experimento neoliberal. Aquel al que
el cronista le dedicara un ensayo, cuya viga argumentativa era la promocionada construcción de futuro edificada sobre un cuerpo social exangüe.

“El capitalismo globalizado no ha sido capaz de asimilar la retracción de la actividad económica que suponen las medidas de prevención y contención del virus, y a través de los mercados financieros ha profundizado el colapso (…) nunca en tan pocos días el precio de las acciones cayó tanto como en la actualidad. El desplome del mercado financiero estadounidense se contagió a nivel internacional y tiene como resultado la salida de capitales de empresas y de países, lo cual agrava los problemas ya generados por el parate económico” En “La economía está desnuda, ¿y ahora qué” el investigador del Conicet Pablo Wahren postula la chance de alcanzar acuerdos, al menos regionales, para empezar a priorizar cuestiones tales como la salud pública, el medio ambiente, el control de un sistema financiero siempre rapaz.

Apuro una conclusión al respecto de las motivaciones que advierto habitan la pluma de los escribas. En efecto, el mundo será otro después de esta contienda sanitaria. Sus estragos empujarán una intervención estatal como hasta hoy no se había visto luego de clausurado la etapa dorada del capitalismo; la inyección de dinero sin respaldo, por ejemplo en Inglaterra, da abrigo a esta conjetura. Siguiendo ciertas bien argumentadas profecías, probablemente se acentúe el rasgo autoritario de administraciones entre la espada de sus urgencias y la pared de medidas sin consenso político, pero avaladas por el miedo colectivo. Es ahí, entonces, en ese territorio donde la agencia pública impondría su carácter, cuando este libre albedrío de los mercados podría encontrarse con el monstruo bíblico, el Leviatán de Hobbes.
Hasta entonces hay que desatar la furia por las ganancias, alimentar las expectativas de quienes especulan con la miseria de los pueblos.

A contrapelo de lo formulado por Don Arturo (Jauretche) sesenta años atrás, los profetas de la ventura privada saben que su discurso permeó en ciertas estamentos populares, permitiendo victorias electorales como la del 2015.

Hoy, cuando las certezas crujen por imperio de lo invisible, la escritura política debe recoger el guante y protestar la idea de someter al pueblo para satisfacer apetitos ajenos. El repliegue sobre límites antes vulnerados por la globalización, nos abre la chance de disputar abiertamente por la iniciativa política y, a decir verdad, considerando las tensiones por venir, no parece poca cosa para comenzar a abrirnos paso.

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