Fortalecer la independencia del Poder Judicial es una materia pendiente

Por Carlos Nayi (Abogado penalista-escritor)
sábado, 22 de mayo de 2021 · 11:47

Por Carlos Raúl Nayi

(Abogado penalista-escritor)

 

Al adoptarse la forma republicana de gobierno en nuestro país, por imperio de nuestra Constitución Nacional, se le ha asignado al Poder Judicial la calidad de poder estatal independiente.  La confianza pública viene reclamando  desde hace tiempo y cada vez con más insistencia una estructura Judicial eficaz, donde poderosos y débiles, funcionarios y ex funcionarios sean investigados y juzgados con las mismas herramientas  procesales, utilizando un mismo baremo como hoja de ruta en el diseño de políticas de persecución criminal. En un momento crítico como el que vive nuestra república, donde las instituciones están sitiadas por un fenómeno tan contaminante como peligroso como es  la industrialización de la corrupción , constituye una necesidad primaria  mejorar el perfil y funcionamiento de la estructura del poder judicial, a fin de proveer al destinatario último que es el ciudadano de una mejor calidad de vida y pacificar las relaciones sociales garantizando una mejor convivencia. Esta inclemente realidad es incompatible con la existencia de jueces y fiscales diletantes que muchas veces no brindan un trato igualitario  acariciando al poderoso y aplastando al débil. Si realmente,  la intención es honrar la vigencia de un estado de derecho, con un sistema republicano de gobierno, indefectiblemente la independencia funcional y de criterio de nuestros jueces y fiscales será fundamental al tiempo de cincelar el futuro de nuestro país, garantizando de esta manera el sometimiento incondicional al imperio de la ley. Por el momento, el escenario es desalentador, luego de treinta y siete años de democracia, testimoniamos como sociedad un inocultable fracaso económico, elevados niveles de corrupción, desconfianza social en la justicia y un peligroso proceso de deslegitimación de las instituciones En este escenario el  tiempo no debe ser desperdiciado y todos debemos trabajar incansablemente para revertir el desprestigio social de la justicia y refundar  las instituciones de nuestra nación. Estamos pagando un precio demasiado alto como sociedad, por permitir se construya poder muchas veces desde la corrupción y jamás debe olvidarse que el peligroso juego de acumulación de poder es el eje central de este flagelo. Ha llegado la hora de cerrar filas para honrar a los jueces y fiscales honestos y legalistas  que aspiran a cumplir  con el mandato contenido en el art. 8.1 de la Convención Americana (Imparcialidad e Independencia).

Hoy más que nunca cobra vigencia el pensamiento de una de las mentes más preclaras del siglo de las luces (Voltaire), que sostenía que el hombree es dueño de su propio destino. Si esto es así, enfrentados como pueblo a la finitud del estropicio moral, debemos evitar que se astille la transparencia de los procesos judiciales a partir de la presión que muchas veces es ejercida por operadores del poder de turno. Los derechos de cada ciudadano sólo encuentran protección real y garantía plena en un poder judicial independiente, honrando nuestra Carta Magna  y las leyes dictadas en su consecuencia.

Las decisiones de la Justicia reflejadas en cada una de sus resoluciones en manera alguna pueden estar contaminadas por la injerencia extrajudicial. Los órganos judiciales no deben tomar partido por cuanto eso esmerila su legitimidad. La perspectiva conocida como realismo jurídico nos enseña que el derecho sólo es útil socialmente si está involucrado con la moral colectiva . Argentina es un péndulo en donde todo cambia incluso la moral colectiva dominante y en un país donde todo cambia no se puede desdibujar el sentido de justicia, en derredor de la cuál gira todo el sistema social, con el consecuente peligro de que el  teorema  quede expresado de manera invertida,  escenario en el cuál la justicia se volatiliza. En una sociedad se puede vivir sin riquezas, se  puede vivir sin belleza, hasta se puede vivir sin salud, se vive más pero se vive, sin embargo no se posible vivir sin justicia. Una sociedad sin justicia es como una campana sin badajo.

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