Entre Adam Smith y el futuro, la plaga

Por Mario Pino. Abogado y Diplomático
lunes, 27 de abril de 2020 · 15:16

Por Mario José Pino

Abogado y Diplomático

 

“La vulgar rapacidad, el espíritu monopolístico de los comerciantes y manufactureros hace que no sean, ni deban ser nunca, los que dirijan a la humanidad”. Adam Smith. La Riqueza de las Naciones.

La derrota de Atenas en la Guerra del Peloponeso y el avance del modelo espartano significaron la alteración del equilibrio helénico. La fiebre tifoidea que asoló a los atenienses y mató a miles de ciudadanos y soldados, entre ellos al estrategas, el Olímpico Pericles, incidió en el curso de la historia. La democracia ateniense que inspiró el pensamiento posterior de occidente sólo sobrevivió, peste mediante al decir de algunos historiadores, hasta poco antes del año 300AdC.

Otra plaga, la “Peste Negra” (circa 1350), originada en Asia y difundida en Europa desde Messina, además de las acusaciones arbitrarias, entre otros contra los judíos e inmigrantes, provocó la disolución del régimen feudal que, pasada la pandemia y en medio de convulsiones sociales incontrolables, diezmada la fuerza laboral en que se basaba y el advenimiento de la burguesía y los  artesanos, no pudo recomponer su poder.

La Fiebre Española (1918), originada en Kansas (EUA) y llevada a Europa por tropas norteamericanas desembarcadas en Francia, provocó, en medio de la 1ª Guerra Mundial, millones de muertos, entre los que se puede destacar al presidente de Brasil, Rodríguez Alves y al primer ministro sudafricano, Louis Botha. Hay quienes afirman que la pertinaz fiebre alta de Woodrow Wilson, debilitó su fortaleza negociadora al fin de la contienda y se privó de mejores logros.

El COVID19 está provocando alteraciones de una profundidad inusitada. La complejidad antropológica, social, política y económica del mundo de hoy día, no tiene comparación con ningún momento previo de la historia de la humanidad. Las comparaciones con el hundimiento de 1930 y la crisis financiera del 2008, sólo tienen valor testimonial. El Coronavirus cambiará el mundo y la economía para siempre. Las fundaciones del sistema crujen y como dijo Francisco “…se cayó el maquillaje de estos estereotipos con que disfrazábamos nuestros egos…”

En todo el mundo el escenario es el mismo y su patencia vivencial y existencial hace innecesaria su descripción. Es elocuente el hecho que quienes hace poco más de un mes se lanzaron a una guerra del petróleo hoy buscan finalizarla pues el virus se encargó de todos por igual, destrozando las previsiones del sistema energético global y hundiendo los valores de las corporaciones del sector.

Los líderes políticos están obligados a validar su representatividad en una lucha ante un enemigo invisible que produce estragos en absolutamente todos los estamentos de las sociedades que les toca gobernar. Las medidas tomadas excepcionalmente en la crisis del 2008 y que repulsan al sistema económico de libre mercado son ahora aplicadas a discreción por los centros del poder neoliberal, con perspectiva de larga duración y, algunas, de permanencia.

La complejidad del mundo moderno en todos y cada uno de sus aspectos individuales y colectivos, pone en evidencia que los inmensos recursos a los que el ser humano accedió son insuficientes.  

La demanda se ha hundido, industrias como la turística, la aeronáutica comercial, la naviera tardarán años, sino generaciones, en recuperarse. Nadie acierta a saber que hábitos puedan haber cambiado para siempre.

 Aparece nuevamente, como fantasma indeseado para el sistema, el pago del salario universal y la estatización de los servicios antes privatizados a los que la ganancia se les hará, por mucho tiempo, imposible. Los estados, en su lucha por la sobrevivencia, su propia sobrevivencia, deben cubrir los quebrantos con emisión descontrolada y la creciente creación de medios alternativos de pago, de distinto valor.

El Foro Económico Mundial de 2019 llamaba la atención sobre la necesidad de cambio imperioso del sistema capitalista; en enero de este año 2020, en Davos –y después de la emergencia de protestas sociales incontrolables por todo el mundo- tuvo críticas indisimuladas a la Escuela de Chicago y a su concepto de la corporación como organismo social que conjuntamente con el sistema financiero se han desconectado completamente de la economía real, reclamando un cambio para la supervivencia del sistema.

El poder reunido en Davos cuando recién despuntaba la pandemia, describía tres opciones: el capitalismo corporativo vigente en occidente, el capitalismo de estado – v.g. China o Rusia- que comenzaba a prevalecer en mercados emergentes o, el que proponía, un capitalismo en el que las corporaciones sean depositarias de la confianza y los intereses de la comunidad. Pareciera que el COVID19, adelantó ulteriores especulaciones y simplificó el camino, aunque no se sabe en qué dirección. Ni siquiera, si en algunas de estas tres propuestas capitalistas, porque los cambios epocales suelen ser imprevisibles.

La admonición del padre de la economía clásica resuena hoy con contundencia.

 

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