Agarrarse de las palomas de Picasso para que no haya más Guernica en el mundo

domingo, 26 de abril de 2020 · 01:40

(Este texto actualizado, fue escrito en abril de 1987 en Bilbao, Vizcaya.)

 

Es difícil sentarse a contemplar las cabezas de toros bocetadas por el genial Pablo Picasso sin imaginarse lo sangriento que fue ese 26 de abril de 1937, cuando aviones Henikel 11 de la Legión Cóndor de la Aviación Nazi descargaban todo su poderío de crueldad y muerte sobre el pueblo de Guernica, insignia de la libertad vasca, pueblo trabajador y amante de la libertad.

En 1987, al cumplirse el 50º aniversario de esos atroces bombardeos a las comunidades vascas de Guernica y Durango que estaban en sus respectivas plazas vendiendo y comprando los productos bajados de los caseríos de las montañas, un numeroso grupo de intelectuales emitieron un manifiesto negándose a cualquier conmemoración folclórica con respecto a Guernica, y alentaban a convertirlo en una idea dinámica de paz, que no solo se difundiera en los foros internacionales sino que se extendiera a la sociedad vasca a través de los valores de convivencia y tolerancia.

Cabe recordar, durante esos años, Euskadi Ta Askatasuna, (ETA), que era una organización nacionalista vasca independentista, abertzale, socialista y revolucionaria, estaba en armas.

El documento llevaba las firmas, entre otros, de Manuel Tuñón de Lara, Jorge de Oteiza, Agustín Ibarrola, Juan María Bandrés, Rafael Alberti, Francisco Umbral, Joan Joaresti, Imanol Arias, Joaquín Sabina y Luis Eduardo Aute, y expresaba el deseo de convertir a la obra de Picasso y al viejo árbol “en testigos universales para resucitar la idea de la paz en un mundo en el que cada vez quedaban menos palomas blancas y sobraban misiles radioactivos.

El historiador y catedrático de la Universidad vasca, Manuel Tuñón de Lara, destacó la idea de que en ese manifiesto se recogiera el punto de vista de las personas que no pensaban solo en la trascendencia coyuntural, sino que buscaban una perspectiva y horizontes.

Desde ese punto de vista, Tuñón de Lara afirmaba que existen “tres actitudes para acercarse al bombardeo de Guernica: La de la investigación histórica, la de la cólera humana y la del olvido de la ley de Talión.”

Así mismo entendía que solo a través de esta última vía sería posible traducir un proyecto de y con futuro, “tenemos que dejar de lado el revanchismo, y no hacer correr nuevos ríos de sangre y lágrimas. No podemos olvidar que Picasso también nos pintó una paloma a la que deberíamos agarrarnos para que no haya más Guernica en el mundo,” señaló.

El Guernica a Guernica

Pablo Picasso, pintó su genial obra entre mayo y junio de 1937, a pocos días de ocurrir el bombardeo al que alude, el 26 de abril de ese año durante la guerra civil española.

Fue realizado por encargo del director general de Bellas Artes, Josep Renau, a petición del Gobierno de la Segunda República Española para ser expuesto en el pabellón español durante la Exposición Internacional de París en 1937, con el fin de atraer la atención del público hacia la causa republicana.

La obra considerada una de las más importantes del arte del siglo XX, se convirtió en un auténtico «icono del siglo XX», símbolo de los terribles sufrimientos de las guerras.

Es un óleo al que el artista le sumó otros elementos como recortes de diarios sobre la guerra y está sobre un lienzo, de 776,6 cm de largo por 349,3 cm de alto.

En la década de 1940, y debido a la dictadura franquista Picasso dejó su obra en custodio del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Recién en 1981, y en democracia, el Guernica volvió a España.

En 1987 se exponía al público en el Casón del Buen Retiro, al lado del Museo del Prado, en esa época, las autoridades de la alcaldía del pueblo de Guernica, apoyada por las de Vizcaya y de la Autonomía Vasca, reclamaban que el cuadro fuera trasladado a la Villa foral.

El ministro de cultura de la España de Felipe González, Javier Solanas no desalentaba el pedido de los vascos, pero señalaba que exigía un estudio más profundo sobre las posibilidades para concretar ese traslado que nunca llegó.

Por su parte, el alcalde de Guernica, de ese entonces, Juan Luis Zuzaeta se esforzaba para resolver todos los hipotéticos obstáculos que “estaban en estudio”.

Afirmaba “Si el Guernica viene a Guernica, el pueblo cedería lugares acordes y dignos para La obra y su seguridad correría a cargo de la Ertzantzar, (la policía autónoma.)

Lo cierto es que nunca el óleo Guernica de Picasso estuvo en suelo vasco, y desde 1992, se exhibe en el Museo Reina Sofía de Madrid.

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