BAYER y BASF realizan ventas billonarias gracias a sus pesticidas. La cuenta la pagan los seres humanos y la naturaleza. 

Pesticida en Alemania, veneno en Argentina

por Marcela Valencia Tsuchiya y Alejandro Sánchez-Aizcorbe.(Catedráticos, escritores y periodistas) tradujeron un título del informe aparecido el (27/8/22) en la página de Deutsche Welle (https://www.dw.com/de/pestizide-aus-deutschland-gift-in-argentinien/a-62922630). 
domingo, 28 de agosto de 2022 · 10:39

por Marcela Valencia Tsuchiya y Alejandro Sánchez-Aizcorbe 

(Especial desde Maryland. EE.UU.)

 

El título de este artículo es la traducción del título del informe aparecido el (27/8/22) en la página de Deutsche Welle (https://www.dw.com/de/pestizide-aus-deutschland-gift-in-argentinien/a-62922630). Por su importancia para la Argentina,  América Latina —que bate el triste récord de activistas ambientales asesinados— y el mundo, nos hemos atrevido a traducir sus partes más relevantes. 

Millones de litros de glifosato llueven sobre los extensos campos argentinos. 

 

El poderoso glifosato se rocía en los gigantescos cultivos de soja de la Argentina. Empresas como BAYER y BASF realizan ventas billonarias gracias a sus pesticidas. La cuenta la pagan los seres humanos y la naturaleza en Sudamérica. 

Norma Herrera es una activista argentina que ha hecho todo lo posible para que el glifosato desaparezca de su país —tal como sucederá en la Unión Europea hacia finales de 2023. Pero su lucha se parece a una batalla contra molinos de viento. 

Herrera afirma que mientras en el mundo se prohíbe cada día más el uso de glifosato, en la Argentina aumenta sin obstáculos. La activista revela que muchos vecinos han muerto en los últimos años, y ahora mismo muere la gente de cáncer, y añade que lo que hacen las compañías es un ecocidio. 

Herrera pertenece al colectivo Madres de Ituzaingó, que trabajan juntas desde hace veinte años. Por aquel entonces, de la nada y de pronto, surgieron tres casos de leucemia —entre ellos el de su hija— en Ituzaingó, localidad situada en Córdoba. Muy cerca de su casa quedan cultivos de soja que día y noche son fumigados mediante aviones. 

La señora Herrera refiere que hace veinte años, cuando ella y sus compañeras empezaron a protestar, las acusaron de ser unas cuantas amas de casa locas. Pero al analizarse el agua de canilla se descubrió que estaba contaminada con un cóctel de malos sulfatos, metales pesados, arsénico y plomo. 

 

Argentina, campeona mundial del glifosato 

 

En Ituzaingó casi nadie se libra. Cada familia puede contar en su seno con casos de leucemia, enfermedades de la tiroides, asma, disfunción renal, neurodermatitis y también abortos espontáneos. 

La señora Herrera y las madres lucharon judicialmente a fin de que no se permita rociar glifosato a menos de dos kilómetros y medio de las zonas residenciales. Inclusive dos individuos resultaron encarcelados por rociar glifosato sobre los habitantes de la vecindad. Una victoria pírrica, puesto que cada año se precipitan 200 millones de litros de herbicidas e insecticidas en los cultivos de soja. La Argentina es el país que ostenta el mayor consumo de glifosato per capita en el mundo. 

 

¿Quién se beneficia?

 

Sobre todo el mayor productor de carne de Europa, Alemania, porque los cerdos, vacas y pollos de ese país devoran la harina de soja argentina en sus comederos. A mayor compra de soja en Alemania, mayor producción de soja en Argentina. 

La lucha de las Madres de Ituzaingó tiene un aliado de suma importancia: Raúl Montenegro, biólogo de nota, ganador del premio Nobel alternativo por su gesta de protección del medio ambiente. Hace cuarenta años, Montenegro estableció la Fundación para la Protección del Medio Ambiente en Córdoba. Merced a su fama, Montenegro funciona como una especie de guardaespaldas para las Madres de Ituzaingó. En ninguna región del mundo se asesina y se amenaza a tantos activistas medioambientales como en América Latina.  

La soja es un negocio rentable en Argentina, que produce 53 millones de toneladas por año. Una gran parte se destina al extranjero ya que tal exportación sirve para paliar la crónica pobreza del arca estatal. Donde otrora pastaba el famoso ganado argentino existen ahora interminables sembríos de soja. Es un área equivalente a tres veces el tamaño de Bavaria. Montenegro revela que como resultado subsiste en Córdoba menos del tres por ciento de los bosques originarios. 

Cuando comenzó el boom de la soja en Argentina a principios de siglo, los 45 millones de habitantes escucharon una y otra vez las mismas promesas y demandas: el glifosato es fácil de controlar e indispensable para la producción. Sin estos agentes químicos el mundo se moriría de hambre, por lo cual Argentina sería responsable. Y además, el herbicida no es dañino para la salud humana. 

Montenegro argumenta que en su país no se establece una relación entre las enfermedades y muertes que ocurren en una determinada región con una causa epidemiológica específica. Esto, por supuesto, les hace el juego a las empresas poderosas. Argentina es un país donde no hay un seguimiento continuo de sustancias tóxicas peligrosas, y donde tampoco existe un registro del nivel de contaminación. 

 

Cada vez se utilizan más pesticidas en el planeta 

 

Según el Pesticide Atlas 2022, en los últimos doce meses se han aplicado más pesticidas que nunca en el mundo. El número de personas afectadas por intoxicaciones cada año ha ascendido a 385 millones, y sustancias como el glifosato son reconocidas como una de las principales causas del declive de las especies. 

Inka Dewitz es consultora de política alimentaria internacional en la Fundación Heinrich Böll, que publicó el informe sobre pesticidas junto con organizaciones de conservación de la naturaleza como BUND y PAN Alemania. "Los pesticidas tóxicos que no están autorizados o aprobados en la UE”, dice Dewitz, “todavía pueden exportarse, lo que provoca este doble rasero en los países del Sur Global. Hasta ahora no hay directivas de la UE que prohíban la exportación de glifosato a Argentina." 

Los principales beneficiarios son los gigantes químicos BAYER y BASF, que junto con el grupo chino Syngenta y el grupo Corteva de Estados Unidos dominan el 70 por ciento del mercado mundial. Un negocio lucrativo: alrededor de la mitad de la facturación anual de las empresas alemanas fue generada por la venta de pesticidas. En 2020, las ventas de BAYER en esta división fueron de 9.800 millones de euros, y en BASF de 5.500 millones de euros. 

 

¿Qué tan peligroso es el glifosato? 

 

Hasta el momento no ha habido ningún acuerdo internacional para reducir el uso de pesticidas como el glifosato, que la Organización Mundial de la Salud ha clasificado como "probablemente cancerígenos". Al menos, la demanda de prohibición de exportaciones alemanas ha entrado en el acuerdo de coalición. Ahora también depende del ministro de Agricultura, Cem Özdemir, de los Verdes, impulsar esto. "A nivel de la UE, una nueva estrategia sobre productos químicos debería prohibir explícitamente los dobles raseros y regular el manejo de sustancias peligrosas", dice Inka Dewitz. "Pero aún no está claro a qué pesticidas afecta esto. Francia es el único país de Europa que tiene una legislación sobre exportaciones que está entrando en vigor. El gobierno alemán ahora está obligado a cumplir." ?

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