Los Carlos V de España

Por Aldo Solé Obaldía (Escritor, historiador y periodista) Especial desde Uruguay.
domingo, 19 de diciembre de 2021 · 00:02

Por Aldo Solé Obaldía
(Escritor, historiador y periodista)
Especial desde Uruguay. 

                    

Podría ser una pregunta maliciosa para incomodar a un estudiante en un examen, propia de un fastidioso profesor de Historia, de esos que al menos uno quiere creer que ya no abundan. ¿Cuántos Carlos V hubo en España?

Aunque, a decir verdad, para que a un colega se le ocurriera esta pregunta, tendría que saber bien esta historia. Y eso no es poca cosa. 

La respuesta parecería lógica: ¡Uno solo! ¿Cuántos más podrían ser? ¿Y quién más que él?

Pues, para comenzar a complicar las cosas, habría que recordar que si lo primero que se les vino a la mente (como es lógico pensar) fue el hijo de Felipe El Hermoso y Juana La Loca, la respuesta no sería la correcta.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que Carlos de Habsburgo no reinó en España con esa numeración. Efectivamente, fue emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V de 1520 a 1558, pero, en la España que se venía unificando desde sus abuelos, los Reyes Católicos, no había existido ningún Carlos y difícil de que hubiera habido tiempo para cuatro antes que él, de manera que, ahí reinó como Carlos I, ya que España era un reino aparte.

Carlos I de España o Carlos V, emperador alemán, fue efectivamente, el hombre más poderoso de Europa y solo se lo podría comparar con Napoleón, que vino algunos siglos después.

Porque, además, al heredar lo que hoy entendemos por España, heredó con la corona de Castilla, sus dominios en Navarra y las Indias Occidentales, y la corona de Aragón que comprendía los reinos de Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Valencia, Mallorca y Aragón, y el Condado de Barcelona. A lo que hay que sumar, los recientes dominios de América (Indias Occidentales), enormemente ricos y en permanente expansión.

Pero, descartemos a este Carlos, porque, como dijimos, en España fue Carlos I, aunque aparezca este Carlos con esa errónea denominación hasta en su línea propia de Nestlé como Chocolates Carlos V.[1]

Esta confusión debió ser muy propia en los propios tiempos del emperador, ya que sus ejércitos y expediciones (incluso en América) se componían, entre otros, de soldados españoles que lo llamaban Carlos I y soldados alemanes que lo llamaban Carlos V. 

Solo digamos algo más de él. Dos años antes de morir renunció a su corona, legando la mayoría de sus dominios a su hijo Felipe II. Mandó construir una casa palaciega junto al monasterio de San Jerónimo de Yuste (provincia de Cáceres) y ahí falleció en setiembre de 1558.

En 1573, su hijo, el rey Felipe II dispuso el traslado de los restos del extinto emperador y de la infanta  Leonor de Austria (hermana de Carlos), reina de Portugal, al Monasterio de El Escorial, tarea que fue realizada por el IV conde de Oropesa, Juan Álvarez de Toledo y de Monroy. El ataúd de Carlos se encuentra en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial, conocida como el Panteón de los Reyes.

Pero, ¿por qué seguir hablando de este Carlos si dijimos que lo descartábamos? ¿Y a qué vienen estas precisiones necrológicas?

Porque hay un dato curioso que nos agrega intriga.

En la Catedral de Trieste hay una tumba con un misterioso epitafio: 

Carolus V. Hispaniarum Rex.

¿Tenemos aquí el verdadero Carlos V? ¿Y por qué está enterrado en Italia si era rey de España? ¿O se trata del mismo rey con dos tumbas?

No se trata ya de un miembro de la casa austríaca de los Habsburgo sino de la casa francesa de los Borbones, llegados para quedarse en el año 1700.

Se trata de Carlos María Isidro, infante de España, segundo hijo del Carlos IV y, por tanto, hermano de Fernando VII. Este derogó la Ley Sálica que impedía a las mujeres heredar la titularidad del trono, favoreciendo a su hija Isabel, que sería coronada con apenas tres años.

La decisión de Fernando VII perjudicó a su hermano Carlos, que se quedó con las ganas de saber que se siente llevar en la cabeza la corona de España. Pero, tampoco dejó así de fácil cerrado el asunto.  

 Y al empeñarse en heredar el trono en lugar de su sobrina Isabel II, sumió al país en una serie de guerras de sucesión bautizadas etimológicamente con su nombre. Las Guerras Carlistas fueron tres a lo que hay que sumar cuatro alzamientos más. La primera, como era de esperarse, comenzó en 1833, con la muerte de Fernando VII y atravesaron el siglo XIX.

Y aunque no pudo vencer, siguió autoproclamándose rey de España hasta su fallecimiento en esa localidad italiana.

Trieste es una ciudad de tamaño medio que se encuentra en el noreste del país, fuera de la península itálica y en la frontera ya con Eslovenia. De hecho, en el siglo XVIII pasó de estar en manos venecianas a formar parte del imperio de los Habsburgo, dinastía que le concedió el estatus de puerto libre hasta que en el XIX fue ocupado por las tropas napoleónicas e incorporado a las llamadas Provincias Ilirias. Tras caer Bonaparte, el Imperio Austrohúngaro recuperó su posesión y ya no la perdería hasta el final de la Primera Guerra Mundial, en que la tuvo que ceder a Italia.

Durante el siglo XIX, el carlismo estableció allí su corte, razón que condujo a que este fallido Carlos V fuera enterrado ahí.

Pero compliquemos un poco más las cosas. Mucho antes de que este Carlos naciera (1788), ya se hablaba de un bando carlistas en otra guerra de sucesión en España.

¿Por qué? Porque, como adelantamos, en el año 1700 la dinastía de los Habsburgo era desplazada en España por los Borbones, cuando el último rey de los Austria, Carlos II moría sin dejar descendencia. Esto trajo una sangrienta guerra de sucesión que duró catorce años. Finalmente, el poderos Luis XIV de Francia, logró imponer a su nieto, que reinaría como Felipe V. El otro pretendiente era el archiduque Carlos, hijo de Leopoldo I, de la casa Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y rey de Hungría y de Bohemia.

Ese Carlos Habsburgo que pretendía ser Carlos III de España, a diferencia de aquel Carlos Borbón, que pretendía ser Carlos V de España (y que apenas fue un carlitos), se olvidó del asunto y de la catarata de sangre que vertió sobre Europa, cuando heredó el Sacro Imperio y reinó como Carlos VI. Si fuera por eso, nadie más hubiera usado la expresión carlista para denominar un conflicto dinástico en España.

Pero, ¿y qué hay de la pregunta original?  ¿Dónde está el verdadero Carlos V de España? Sencillamente, aún no ha aparecido. Y la verdad, sería hora de que no aparezca ni ese ni ningún otro.  

 

[1] Originalmente, el chocolate era elaborado por una compañía de dulces mexicana, la Fábrica de Chocolates la Azteca, que fue adquirida en 1995 por Nestlé. El nombre de la marca hace referencia al emperador Carlos I de España y V de Alemania, con su imagen apareciendo en las envolturas y latas del chocolate. La imagen no es fiel y sabiendo que Nestlé es una marca suiza, puede dar a dudas, hasta saber que su origen está en una fábrica mexicana. Es un sin duda un homenaje al emperador español, en cuyos tiempos los españoles descubrieron el cacao mexicano para transformarlo en Europa en chocolate.   

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