Hacia una nueva ilustración: Democratización de la economía.

sábado, 25 de septiembre de 2021 · 10:13

Por Josefina Fernández Muros.

(Especial para El Diario de Carlos Paz)

Licenciada en Geografía e Historia por la Universidad de Granada, tiene los cursos de doctorado. Amiga y colaboradora de Don Antonio Domínguez Ortiz, miembro de la Real Academia de la Historia que recibió el premio Príncipe de Asturias.

Libros inéditos La Alpujarra olvidada, La Alhambra desde el cielo.

 

El movimiento de la Ilustración, que se desarrolló durante los siglos XVII y XVIII, pretendía a través de sus obras, establecer los cimientos teóricos de una nueva sociedad, en contra del Antiguo Régimen. Se trataba de un movimiento filosófico, donde se pretendía aportar un cuerpo de ideas, sobre cómo se tenía que configurar, en la esfera política, el nuevo Estado, para estar en consonancia con la economía capitalista, que estaba en proceso de consolidación durante estos siglos. Todos los Enciclopedistas e Ilustrados, presentaban una serie de características en común; por un lado, estaba la crítica hacia los pilares básicos que sustentaban el Antiguo Régimen, la iglesia, el absolutismo monárquico y el régimen feudal; por otro   presentan sus argumentos, desde el punto de vista de un racionalismo pragmático y materialista, reivindicando la libertad individual y el libre pensamiento. El sistema de economía capitalista, después de pasar por diversas etapas, lejos de desaparecer, se ha conservado hasta nuestros días, ocasionando los consabidos problemas, para el futuro de la humanidad. Hoy día en el siglo XXI, se hace necesaria una nueva revisión de la sociedad, bajo la óptica de nuevos planteamientos, pues el método dialéctico, sería insuficiente, para explicar la realidad de nuestros días, donde las diferentes fuerzas que intervienen actúan a gran velocidad, introduciendo un ritmo vertiginoso en los cambios, a los que esta se somete y que, a la hora de analizarla la hacen cada vez más compleja. Una complejidad, donde las relaciones causa-efecto dejan de ser tan lineales, como planteaba la dialéctica ilustrada de los siglos anteriores. Hay que tener en cuenta que, a la hora de analizar la historia, las causas pueden encontrarse encubiertas por una red de procesos conectados entre sí, que en el futuro no darían lugar, a los efectos previstos por la razón. El método dialéctico, que vaticinaba la destrucción del sistema capitalista, como víctima de sus propias contradicciones, puede que no se ajustase a la realidad del devenir histórico, o puede que aún esté por venir, en un tiempo propio que la historia misma requiere para realizarse. Mientras esto ocurre, otros puntos de vista pueden ser válidos, para un análisis de la sociedad actual, como el método relativista, donde la teoría de campo puede explicar las actuaciones de diversas fuerzas, que interactúan a distinta velocidad en diferentes momentos. La sociedad occidental del siglo XXI, plantea la necesidad de nuevas teorías, como alternativa a un sistema que, revestido de modernismo y progreso y del vertiginoso ritmo que introducen los logros en ciencia y tecnología, aún no ha encontrado solución a problemas que desde la antigüedad vienen aquejando, al conjunto de la humanidad; guerras, hambre, diferencias sociales, diferencias culturales, diferencias entre naciones norte-sur. La estructura económica de la sociedad capitalista, en manos de una clase social, poseedora de la industria y el capital, ha sido defendida por sus propietarios, como un derecho adquirido de por vida, por ley natural o divina, que se ha ido legitimando a lo largo de siglos, reduciendo a la mayor parte de la población a simples asalariados, que dependen de las posibilidades que tengan de conseguir un trabajo, que les proporcione los beneficios suficientes para sobrevivir. Las alternativas de cambio que se han planteado, como el socialismo o comunismo, a pesar de sus buenas intenciones teóricas, poseen ciertos principios que en la práctica se ha demostrado no ajustarse como cuerpo teórico, a la nueva realidad.

