¿Qué es ser sorora?

domingo, 28 de junio de 2020 · 18:09

Por Ivel Urbina Medina

(ALAI am)

 

Los distintos movimientos feministas han asumido dentro de su militancia, como compromiso político, posicionar y masificar dentro del imaginario común de muchas de nuestras sociedades la palabra sororidad, como un modo de reforzar la lucha contra el machismo, apostando a una mejor forma de relacionarnos desde el amor. En este sentido, sororidad es definida como:

 

La hermandad entre mujeres que se da a través de un pacto político/feminista en el que cada mujer le reconoce a todas las otras su autoridad y todas nos reconocemos como interlocutoras y como igualmente diferentes. Está basado en el principio de la equivalencia humana que incluye el principio de reciprocidad de las diferencias humanas.

 

El reconocimiento de la idéntica valía y recíproca diferencia implica no sólo estar dispuestas a compartir conocimientos, recursos, tareas, acciones, etc. sino también estar dispuestas a reconocer nuestras respectivas experticias, habilidades, éxitos, etc. [1]

 

Si bien para muchas personas esta categoría tiene sentido dentro de sus realidades e intentan que así sea; o por lo menos, la han escuchado alguna vez en su cotidianidad, por las redes, o por algún medio; lo que muchas y muchos no saben es que este término no existía sino hasta hace poco, además, tampoco había un interés de socializar su uso. No fue sino hasta diciembre del 2018, que la Real Academia Española la incluyó oficialmente en el diccionario [2].

 

La categoría de sonoridad surge justamente por la necesidad de intervenir el lenguaje desde una perspectiva de género; entiendo la premisa fundamental de que la lengua construye nuestra realidad y cambiar la lengua consecuentemente cambias nuestra cosmología [3].

 

La fraternidad (palabra latina que proviene de “frater”, cuyo significado es hermano) es un término que está construido para referirse a la relación de hermandad, apoyo, camaradería, compañerismo únicamente entre varones. Es decir, desde su concepción nunca se pensó en una equivalencia entre mujeres, por eso esa necesidad de crear y fomentar la sororidad.

 

Se ha diagnosticado que una de las dificultades o barreras que se presentan a las mujeres para su empoderamiento, para participar en espacios políticos, económicos o de otras índoles, ha sido justamente por la insolidaridad y rivalidad femenina, es decir, “no existe un apoyo de las propias mujeres para facilitar que otras mujeres puedan desarrollar su carrera…” puesto que

 

“El sistema patriarcal ha promovido una socialización en la enemistad histórica entre mujeres, evitando que se autoreconozcan, se autonombren y se autoconvoquen, sin reconocer toda esa sabiduría plural de las mujeres” [4]

 

Ahora bien, aunque cada vez es más común la utilización de la palabra sororidad, eso no implica necesariamente que las mujeres hayan entendido y mucho menos internalizado su significado, importancia y pertinencia en la sociedad actual.

 

Es por este motivo que escribo este artículo para exponer un poco —desde mi experiencia— lo que implica la sororidad y como eso se transfigura en la cotidianidad.

 

Ser sorora es no envidiar a la otra

 

Ni por sus logros, físico, inteligencia, familia, etc. Sino sentirse contenta puesto que ha podido progresar en una sociedad tan machista cómo está. Y, sobre todo, no nos alegremos por el sufrimiento o la mala suerte de una de nosotras.

 

Recordemos que, con frecuencia, las telenovelas, películas, muchas abuelas nos enseñan a envidiar a las demás mujeres, criticarlas, etc. por lo que se han normalizado estas prácticas en nosotras.

 

Ser sorora es no competir entre nosotras

 

Bajo los valores de la Modernidad Occidental se pregona frecuentemente, la rivalidad entre los sujetos(as) lo que conlleva al individualismo estructural. Esto ha ocasionado no sólo la competencia en todo ámbito, sino que entre mujeres tiene sus expresiones específicas.

 

Este consejo está fuertemente vinculado con el anterior, no podemos dejar que la envidia, las malas lenguas y las dinámicas tan tóxicas en la que vivimos actualmente, nos generen situaciones de confrontación entre nosotras mismas, debemos ser capaces de discernir y cambiar los malos hábitos que históricamente nos han enseñado.

 

Ser sorora significa no hablar mal en público de la otra

 

Otra práctica que suelen hacer muchas mujeres es hablar mal o denigrar a las demás en público.

 

Cosas como: esa mujer es una perra, roba maridos, puta, etc. son expresiones o referencias que no deberíamos usar entre nosotras, y si oímos a otras personas hablar así, estamos en el deber de defenderla, así estemos de acuerdo o no (aunque no deberíamos); lo que hagan otras mujeres con sus vidas no son motivos de chismorreos ni burlas.

 

Y aunque, la persona en cuestión no nos agrade o hasta la odiemos, evitemos fomentar estas prácticas, si no la vamos a defender, por lo menos paremos la discusión o simplemente cambiemos de tema.

 

Ser sorora implica apoyarnos unas a otras

 

Desde cosas tan mínimas cómo darle el puesto a una mujer embarazada o con un bebé en el bus, o escuchar a una amiga que necesite desahogarse sin ser juzgada, o apoyarnos dentro de nuestras posibilidades en situaciones que lo ameriten.

 

Ser sorora implica no fomentar el machismo en ningún espacio

 

Este es muy difícil porque al igual que cualquier persona ser mujer no nos exime de ser machistas, y en muchas ocasiones reproducimos actitudes y opiniones machistas en contra de nosotras mismas.

 

Debemos hacernos conscientes de nuestras acciones y nuestras opiniones, y más si es en una situación que puede perjudicar a alguna mujer.

 

Juntas somos más Fuertes

 

La historia nos ha demostrado que todas batallas que hemos Ganado, los espacios que nos hemos apropiado, los derechos que hemos obtenido han sido porque nos hemos unido, por habernos organizado entre nosotras por un fin común, que al fin de cuenta sólo nos beneficia a nosotras. Entonces, si juntas somos más fuertes y capaces porque nos vamos a desarticular. “Divide y vencerás” dicen por ahí…

 

Con esto no quiero decir que no vamos a considerar o discernir cuando haya mujeres viles —porque si las hay— o cuando alguna de nosotras cometemos un error que hay que trabajar, corregir o penalizar. No debemos caer en eso, yo estoy en contra de la idea de la victimización de nosotras, como si no pudiésemos hacer nada malo nunca. También hay que poner los pies sobre la tierra.

 

En fin, lo que propongo aquí, va más allá de los pequeños actos. Es internalizar y sentir de verdad la sororidad y que no sea simplemente un juego de palabras o una bandera política sin sentido. Es una forma de ser...

 

Notas:

[1] Asociación por lo justo (2012). Diccionario de la transgresión Feminista (Vol. II)

[2] La RAE incluye sororidad en el diccionario

[3] si quieren profundizar más sobre esta premisa, las lecturas básicas son la teoría de Sapir-Whorf y sobre los giros lingüísticos de Wittgenstein.

[4] Carol Ruiz Tena. 2019. Las mujeres en su intersección. Asuntos del Sur. (42-43)

Ivel Urbina Medina, antropóloga, investigadora en el Museo Antropológico “Francisco Tamayo Yépez”. Venezuela

 

 

 

 

 

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