La crisis latinoamericana, con ojos de mujer

Por María Teresa Messidoro
sábado, 13 de junio de 2020 · 19:39

Por María Teresa Messidoro

(ALAI am)

 

En la universidad, el profesor de laboratorio de Física nos decía siempre, que, dada la incertidumbre de cada una de las mediciones, es posible que: “entre dos puntos suficientemente anchos pase una infinidad de líneas rectas”.

 

De esta manera, entonces, ponía en dudas uno de los postulados de Euclides que dice que: "entre dos puntos cualquiera es posible trazar una sola línea recta”.

 

Pero no quiero entrar en una discusión filosófica, sobre la superación de la geometría euclidiana, que sería un buen tema de discusión, ahora que tenemos más tiempo para meditar.

 

En cambio, la reflexión de mi sabio profesor viene a mi mente cada vez que analizo datos, tratando de leerlos en el modo más correcto posible, sin estirarlos demasiado.

 

Para este artículo, utilicé principalmente el Informe Especial COVID-19:, "América Latina y el Caribe ante la pandemia de COVID-19, de CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe 1, (en inglés ECLAC, pero siempre prefiero la redacción en español por afinidad, no solo lingüística), documento de fecha 3 de abril de 2020; en segundo lugar, encontré en el sitio de la Organización española Fundación Carolina, la contribución de Rosa Cañete Alonso “Las desigualdades de género en el centro de la solución a la pandemia de la COVID-19 y sus crisis en América Latina” 2 , del 20 abril 2020.

 

Los efectos en la región latinoamericana de la pandemia de COVID-19 no son alentadores. Según la CEPAL los impactos económicos serán: la disminución de las actividades económica de parte de sus socios tradicionales o comerciales, la caída de los precios de los productos primarios, la interrupción de las cadenas mundiales de distribución y producción, especialmente en el sector manufacturero de México y Brasil, dependientes de China, Estados Unidos y la Unión Europea y; finalmente, la menor demanda de servicios en la zona turística

 

Desde una perspectiva de comercio internacional, se estima que el valor de las exportaciones de la región latinoamericana caerá al menos un 10,7% en 2020, con un pico de - 16% para la exportaciones de petróleo, cuyo precio caerá en un 14.1%. La exportación de bienes, en particular productos agrícolas de Argentina y Brasil, minerales de Chile y Perú, directos principalmente a China, experimentarán una caída de - 21.7%.

 

Las mujeres latinoamericanas, a pesar de tener una educación formal mejor que los hombres ,normalmente ocupan los trabajos más precarios, a menudo por debajo de los sus habilidades y competencias; se estima que el 52% de las mujeres se ubican en aquellos sectores laborales que han estado y seguirán siendo afectados por un tiempo por el cierre de las actividades productivas. Un sector en particular en crisis parece ser el de las trabajadoras domésticas, que representan el 11% del empleo femenino en el área latinoamericana; según los datos de la OIT, el 75% de las personas que realizan tareas domésticas no tienen contratos y viven en la precariedad e informalidad: son y por lo tanto serán las primeras en tener que quedarse en casa.

 

También debe recordarse que el 29% de las mujeres mayores de 15 años aún no tienen una independencia económica; este elemento, combinado con el aumento de la pobreza, incrementa la probabilidad de un aumento de la violencia, ya preocupante también, dado que los datos oficiales hablan de 3,250 feminicidios solo en 2018. Por lo tanto, el eslogan: "Quédate en casa" puede convertirse en una pesadilla para muchas jóvenes y mujeres.

 

Un elemento sobre el cual conviene reflexionar es el acceso y uso de internet. Aunque si casi el 70% de los habitantes de la región latinoamericana utilizaron internet en 2019, el aumento del uso de las tecnologías puede, sin embargo, exacerbar las desigualdades; por ejemplo, si en 2017 más del 80% de la población de Chile, Brasil, Costa Rica y Uruguay, estaba conectada a internet, esta cifra, en el mismo período, se reducía al 30% en Guatemala, Honduras, Haití y Nicaragua.

 

Desde el punto de vista social; incluso, antes del COVID-19, América Latina estaba pasando por un momento no fácil: de una población total de casi 700 millones de personas, 186 millones viven en pobreza, casi un tercio, con un aumento de 3 millones de personas en comparación con el año el anterior; prediciendo para el 2020 una disminución del ingreso de un 5% de la población económicamente activa; así mismo, las personas en pobreza aumentarían en 23 mil unidades, incrementando en tres puntos el porcentaje correspondiente respecto al total de la población. Del mismo modo, por supuesto, las personas en extrema pobreza se incrementarán de 67 millones a 82 millones, es decir, del 11% al 13,3% del total.