 

El planteamiento de un paso revolucionario a través de una guerra, es un argumento, que no se podría sustentar en pleno siglo XXI, donde la mayoría de la población, está en contra de la guerra, como medio para perseguir un fin. La guerra no solo es un desastre en cuanto a la destrucción de vidas humanas, sino en cuanto a la destrucción del planeta, por lo cual, no debería de ser nunca un recurso para la solución de conflictos, pues carece de sentido en sí misma, y por consiguiente a día de hoy, tendría que formar parte de la prehistoria de la humanidad. El socialismo no prescinde de la industrialización desmesurada en manos del Estado; el cual, bajo formas de gobierno llevadas a cabo, por una estructura de partido no elegido por la mayoría de ciudadanos, mediante sufragio; es decir mediante un sistema político de partido autocrático, se comporta en forma de multinacional capitalista, detentador de todos los poderes, actuando como una gran potencia imperialista, sobre el resto de los ciudadanos y de los demás Estados. Siendo también depredador del ecosistema mundial, al no renunciar a los principios de una industrialización desmesurada. En la misma línea, el sistema capitalista, no ha dado alternativas de progreso racional a nivel global, porque adolece de una serie de contradicciones en sí mismo, que lo alejan de toda racionalidad y que más que aliviar las condiciones de vida de los habitantes del planeta, son la causa de la mayoría de males que atentan contra este. El capitalismo se basa en la desigualdad, en la competitividad, en la sobreexplotación de materias primas, de las cuales unos pocos se apropian, en connivencia con los gobernantes de los Estados, de los que se sirve. Materias primas que pertenecen a todos los que habitan el planeta y que son extraídas por los poderosos, para nutrir sus negocios y enriquecerse, a costa de una gran masa de consumidores, a los que se nos hace partícipes de las calamidades que la industria comete, para vender sus productos en nombre de la comodidad y el bienestar de todos. Cuando la realidad es, que las decisiones que se toman en materia económica, se hacen de forma unilateral sin contar con la ciudadanía, poniendo en peligro la vida de la humanidad. La participación en la esfera económica, propiedad de una minoría, le ha sido vedada al ciudadano, al cual se le ha excluido por el oscurantismo, con el que se han presentado los entresijos de la economía, mediante la especialización de un lenguaje encubridor, en cuanto a la dificultad de entender conceptos y principios; cuyo entendimiento ha quedado envuelto en un aura de secretismo, al alcance de unos pocos. Conocimientos económicos que incluso en los programas de estudio de la universidad, se ha simplificado y distorsionado, en función de defender los intereses de la clase dominante. De esta forma en la actualidad, el sistema productivo mundial se encuentra conducido, por una serie de expertos, tecnócratas y directivos, con sofisticados conocimientos, que excluyen de las decisiones en el sector, al resto de la población como esclavos ignorantes. Por ello pensamos que una propuesta para mejorar el futuro de la sociedad mundial, sería la DEMOCRATIZACION DE LA ECONOMIA, para limitar el poder de un sistema, que por otro lado se basa en un exceso de producción, totalmente irracional, en cuanto que sobrepasa en productos, las necesidades de la población mundial, mientras la mitad de los habitantes del planeta no tienen ni siquiera recursos, para acceder a lo que sobra. Una actividad industrial que pone en riesgo con sus prácticas, la vida del planeta y sus especies incluido el hombre, es algo que carece por completo de sentido. Al mismo tiempo, la moral ya consolidada del capitalismo avanzado, donde la conducta del individuo corrompida por “el interés individual”, da paso a nuevas formas de moralidad y ética, aún más perversas y corruptas, donde se pretende estandarizar la vida del individuo, reduciéndola a meros algoritmos, de la mano de nuevos instrumentos utilizados para ejercer el poder, los cuales son cada vez más sofisticados, al servirse de los avances tecnológicos. Lo que ocasiona una alienación cada vez más acuciante del individuo, al que se pretende deshumanizar, despojándolo de su imaginación y conciencia, es decir de su condición de persona, para estandarizar su conducta, hasta reducirlo en su comportamiento, en un progresivo hermanamiento con el robot. Frente a ello se propone un proceso pacífico, de democratización de la economía, donde tendría lugar un sistema de relativización de la propiedad. Es decir, donde la propiedad privada no sería dominante, sino en convivencia con otros tipos de propiedad colectiva y supervisada por la mayoría de la población. Un proceso moderado de democratizar la propiedad privada de los grandes monopolios, repartiendo parte de los beneficios, de las grandes multinacionales, en un salario digno para todos los individuos del planeta, que les garantizara la cobertura de sus necesidades básicas, quedando el trabajo como una actividad adicional, libre y voluntaria, en la vida de los individuos.  A la vez, se llevaría a cabo la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones, sobre cómo actuar en la explotación de recursos. Se trataría del establecimiento de una RENTA BASICA UNIVERSAL, donde todo el mundo tuviera asegurado el sustento, terminaría con el hambre en el mundo, y el negocio que sobre este problema hay montado. Al mismo tiempo la democratización de los benéficos económicos a nivel mundial, llevaría la “Sociedad del bienestar” a todos los rincones del planeta. Se trataría de un cambio, en la manera de entender la economía, y una nueva mentalidad que tendría que aprender a desvincular la idea trabajo-ingresos, para subsistir. Esto que a la mayoría le parecerá una utopía, puede ser una realidad, en una sociedad futura, donde la tecnología, estaría al servicio de todos y no de una minoría.  No habrá democracia profunda y verdadera, hasta que no se democratice la estructura económica. Ello a su vez llevaría aparejado un cambio en la esfera política, pues serían los representantes de las distintas actividades productivas, elegidos por los ciudadanos los que tomarían las decisiones políticas, quedando así estos   representados en el poder legislativo y ejecutivo, con un nuevo sistema de partidos, donde el dinero público estaría gestionado y fiscalizado, de abajo arriba por los mismos ciudadanos; lo que acabaría con el sistema actual de partidos que, acostumbrados a las prácticas corruptas, han dado lugar a que la ciudadanía, cada vez más desconfiada, participe menos en los procesos electorales. Una democratización de la actividad productiva, llevaría a una profundización en la perfección democrática, en todos los niveles de la sociedad, donde predominaría la racionalidad contra todo tipo de barbarie.

