Malvinas: doce semanas de guerra que muchos argentinos no olvidarán jamás

Por Vidal Mario (Escritor, historiador y periodista)

Por Vidal Mario

(Escritor, historiador y periodista)

 

El nombre de Islas Malvinas no proviene del español ni del inglés. Proviene del idioma francés.

Los franceses decían que sabían de la existencia de esas islas mucho antes que los españoles y los ingleses, gracias a los marinos que partían del puerto de Saint Maló.

Por eso en 1764 el militar, explorador y navegante Louis Antoine de Bougainville las llamó Iles Malouines, nombre que después los españoles transformaron en Islas Malvinas.

Ese año 1764, el conde de Bouganville tomó posesión de las islas en el nombre del Rey de Francia, y estableció el primer asentamiento en Port Saint Louis (hoy Puerto Soledad). Eran veintinueve personas, incluyendo cinco mujeres y tres niños.

Bouganville regresó en enero de 1765, cuando la colonia ya constaba de ochenta individuos, todos franceses.

Poco tiempo después, Francia y España acordaron que la colonia pasara a la corona española.

Las Malvinas estaban en poder de España cuando el vicealmirante inglés John Byron, abuelo del poeta Lord Byron, vino a tomar posesión de ellas en nombre de Jorge III.

España protestó enérgicamente. Decía que, si todo el continente era colonia suya, las islas cercanas a sus costas también eran suyas.

Pero después se retiró de la disputa porque Francia no la apoyaba en su reclamo, y porque le parecía que no valía la pena guerrear por un territorio tan pequeño y tan lejano.

Consecuentemente, los ingleses continuaron reinando e imponiendo su autoridad en las islas.

Así estaban las cosas cuando en 1770 el capitán de navío español Juan Ignacio de Madariaga Arostegui atacó sorpresivamente Puerto Egmont, e intentó echar a los colonos británicos.

Cuando la noticia llegó a Londres, motivó generalizada indignación en los círculos políticos.

Pero no pudieron evitar que en mayo de 1774 los colonos ingleses fueran evacuados en el “Endeavour”, barco cuyos restos acaban de ser descubiertos frente a las costas norteamericanas.

Otra vez dueña de la situación, España nombró una serie de gobernadores que, en realidad, se pasaban más en Buenos Aires que en el lugar que debían gobernar.

 

Las Malvinas son argentinas

 

Cuando estalló la revolución de 1810, los colonos españoles, por si los rebeldes aparecieran, huyeron a Montevideo.

Recién diez años después, en enero de 1820, el gobierno de Buenos Aires se decidió a tomar posesión de las islas.

A un norteamericano llamado David Jewett lo nombraron “Coronel del Ejército de la Armada”, lo pusieron al mando del barco “Heroína”, y lo mandaron a las remotas islas.

Llegó el 6 de octubre de1820, y el 6 de noviembre de mismo año tomó posesión de ellas “al son de veintiún cañonazos”.

Inglaterra empezó a reclamar y a exhibir sus supuestos derechos y soberanía sobre las islas, más aún cuando Buenos Aires comenzó a nombrar y enviar gobernadores.

Entre dichos mandatarios estaban el comerciante Luís Vernet y el sargento José Francisco Mestivier, uno que fue asesinado por la propia gente que había llevado.

El guardacosta José María Pinedo reemplazó a Mestivier, y estaba al mando de las islas cuando el 20 de diciembre de 1832 llegó el barco británico “HMS Clío”, y ancló en Puerto Egmont.

Grande fue la sorpresa de Pinedo cuando el capitán del “Clío” le informó que venía a ocupar las islas en nombre de la Corona británica. Al día siguiente, 21 de diciembre, la bandera argentina fue arriada, y en su lugar se izó el pabellón inglés.

Pinedo, expulsado, arribó a Buenos Aires el 15 de enero de 1833. Los siete soldados que llegaron con él fueron ejecutados, por el asesinato del gobernador Mestivier.

La opinión pública levantó gritos al cielo ante la ocupación inglesa de las islas, pero sólo fugazmente. Había demasiado desorden civil, demasiados cambios políticos, demasiadas amenazas de guerra civil, como para andar ocupándose de aquella cuestión.

 

La rebelión de Rivero

 

No obstante, en junio de 1833, Manuel Moreno, embajador argentino en Londres, efectuó la primera protesta formal contra la compulsiva ocupación británica.

A ello se sumó que el 26 de junio de 1833 un grupo de colonos comandados por Antonio Rivero se rebeló contra el dominio inglés, siendo rápidamente aplastados.

En enero de 1832, el “HMS Challenger” llegó a las islas, bajó tropas que persiguieron a los rebeldes y capturó a Rivero, quien fue llevado a Londres para ser juzgado.

No obstante, lo liberaron porque la Corte adujo no tener jurisdicción sobre las islas.

El siguiente en reclamar por las islas fue el gobernador Juan Manuel de Rosas, en enero de 1838. Lo hizo durante la apertura de las sesiones legislativas de ese año. Al respecto, el ministro británico en Buenos Aires escribió lo siguiente a sus jefes:

“El discurso inaugural de Rosas tocó la vieja cuestión de las Islas Falkland. Reclamó, como siempre, por la injusticia de su ocupación por Gran Bretaña. El tema seguirá siendo un párrafo anual en sus mensajes, hasta que muera de agotamiento”.

 

Insólita propuesta de Rosas

 

Diez meses después, Rosas cambió de parecer: quiso entregar Malvinas a los ingleses, a cambio de la cancelación de la deuda por el empréstito Baring, contraído en tiempos de Rivadavia.

El 21 de noviembre de 1838, envió ésta instrucción al embajador Manuel Moreno:

“Insista, así que se le presente la ocasión, en el reclamo respecto de la ocupación de las Islas Malvinas, y entonces explotará, con sagacidad, sin que se pueda trascender ser idea de éste gobierno, si habría disposición en el S.M.B.A hacer lugar a una transacción pecuniaria, que sería cancelar la deuda pendiente del empréstito argentino”.

Los ingleses rechazaron la idea, y cuatro años después, el 15 de marzo de 1842, el secretario de Asuntos Exteriores de Inglaterra, Lord Aberdeen, le informó al embajador de Rosas sobre “la determinación de Su Majestad Británica de no permitir que sean infringidos los indultados derechos de la Gran Bretaña sobre las Islas”.

 

La hora de las armas

 

Así fue como, transitando décadas y décadas de reclamos argentinos y rechazos ingleses, llegó el impactante 2 de abril de 1982.

Una guerra entre Gran Bretaña y Alemania, parecía razonable; una guerra entre Argentina y Chile, era posible. Pero pensar en una guerra entre Gran Bretaña y Argentina, era cosa de locos.

Sin embargo, sucedió. Tropas argentinas desembarcaron en puerto Stanley, lo ocuparon, y vinieron doce semanas de guerra que muchos argentinos no olvidarán jamás.

“El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender”, apuntó Jorge Luís Borges en su famoso poema dedicado a dicha contienda.

 

 

 

Comentarios