Guerra de la Triple Alianza

Un periódico de trinchera que era como una avispa

Por Vidal Mario*

 

La joven Azul Selene Moschen es estudiante del Regina Espacio de Arte (REA), de Buenos Aires, y una de las materias que cursa está a cargo del profesor Germán Caporale.

Para una clase especial, dicha estudiante me requirió datos sobre cierta publicación que existía en el Paraguay en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza.

Vale la pena compartir también con el público los datos que le envié sobre dicha publicación, porque son nuy interesantes.

El hecho fue que en determinado momento de la guerra de seis años que comenzó en 1964 y terminó en 1870, el mariscal Francisco Solano López ordenó la edición de “periodiquines” que se imprimían en imprentas portátiles montadas en el mismo frente de batalla.

Sucesivamente, fueron apareciendo El Centinela, Cabichuí, Cacique Lambaré y Estrella.

No pasaban de ser panfletos de efímera duración, y fue por el carácter panfletario de los mismos que el creador de Cabichuí, coronel Juan Crisóstomo Centurión, los denominó “periodiquines”.

Centurión (que además de militar era periodista y escritor), dijo sobre dichas publicaciones: “Tanto Cabichuí como los otros periodiquines se hacían bajo inspiraciones y censuras del Mariscal”.

 

Objetivo: “animalizar” al enemigo

 

De todas esas publicaciones de trinchera, la más renombrada es Cabichuí, nombre que aludía a cierta avispa de picadura muy dolorosa. Su misión era satirizar a los aliados, tratándolos de animales.

Fue fundado por Juan Crisóstomo Centurión y Natalicio María Talavera. Este también escribía para El Semanario de Asunción, y el 12 de mayo de 1866 el mariscal López lo condecoró con la estrella de caballero de la Orden Nacional del Mérito.

“A pesar de la esmerada asistencia que mandó prodigarle el Excmo. Señor Mariscal Presidente”, según El Semanario, Talavera murió cuando todavía era joven (28 años) el 11 de octubre de 1867.

Cabichuí apareció por primera vez el lunes 13 de mayo de 1867. Su último número, al año siguiente, fue el 95, número que fue impreso en el campamento de San Fernando.

Además de Centurión y Natalicio Talavera, en Cabichuí escribían también los sacerdotes Eugenio Bogado, Francisco Solano López, Fidel Maíz (también director de uno de los siniestros “tribunales de sangre” que ejecutaron a numerosos supuestos conspiradores en el citado campamento), y el político y periodista correntino Víctor Silvero.

Sus ilustraciones llevaban la firma de Gregorio Inocencio Aquino, Gregorio Cáceres, Francisco Velasco, Juan Bargas y Francisco Ocampos, entre otros “grabadores”, como se los llamaba a estos dibujantes.

La ilustración correspondiente al Nº 10 mostraba una carreta tirada por bueyes llevando ollas de agua caliente. El epígrafe decía: “Tamandaré va a bombardear el campamento de Cerro León”, en alusión a una supuesta pobreza de armamentos de los brasileños.

En la ilustración de la edición Nº 60 del jueves 28 de noviembre de 1867, se lo ve a Mitre cabalgando sobre un burro, a Caxías (jefe del ejército brasileño) sobre una tortuga, y, detrás de ellos, otros tres jefes aliados hacen lo propio sobre un burro, un carnero, y un perro.

Mitre le va diciendo a Caxías: “Ya no hay nada que esperar sobre el Paraguay. Un arreglo de paz a todo trance es lo único que nos queda como medio de salvarnos”.

En el Nº 94, impreso en el campamento de San Fernando el 24 de julio de 1868, se lo ve al mariscal López a caballo, espada en mano, al frente de su ejército, embistiendo a los aliados que huyen despavoridos mientras su jefe se arrodilla ante él.

Pero la realidad no tenía nada que ver con esas propagandas triunfalistas: La verdad era que para entonces López ya casi no tenía ejército, debiendo improvisar soldados con niños y ancianos. 

Ya en su primer número, Cabichuí definía así a la coalición de Triple Alianza integrada por Brasil, Argentina y Uruguay:

“Es un género de animal concebido en el Brasil y dado a luz en Buenos Aires la noche del 1º de mayo de 1865. Sus padres son la ambición, la iniquidad y el crimen. Se divide en tres individualidades: Pedro II, Mitre, y Flores”.

Los brasileños permanentemente eran calificados de “macacos” (uno de los tantos géneros de monos), y en una de sus ediciones deslizó esta singular teoría sobre el origen de los brasileños:

“Los macacos proceden en línea recta de la famosa y distinguida familia orangután oriunda de Angola, en África, y que por uno de esos sucesos que la historia narra, se vio en la necesidad de trasladarse a través de los mares a estas pintorescas comarcas, estableciéndose en las vastas florestas de América del Sud llamada Brasil, hizo alianza con los monos, y de esa unión salieron los macacos”.

 

Radiografía informativa de El Cabichuí

 

Cabichuí aparecía dos veces por semana. Aunque redactado principalmente en castellano, contenía también poesías, coplas y diálogos en guaraní destinados a ridiculizar de la peor manera al enemigo.

En la primera página de su primer número, así anunció qué sería (o de qué iba a tratarse) Cabichuí:

“Sin ser filósofo, pertenece a la escuela de Demócrito. Empleará la hilaridad de su genio, acomodándose a los chistes que con tanta profusión prodiga los célebres actos de la triple alianza”.

En otras palabras, en ese primer número anunció que su principal recurso literario sería la sátira, valiéndose de chistes para denostar al enemigo y robustecer la moral de los soldados paraguayos.

En otro número, en su afán de “actuar como un soldado más para combatir a los invasores con el arma de la pluma”, hizo una declaración explícita de estar al lado de la causa nacional y el idioma guaraní.

Destacó en tal sentido que Cabichuí “es guaraní neto, siéndole por consiguiente muy delicioso el idioma de sus padres, lngua del que jamás podrá divorciarse. Por eso tiende a hacer revivir y abrir caminos para explorar la literatura guaraní”.

Fiel a su estilo satírico, cuando se refería al enemigo en idioma guaraní los llamaba “añá raÿ” (hijo del diablo). Al emperador Pedro II lo llamaba “añá tuyá” (diablo viejo) y a su mujer “añá guaimí” (diabla vieja), en tanto que Bartolomé Mitre y el presidente uruguayo Venancio Flores eran “añá rymbá” (hijos del diablo).

Otra misión de la referida publicación consistía en “reconocer y venerar el privilegiado genio y la paternal bondad de Su Excelencia, el Señor Mariscal Presidente López”.

 

*(Periodista-escritor-historiador. Autor de dos libros sobre la Guerra de la Triple Alianza).

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