¡La globalización ha muerto, larga vida a la mundialización!

Por Francisco José Martínez López. (Huelva, España)
miércoles, 6 de mayo de 2020 · 19:07

Por Francisco José Martínez López
Catedrático de Economía de la Universidad de Huelva 

 

Estamos en un momento crucial para el hombre, y tal vez para la humanidad. Llevamos siglos construyendo un entorno apto, y útil para satisfacer nuestras necesidades, hecho a nuestra imagen y semejanza. Adaptamos nuestro planeta a lo humano como culmen de una evolución que pensamos que se acaba con nosotros, pero que en realidad sigue avanzando por sus propios medios. 
En este mundo que pretende ser feliz, un simple virus ha sido capaz de hacer tambalearse todo nuestro sistema social, político y económico. Construir todo un régimen social amparado en una visión económica consistente en crear y moldear todo lo que tenemos para que nos sea más fácil y cómodo cumplir nuestros deseos, nos ha llevado a un modelo global de humanismo que, de repente, se mira al espejo y observa toda nuestra actividad puede quedar distorsionada por cosas tan aparentemente tan insignificantes como un pequeño virus. 
Esta es una lección que debemos aprender, si queremos ser la cumbre de la evolución y que la humanidad siga siendo la que moldee el mundo en el que vivimos. Debemos ser conscientes de que todo es más frágil de lo que parece. Basta ver los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), de Naciones Unidas, y comprobar que apenas avanzamos adecuadamente en su cumplimiento en casi ninguno de ellos. Ni en los relacionados con la biosfera y el cambio climático, ni en los objetivos sociales y ni en los empresariales, ni en los de carácter político, ni siquiera en el objetivo 17 sobre las alianzas para cumplirlos. 
Y es que tenemos un hándicap que nos impide resolver los grandes problemas de la humanidad, tenemos leyes y medidas nacionales cuando el mundo ya es global y sus asuntos también. ¿Cómo vamos a arreglar un problema que afecta a todo el mundo si cada uno hace lo que quiera en su país? Imposible, ya no avanzamos a nivel mundial, darnos pasos hacían delante en unos lugares y hacia atrás en otros, según los temas y los territorios. Hacen falta leyes mundiales, gobiernos que tengan impacto sobre amplias regiones del mundo y sobre todo él. La soberanía nacional que tanto ha servido en los siglos pasados ahora es el gran impedimento para solucionar nuestros problemas. 
Por eso hablarnos académicamente de dos conceptos que parecen casi sinónimos y en realidad son antagónicos. Globalización y mundialización. 
Llamamos globalización a este momento en el que vivimos ahora, en el que no somos capaces de solucionar los grandes problemas de la humanidad, que son globales, pero solo tenemos leyes nacionales. Es un momento relativamente malo, pues si a alguna institución o empresa le vienen mal unas leyes se va a otro país y hace lo que desea. Ahora se pueden prohibir cosas en un lugar y dejar que se hagan en otras, creando sistemas contaminantes en lo económico y social, incluso en lo moral. 
Mundialización no es lo mismo que globalización, pues se trata del momento en el que abordemos los problemas mundiales con leyes que afecten a todos los territorios, sin soberanías nacionales ni severas fronteras jurídicas. Al proceso de pasar de la globalización actual a la mundialización le llamamos 2° Revolución Francesa, por tener una importancia parecida a la de la Revolución Francesa de finales del siglo XVIII cuando se pasó del antiguo régimen a la Era Nacional-Industrial. Los que nos dedicamos a investigar sobre este tema pensamos que aún quedan varias décadas para tener gobiernos y leyes mundiales que se impongan a las nacionales y nos lleven a la a la que ya denominamos era Mundial-Informacional. 
Y en este proceso llega el pequeño COVID-19, y muestra, la debilidad de un sistema que creemos muy sólido, pero que no cuenta con normas globales, y el virus nos gana la batalla, tal vez no la guerra, pero si una escaramuza que nos muestra lo inoperante que son las leyes nacionales para problemas globales, sobre todo hoy día ya que todas nuestras incertidumbres son de todo el mundo. 
Como dice la teoría del "efecto mariposa", un insecto mueve sus alas en China y hay una tormenta en América, en el caso actual, un simple murciélago muerde a otro animal y muta un virus que llega al hombre y hace tambalearse a casi todas las instituciones mundiales. De esta lección tenernos mucho que aprender, pues ahora solo gritarnos "que viene el lobo", pero este no es el peligroso, ni siquiera es un gran can, el verdadero lobo vendrá de forma más destructiva y entonces ya tal vez creamos que podemos solucionarlo fácilmente cada uno con sus leyes nacionales. Necesitamos la mundialización y alejarnos de la globalización. 
Hemos de crear escenarios futuros para ir construyendo en unos años un nuevo modelo de organizarnos política y socialmente. Quizás los próximos años son de sustentar los daños producidos por el parón de la actividad por el coronavirus, pero a partir de entonces, hemos de empezar a diseñar y construir la mundialización, pues la globalización no nos ha permitido solucionar los problemas. 
Debernos empezar a diseñar sistemas de decisión supranacionales, en los que los intereses mundiales estén por encima de los nacionales. Esto significa no contar sólo con la opinión de los gobiernos nacionales, sino también de las personas, de forma directa, incluso con la mundialización democrática, con sus propios votos. 
Resulta curioso que un pequeño virus sea el catalizador que acelere este proceso, que muy lentamente los futuristas veníamos escenificando, pero que ahora puede avanzar mucho más rápido. La hoja de ruta está clara, tal vez los organismos supranacionales actuales deberían ir avanzando en este terreno. Las Naciones Unidas deberían establecer ya un plan para ir diseñando y creando este tipo de instituciones y su forma de hacerlas democráticas desde las personas. Ahora es el momento, pero ¿Quién le pondrá le cascabel al gato? 
 

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