En Córdoba,  Lo Celso y Jaime Roca fueron los precursores de vanguardias

Semblanza del arquitecto Ángel T. Lo Celso

El arquitecto Juan Eduardo Lo Celso, hijo del maestro de las tendencias modernas, Art Déco y Art Nouveau, del siglo pasado, trazó una semblanza sobre su padre tras el homenaje que se le rindiera en Villa Carlos Paz.
sábado, 16 de enero de 2021 · 14:41

Por Juan Eduardo Lo Celso

(Arquitecto, autor de varias publicaciones)

Especial para El Diario de Carlos Paz

 

A raíz del reciente homenaje al arquitecto Ángel T. Lo Celso que tuvo lugar en Carlos Paz -al cual no pude asistir-, el director del diario de esa localidad, Pedro Solans, me solicitó una colaboración, que agradezco y acepto con mucho gusto.

Mi nombre es Juan Eduardo Lo Celso, y soy hijo del mencionado  con anterioridad. De la UNC egresé como  arquitecto y del  IPL, Instituto de Planeamiento de Lima, con asesoramiento académico de Universidad de Yale,  egresé como Master en Planeamiento. Me he dedicado a la arquitectura social y al urbanismo, a la docencia universitaria, hice varias publicaciones, me desempeñé en la función pública y colaboro con  diversas revistas y otros medios locales y nacionales.

Estoy casado con Alicia María Saravia con quien hemos formado  una familia y tenemos dos hijos, Raquel Carolina y Alejandro.

Mi padre nació con el siglo XX. Siendo muy joven se recibió de Ingeniero Civil en la  Facultad de Ingenieria de la UNC  y luego de  Arquitecto en la entonces  Escuela de  Arquitectura de  esa Facultad. Posteriormente fundó la  actual   Facultad homónima y la  Escuela de Bellas Artes .

Sin que lo bancara ninguna fortuna de familia, instaló en Córdoba su estudio profesional y empezó a trabajar   modestamente y a pulmón. Su formación  en las aulas estuvo fuertemente influenciada por la Ecole de Beaux Arts de París. Paralelamente fué profesor universitario y su experiencia académica le permitió interiorizarse tempranamente de las tendencias arquitectónicas dominantes de comienzos de siglo.

En  aquellos años se  había producido en Europa una ruptura entre la influencia  clásica de la  mencionada École y la irrupción universal de las primeras corrientes de la arquitectura  moderna. Entre otras el Art Déco y el Art Nouveau llegaron a la Argentina y fueron asimiladas por los arquitectos y artistas locales.

En Córdoba,  mi padre y el arquitecto Jaime Roca, fueron  principalmente los precursores en la introducción  de aquellas vanguardias. El desempeño de papá se extendió a través del tiempo a Rosario, Santa  Fe y a escala nacional.

Mi padre poseía una cultivada sensibilidad, que le permitió articular las nuevas tendencias con las necesidades sociales y con sus propios enfoques. Así mismo, unía a su aguda percepción del espacio un manejo fluido de la psicología de sus clientes, y una apertura mental,  mediante la cual exploraba diversas alternativas proyectuales  en cada caso particular.

Era un arquitecto con múltiples recursos de diseño  que, unidos a  una estricta dirección de obra, dieron por resultado una alta calidad de los espacios.

Fué un admirador de Vitruvio y de sus preceptos :" el edificio tiene que ser sólido (firmitas), bello (venustas) y útil ( utilitas)", a los cuales hemos incorporado recientemente la relación con el medio ambiente y con la tecnología . Al mismo tiempo, admiraba también-entre otros-a Leonardo Da Vinci, genio del Renacimiento. De allí proviene su fuerte vínculo con esta etapa histórica de la arquitectura, las artes plásticas y la ingeniería  universales.

Papá ha sido un alma clásica. Siempre acotaba: "hay que beber en las fuentes primarias", que él supo asimilar en los movimientos, incursionar en diferentes enfoques  y adaptarlos a nuestras identidades. Amó profundamente la Antigüedad, el Renacimiento y la  música clásica. Era profesor de violín, egresado del Conservatorio  Santa Cecilia y durante varios años  se dedicó  la docencia.

