El arraigo en carne viva

Soy cordobesa. No por elección, sino por esas cosas lindas de la vida. 

escrito por una periodista desde la profundidad mediterránea

Soy cordobesa. No por elección, sino por esas cosas lindas de la vida. 

En mi Córdoba su suelo cura: la “pata de cabra”, el “empacho” y la  “ojeadura”. La  “culebrilla”, las envidias y las verrugas tienen tratamiento de “palabra”,  “por el rastro” o con “yuyitos”, porque hay quienes heredaron la sapiencia de nuestro ancestros: yerba de pollo para la diarrea, molle para el dolor de muelas, el aguaribay y el tomillo para el dolor de cabeza, manzanilla para las heridas, la yerba meona, ya se sabe, el ambay para la tos, pezuña de vaca para la diabetes, el chañar para el catarro, cola de quirquincho para el que quiera más, la menta para la gripe, la valeriana como sedante, la ruda pa’ espantar suegras…

Nací entre los mejores paisajes: Cerro Colorado,  Los gigantes, Mar chiquita y me acunó el murmullo de los ríos serranos. Amanecí con historias fantasmagóricas de El Edén, el Viena y el Sierras.

Me inquieta la ciudad metafísica de Erks, en Capilla del Monte. Me abducen extraterrestres en un sueño que interrumpen mi atar de cordones de un “Zapato” de piedra.
Navego los ríos nativos que están enumerados. Puedo flotar en las aguas saladas de Mar Chiquita.  Me puedo perder en las Salinas, trepar las Sierras, amanecer en sus Valles y dormir una siesta en el Monte Serrano. 
 Puedo vestirme de neblina “Altas cumbreras”, jugar a las escondidas con Los Gigantes, volar alto junto a los cóndores persiguiendo un puma que huye del peligro de la extinción. 
 Me pierdo en la artificialidad maravillosa del legado de los Capuchinos, mientras un estudiante de La Docta murmura un examen a mis espaldas camino a la única ciudad universitaria.
 Los Cristos nativos en las iglesias jesuitas me guiñan un ojo cuando rezo a la virgencita de Lourdes de Alta Gracia, allí, donde me enerva la sangre militante y El Che, me sonríe cómplice. Cierro los ojos y me balanceo con El amor brujo de Falla y mis pies me llevan a las danzas de las colectividades. 
Me entristecen los tangos de La Falda, en un  dos por cuatro cautivante.
Se me hace agua la boca, en Colonia Caroya con los salames, sus uvas y viñedos.  Espero Reyes, con payadas y  folclore en Jesús María y me salgo de la dieta en Villa General Belgrano, con  masas vienesas, chocolate, y cerveza.
Me iluminan los fuegos artificiales y estremezco  bajo el grito de Aquíii Cosquín y el recuerdo de La Negra Sosa y Horacio Guaraní. 
Puedo ir a la Fiesta de la papa en Villa Dolores y a la del arte callejero en Mina Clavero, identificarme en Tradición Cordobesa de Deán Funes, y querer zapatear en el Malambo de Laborde. Me enamoro cada año con las Serenatas en Soto y salgo desesperada a enterrar mi demonio tras perderme en los carnavales de Arias. 
Soy cordobesa, mi provincia es un mundo sin fronteras. Ya lo inmortalizó “El Potro”, con vino, joda y sin soda porque así pega más. Porque la música embriaga en cada rincón y se bebe en las Peñas en Villa María, Rock en Santa María, en la fiesta del olivo, en Cruz del eje y en la  de la miel de San Marcos Sierras La música embriaga en cada rincón: Peñas en Villa María, Rock en Santa María, en la fiesta del olivo, en Cruz del eje y en la  de la miel de San Marcos Sierras.
 Busco redimir mis pecados en  Cura Brochero  mientras me hace un mohín Jaime Press  que está a la izquierda del reloj Cucú, para recordar a quién lo ve, que el tiempo no existe.
 Si andás por el mundo y escuchás casualmente un cuarteto, se te erizará  la piel, como a mí… porque  es el ritmo cordobés que nació de Marzano con el Cuarteto Leo, que la “Mona” Gimenez multiplicó por doquier mientras se tomaba “Todo el vino”; que algunos desprecian, pero que en silencio lo tararean…


 
Si sos cordobés, como yo,  tuviste taquicardias con Laciar, Pozzo, Nalbandians, Meolans y Bardach, y, al borde del infarto entre clásicos locales resucitaste para bancarte, con jactancia cordobesa la burla con tonada porque  sos la B, la T, Instituto o  Racing  … Puede que te guste la lectura o la escritura porque, Córdoba inspira, como lo hizo con Juan Filloy, Ataliva Herrera y Leopoldo Lugones, Daniel Salzano .
Si sos cordobés, en la esquina de 9 de julio y Rivera Indarte “Jardín Florido” te cautiva con un piropo surrealista, y cómo no inspirarse si en Córdoba están las mujeres más bellas del mundo y  de fondo, las zambas de Los de Alberdi, o a los 4 de Córdoba fluyen con sabor a plaza Colón  y a empanadas cordobesas. 
Si sos cordobés, como yo, te gusta el vino, el fernet con coca, el mate con peperina a la tardecita, los criollitos y los pastelitos.
 Te enamora Jairo, y los del Suquía. Te enternece la dulzura de Doña Jovita. 
Porque Córdoba es un mundo aparte, un mundo que no tiene límites, ni contornos, te digo.
 Nuestro idioma, entendible por todos, pero inimitable, arranca  las risas de las ocurrencias, juega con palabras y connotaciones. El doble sentido, siente doblemente un humor auténtico, bien mediterráneo con sello y tonada  que deja su huella en la sangre de aquel que osó llegar acá, mi lugar, mi mundo, Mi Córdoba linda, “Pa´quien quiera venir”.
 

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