Puesto que el sistema capitalista, actúa a nivel mundial, las alternativas hacia una profundización de la democracia, habría que afrontarlas desde el punto de vista universal, persiguiendo la instauración de un Estado democrático regido por una Constitución Universal. La democratización global de la economía, implicaría a su vez ciertas obligaciones de democratización, en aquellos Estados donde aún no se gobierna con sistemas democráticos, regidos por una Constitución. Un cuerpo legislativo, que regule los derechos y deberes de todos los individuos a nivel mundial, en categoría de igualdad para todos los ciudadanos del planeta, también obligaría a los individuos de los diversos estados, a acatar el régimen democrático y a no tolerar conductas delictivas y antidemocráticas, contra sus conciudadanos ni contra los demás ciudadanos del mundo. Por lo que, en el caso de no cumplir la ley, se les privaría del derecho a la “Renta básica universal”. Se admitiría la tolerancia de religiones y creencias, siempre que no atenten contra la vida de los demás individuos, especies, y ecosistemas del planeta. Todo ello quedaría regulado por una Constitución a nivel mundial que no estuviera en contradicción, con las demás constituciones de los diversos Estados. En definitiva, un gobierno mundial supervisado por mecanismos de control igualitarios, con representación de todos los gobiernos del mundo. Obligando a individuos y gobiernos locales, a la democratización de conductas; castigando aquellas que sean delictivas y antidemocráticas, que atenten injustamente contra los demás Estados y ciudadanos o contra de los diferentes ecosistemas del planeta.

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