Hacia el otoño de su existencia, se "aggiornó" y sus obras fueron evolucionando  hacia la arquitectura contemporánea: ciertos atributos expresivos fueron cambiando en la organización del espacio : la forma arquitectónica se expresó entonces a través de la función, la tecnología y  la relación  con el medio ambiente.

Construyó  edificios para diferentes usos, por ejemplo: en Córdoba, la confitería bailable Art Déco-todavia en pie- en Sucre y Humberto Primo,  la sede de Feigin  Automotores, hoy  una sucursal bancaria, estaciones de servicio, hoteles - el Palace, en Villa María- departamentos y cocheras  Stabio, numerosas casas  de familia. Muchos barrios cordobeses como Alberdi, Alta Córdoba , Cofico, el hotel Castelar frente a la estación del ferrocarril, vieron florecer sus obras. En Nueva Córdoba,  el Sanatorio Allende, Pórtico y Pabellón de las Industrias en el Parque Sarmiento, casas particulares, casonas con acento normando, restaurantes, etc. En el Cerro de las Rosas, numerosas viviendas  en "estilo californiano", una especie de "revival" de  la  arquitectura colonial argentina,  a cuyo conocimiento tanto aportó su gran amigo y colega Juan Kronfuss.

En Villa Allende proyectó-entre otras- la quinta "La Lomita", una casona de veraneo de nuestra familia, con ciertas reminiscencias del neorrenacimiento italiano. En Carlos Paz, su obra más importante fue el hotel Carena-hoy sede de la Municipalidad- Siendo yo adolescente, lo acompañé a la techada, una celebración con mucha camaradería entre obreros, directivos del hotel y personal técnico, con una generosa parrillada, abundantemente regada con gaseosas y vinos. En la Córdoba de antaño, así se manejaban entonces  las obras. En la misma ciudad,  diseñó numerosas casas de veraneo, hosterías, etc.¡ Como olvidarme de la conocida hosteria El Faro!, en Villa del Lago, emplazada en una loma con una vista espectacular del espejo de agua. El "Marqués Arias", asiduo concurrente a la misma, ingresaba siempre muy elegante con sus skyes al hombro y acompañado  con un grupo de amigos y hermosas chicas.

Con mi familia, hemos veraneado frecuentemente en Carlos Paz. Tenemos un vínculo particular con su gente y el paisaje y un recuerdo  muy afectuoso.

En aquellos años,  la construcción era muy artesanal, con maestros albañiles, yesistas , orfebres, ebanistas y grandes paisajistas, entre  otros, como el arquitecto Thays. El estudio de papá era chico, pero muy organizado y con pocos ayudantes. El acometía el desarrollo completo del proyecto  personalmente. En el estudio se hacía todo, incluso las maquetas. Era la época de los "pioneros". Se dibujaba a mano y  se graficaba con lápiz y tinta china 4001. El buen manejo del dibujo y de la perspectiva, con su  cultivada imaginación creadora, le facilitaron  desarrollar con mayor solvencia sus proyectos.

Como profesor, mi padre era amable , cordial y exigente, según atestiguan sus numerosos exalumnos. En su formación, nutrida con el ejercicio profesional, la docencia, conferencias, congresos, viajes a Europa y América y varias publicaciones-como Euritmia Arquitectónica, Filosofía de la Arquitectura, y su obra póstuma, Cincuenta años de las artes plásticas en Córdoba, papá ha escrito una página de oro en la historia de l a arquitectura y de la cultura en Argentina.

Sus aportes significaron profundas transformaciones en la vida  de sus clientes y de la  sociedad y la formación de varias generaciones de estudiantes,  y además una  mejor interpretación y disfrute de la pintura, el grabado, y la escultura de nuestros artistas plásticos.

Y finalmente. el mensaje profundo  a las futuras generaciones, que será perdurable como el amor, el cual es "perenne como la hierba" afirma el poeta, y estará siempre presente en el horizonte de  sus expectativas: en la vida, con apertura mental, audacia y una férrea voluntad, es posible conseguir lo que nos proponemos.

Conjuntamente con mi madre, Fedora Fleurent, formaron un hogar enraizado en los valores cristianos. De sus varios hijos, solamente vivimos mi  hermana  Susana  y quien escribe. Por el ejemplo de su vida, y lo que ha significado para todos sus descendientes y la comunidad, queremos reiterarle aquí nuestro más profundo amor, respeto y admiración.

 

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