Conflicto entre Irán e Israel
Una guerra larga y a todo o nada
por Mariano Saravia, magister en Relaciones Internacionales.Luego de una semana de guerra abierta entre Israel e Irán, los indicios hacen pensar que será un conflicto largo y desgastante. Así como se equivocaron quienes hace tres años previeron que Rusia arrasaría con Ucrania en pocos días, hoy se arriesgan a equivocarse quienes anuncian una victoria fulgurante de Israel. Después de siete días de enfrentamientos, la peor parte la lleva Irán, pero también le ha infringido a Israel grandes pérdidas materiales y humanas. Una prueba de ello es la recurrente amenaza de Donald Trump de que Estados Unidos podría atacar a Irán. Si Israel no lo necesitara, esa amenaza no tendría sentido.
Nadie duda de la capacidad de fuego de Israel, demostrada contra objetivos militares y también civiles en Irán, pero hasta ahora no ha podido destruir los depósitos subterráneos de su arsenal misilístico, que también ha vulnerado la famosa Cúpula de Hierro e impactado contra ciudades como Tel Aviv y Haifa. Así, la capacidad de Irán de, primero poner a salvo su arsenal, y luego, disparar oleadas de misiles que vulneran la capacidad de intercepción de Israel, es clave.
Nadie puede creer que Irán no había previsto este escenario y que no se había preparado en consecuencia, incluso para una eventual entrada de Estados Unidos en la guerra. Por lo cual, pareciera que, en la estrategia a largo plazo, la república islámica tiene más ventaja, aunque no buscó, ni quería, ni provocó esta guerra.
En cambio, Israel no está preparado para ese escenario, porque el único escenario que considera siempre es la victoria total y en el corto plazo. Pero una guerra larga trae muchas consecuencias secundarias, además de la pérdida de vidas y de infraestructura. Un país como Israel, tan inmerso en el mundo occidental capitalista, necesita de inversiones y negocios, que dejarán de ir a un lugar donde llueven misiles a diario. Eso afectará profundamente la vida cotidiana de su población, ya afectada por las bombas. Y esas consecuencias serán seguramente mucho más determinantes para Israel que para Irán.
De esta manera, el pulso militar, la capacidad de adaptación y la resistencia, serán claves para ambos contrincantes. Veremos quién se ha preparado más para esta guerra y, en definitiva, si fue acertada desde el punto de vista pragmático, la decisión de Netanyahu de iniciar un ataque preventivo, es decir, injustificado, porque nadie lo había provocado.
Después de una semana, habiendo ambas partes confirmado la capacidad de su enemigo de hacer daño, sería el momento justo de sentarse a negociar, y cuando digo negociar es negociar en serio, negociar todo lo que haga falta negociar, sabiendo que no negociar puede ser letal. De hecho, esta guerra si se prolonga, puede ser algo nunca visto por la humanidad, porque en este caso, quizá como en ningún otro caso, lo que estaría en juego no sería ganar una guerra, sino la existencia misma del Estado perdedor.
Si Irán pierde esta guerra, muy probablemente caiga su sistema político y jurídico surgido en 1979 con la revolución islámica de los ayatolas. Incluso, hasta podría correr riesgo su integridad territorial. En cualquier caso, un Irán perdedor no sería el mismo Irán que conocemos hoy.
Mucho más se puede decir de Israel, que, perdiendo esta guerra, también correría el riesgo de desaparecer tal y como es hoy. Habrá que ver si lograría reconvertirse, conviviendo con un Estado Palestino a su lado y en concordancia con sus vecinos árabes, o si se convertiría en un Estado binacional, o algunas otras alternativas. El problema pareciera ser que, sobre todo Netanyahu, no toma conciencia de lo que está en juego y no muestra ninguna disposición a negociar nada. Al no tener estrategias de salida de las guerras que inicia, su única alternativa es la victoria total. Y la historia de la humanidad abunda en ejemplos de que, cuando un país agresor va por todo, puede quedarse sin nada.