 

Usando una perspectiva de género, la pobreza femenina ha aumentado en los últimos años, pasando de una proporción de 105 mujeres pobres por cada 100 hombres pobres en 2002 a 113 por cada 100 en 2018. En el campo de la pobreza extrema, el índice pasó de 105 de cada 100 a 117 por cada 100. Esto significa que, más allá de las declaraciones oficiales, las políticas para una verdadera igualdad de género no han tenido los efectos esperados.

 

En el campo de la salud, cabe recordar que la mayoría de los países latinoamericanos tienen sistemas de salud débiles y fragmentados, ya puesto bajo presión durante la epidemia del dengue, porque, en 2018, más de 3 millones de personas enfermaron y casi 1600 personas lamentablemente fallecieron. El 31 de marzo pasado, en Santo Domingo, capital de la República Dominicana, murió en ambulancia un paciente, afectado por el coronavirus, después de que se le negó el acceso a una clínica privada: un episodio, una historia pequeña pero significativa de la situación generalizada.

 

También se sabe que solo Barbados, Cuba, República Dominicana y Argentina tienen una cantidad digna de número de camas de hospital por cada 1,000 habitantes; la nota preocupante en este ranking, corresponde a Guatemala, Haití, Honduras y Nicaragua, que ni siquiera llegan a 1 cama por cada 1,000 habitantes.

 

Si los sistemas de salud europeos se han derrumbado (ante la epidemia del covid 19), la situación en América Latina solo puede ser peor y no solo en términos de atención médica a los pacientes, sino también en la protección del personal médico sanitario. El 73% del personal médico de la región está compuesto por mujeres, que están por tanto en primera línea en la batalla contra COVID-19; además, de tener un salario, en promedio, un 25% más bajo que el correspondiente de los hombres.

 

La necesidad de remodelar la atención médica causa COVID, no significa que se deba dejar de considerar la salud sexual y reproductiva: las estimaciones dicen que una reducción de un 10% en la atención médica inherente a los embarazos y el cuidado de los recién nacidos, podría causar un aumento de al menos 28 mil muertes maternas y 168 mil muertes en los no nacido.

 

En cuanto al contexto educativo, a partir del 20 de marzo de 2020, prácticamente todos los estados latinoamericanos han suspendido lecciones en diferentes instituciones educativas, desde jardines de infancia hasta en la Universidad; solo en Brasil ha habido cierres diferenciados y no homogéneos, y se han visto las consecuencias. Es importante recordar que, además de las dificultades obvias de la gestión de la educación a distancia, la suspensión de lecciones también tuvo un impacto en la nutrición de los niños más pequeños, dado que al menos 85 millones de escolares latinoamericanos reciben un desayuno o merienda en la escuela, lo cual es esencial para su crecimiento, sobre todo en situaciones de pobreza o pobreza extrema. La CEPAL ha calculado que alrededor de 154 millones de niñas y niños fueron obligados a quedarse en casa por COVID-19, recayendo en gran medida sobre las mujeres. Las investigaciones dicen que las mujeres latinoamericanas pasan entre 22 y 42 horas semanalmente en tareas domésticas y cuidado de niños, tres veces más que los hombres; en Guatemala, por ejemplo, las mujeres cubren el 86% de la atención infantil, en Ecuador y Honduras el 79%.

 

El eslogan "Lávate las manos", muy importante en todas partes, pero no es una medida practicable para el 21% de la población latinoamericana, especialmente aquella urbana que vive en los barrios periféricos, en alojamientos informales y hogares inadecuados; el 13% de las casas no tienen acceso al agua potable, un porcentaje que se eleva al 25% en las zonas rurales; si bien, según CEPAL, las mujeres que viven en casas sin disponibilidad de agua potable, se dedican al trabajo doméstico y al cuidado de niños entre 5 y 12 horas más por semana de las mujeres, que afortunadamente sí disponen de agua potable.

 

Al reflexionar sobre estos datos, uno puede desanimarse, pensar que no hay solución, que la desigualdad de género se convertirá en un factor agravante más de lo que provocó la crisis de COVID- 19.

 

Pero, como escribe Rosa Cañete, "la pandemia ha puesto sobre la mesa la urgente necesidad de dar prioridad al sector público y político, porque el sector privado, el mercado y el individualismo no son ni soluciones justas ni eficientes para enfrentar esta crisis. Los principios de la economía feminista deben asumir una importancia fundamental para encontrar las respuestas ... respuestas colectivas que identifiquen nuevas estrategias ... Por lo tanto, será necesario hacer una transformación que mejore y redistribuya las tareas domésticas, así como el cuidado de los más débiles, por ejemplo, para que cuando la pandemia termine , no se vuelva a una normalidad desigual como la que vivimos ahora, sino para aventurarnos hacia una sociedad más justa y feliz”.

 

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