Otra vez el fuego

Por Aldo Parfeniuk
domingo, 10 de octubre de 2021 · 09:55

Ha regresado el fuego a Córdoba, y este año les ha tocado padecerlo sobre todo a los bosques y montes legendarios del norte cordobés; poniendo, inclusive, en serio riesgo a la reserva natural y arqueológica del Cerro Colorado. Ha vuelto el fuego, devastando, consumiendo flora, fauna, viviendas y hasta la propia vida de los vecinos.

Se trata del fuego del cual nos habla nuestro poeta Leopoldo Teuco Castilla:

Por los pajonales

anda suelto el fuego.

Malmatando. Hambriento.

No se sabe la laya de ese animal.

No se le conoce hembra. Y tiene crías.

No se le conoce el pasado. Sí el rencor.

Dice que todo es de él o que él es todo.

Se cree un dios porque ilumina muriendo.

Por eso arrasa montes, casas, las cosechas.

Y el bicherío.

No hay modo de atraparlo. Cuando lo cercan

ya se ha hecho humo.

Ya va a caer. Lo estamos esperando.

Con todo el odio

ardiendo.

(El fuego, en Coirón (2011) )

Y con los grandes incendios ha regresado, también, lo que hace un año nos movió, a un puñado de poetas, comandados por Castilla, a comprometer nuestra palabra y nuestra poca o mucha representatividad para tratar de remediar y visibilizar este inmenso problema de nuestra época que no permite mirar hacerse el distraído ni para otro lado.

Por eso desde Carlos Paz, que está renaciendo desde unas cenizas culturales que muchos creían definitivamente apagadas, comenzamos promoviendo en todo el país y en países vecinos Bosques de poesía que, mirando al futuro, puedan seguir ayudando a nuestros hijos y nietos a seguir respirando aire limpio y avizorando horizontes esperanzados.

Y ya van más de un centenar de espacios de resembramiento de especies nativas, que no solamente funcionan como anticuerpos ambientales, sino como verdaderos pulmones culturales: para oxigenar y cultivar mentes y espíritus, y recordar que el poeta es quien mejor entiende y actúa sobre esto, ya que es el primer ecólogo del lenguaje; el que –y el poema de Castilla es un buen ejemplo- se dedica a optimizar los recursos verbales, el rigor y la creatividad del idioma, cuidando de no dejar desperdicios, palabras de más que no dicen nada. Porque a la basura verbal la fabrican los malos políticos y los sofistas que proliferan cada vez más: produciendo fake news, posverdades, publicidades mentirosas o iglesias y dioses que se alimentan de dinero. Sin escrúpulos para arruinar palabras y lenguas enteras, como tantos aventureros que de un día para el otro destruyen lenguajes que llevaron siglos de trabajo idiomático.

Esto es lo que muchas veces no se entiende cuando se oye hablar de Bosques de poesía: no es por escribir poemas sobre la naturaleza lo que fundamenta la estrecha relación, comprometiendo al poeta a cantarle al paisaje, a sus ríos, montañas, y floresta. Lo sustancial es también otra cosa: no olvidar que la poesía es, en el orden del lenguaje, lo mismo que la naturaleza; no solamente porque no produce desperdicios sino porque hace nacer “cosas” vivas, necesarias: ejemplares animados por sus propias leyes, que ensanchan la vida y enriquecen el mundo.

Por eso los Bosques de poesía, que ya están cumpliendo un año de vida, desparramándose por todo el país y el continente, y que próximamente celebraremos aquí, en la ciudad que los vio nacer.

A.P.

Comentarios