Noche de los Lápices

La crueldad en todas sus formas, el mismo proyecto

por Mariano Saravia, magister en Relaciones Internacionales.
martes, 16 de septiembre de 2025 · 09:43

Horacio Ungaro, 17 años; María Claudia Falcone, 16 años; Francisco López Muntaner, 16 años; Daniel Resero, 18 años; María Clara Ciocchini, 18 años; Claudio del Acha, 18 años, Pablo Díaz, 18 años; Emilse Moler, 17 años; Patricia Miranda, 17 años; Gustavo Calotti, 18 años. Son los nombres de los 10 pibes y pibas de La Noche de los Lápices. Porque es importante ponerle nombre y apellido a las víctimas de la crueldad, la de ayer, la de hoy.

Los primeros 6 nombres corresponden a los y las chicas que terminaron desaparecidas… hasta hoy. Los últimos 4 nombres son de aquellos y aquellas que pudieron sobrevivir, entre ellos, Pablo Díaz, quien en diálogo con El Diario de Carlos Paz dijo: «Podemos recordar esos hechos bajo dos conceptos: primero, claro, como algo que muestra que era un plan sistemático, porque otros chicos y chicas sufrieron lo mismo que nosotros, en otras ciudades, entre ellas, Córdoba. Pero también podemos recordar esos hechos como parte de una gran historia de amor. Empezó siendo el amor que sentíamos por el prójimo, lo que nos llevaba a militar, a ir a las villas a alfabetizar, a luchar por el boleto para ayudar a nuestras familias; el mismo amor adolescente que me llevó a enamorarme de Claudia (Falcone) estando secuestrados en el Pozo de Banfield; y el mismo amor que sienten hoy los miles de estudiantes secundarios que salen a la calle contra la crueldad».

Y sí, porque es cierto que fue un plan sistemático, en todo el país hubo alrededor de 400 estudiantes secundarios desaparecidos, y en Córdoba, recordamos el caso de los chicos del Belgrano, pero también de otros colegios. Y cuando uno dice «los chicos», lo hace por una cuestión simplemente de edad, pero sin ninguna visión ingenua porque ellos y ellas no tenían ingenuidad, sabían a qué se exponían y asimismo se arriesgaron por amor. También es cierto que la crueldad contra la que lucha un pibe o una piba de 16, 17 o 18 años hoy, es la misma que la de hace 49 años. El plan económico, calcado, aunque los métodos puede que varíen, hoy no existen campos de concentración o de exterminio, pero existe un poder que insulta y se burla de los más vulnerables, y que condena a los más jóvenes a no tener futuro, al desarraigo o al gatillo fácil.

Nada nace de un repollo y no todo empezó aquel 16 de setiembre de 1976. Aquellos pibes y pibas de la ciudad de La Plata, venían construyendo algo desde 1973, cuando no eran más que «gurrumines» que terminaban la primaria y entraban a la secundaria. Entonces se empezaron a juntar y a pensar que, si los hermanos mayores en la facultad tenían centros de estudiantes, sería bueno que ellos empezaran ya desde la secundaria. Para 1974 ya habían conformado una Coordinadora de 19 centros de estudiantes, con comisiones para apoyo escolar, alfabetización y otros trabajos en barrios populares. En 1975, «el Rodrigazo», parte de la crueldad neoliberal, golpeó la microeconomía y la cotidiana de las familias, sobre todo para los estudiantes de colegios técnicos de Berisso y Ensenada. Entonces, para evitar la deserción escolar y ayudar a las familias, empezaron a reclamar por un boleto estudiantil gratuito. Llegó la dictadura y lo primero que hizo fue prohibir los centros de estudiantes, y hasta que 3 adolescentes pudieran caminar juntos.

Había que evitar cualquier atisbo de rebeldía, incluso de pensamiento. Un ejemplo patético es la ficha de detención de María Claudia Falcone. Esa ficha policial ponía: «Grado de peligrosidad: mínima». Sin embargo, en observaciones, decía: «Pensamiento crítico, capacidad organizativa».

Y sí, tenían pensamiento crítico, y también sensibilidad social, y también capacidad organizativa como para organizar un centro de estudiantes y una marcha. Como hoy, 49 años después.

Siempre con la bandera de la libertad

También hoy se cumplen 70 años del golpe de Estado contra el gobierno constitucional de Juan Perón, y el inicio de aquella dictadura que se hizo llamar «Revolución Libertadora», usurpando el sagrado concepto de la libertad, igual que hoy. Aquel movimiento golpista tuvo epicentro en Córdoba, y es importante, sobre todo para la progresía que se sigue auto-engañando y recordando solo la Reforma y el Cordobazo.

Ya en 1951 había fracasado un golpe de Estado contra Perón, encabezado por Benjamín Menéndez (tío de Luciano Benjamín). Fracasó porque los tanques se quedaron sin nafta. En 1953 lo volvieron a intentar sin éxito. Pero para 1955 ya el caldo estaba espeso, sobre todo después de que los aviones militares de un país bombardearan, por primera y única vez en la historia de la humanidad, a su propio pueblo. Aquel 16 de junio en Plaza de Mayo los golpistas asesinaron a más de 350 civiles argentinos.

En Córdoba, ya desde mayo venía gestándose la conspiración cívico militar. Aquella conspiración subversiva había anidado en la Escuela de Artillería Córdoba, el Liceo Militar General Paz y la Escuela de Tropas Aerotransportadas.

Aquel 16 de setiembre llegó en colectivo a Córdoba el general Eduardo Lonardi, quien combatió y tomó la Escuela de Artillería, con un saldo de 100 muertos. Mientras tanto, los comandos civiles, formados por militantes radicales y conservadores, atacaban unidades básicas del peronismo y locales de la Unión de Estudiantes Secundarios.

El golpe tuvo su epicentro en Córdoba, y luego se extendió a San Luis, Mendoza y otras provincias. Fue un golpe por etapas, no se resolvió en un día. La Armada Argentina bombardeó los tanques de YPF en Mar del Plata y amenazó con hacer lo mismo en La Plata y Buenos Aires. Para evitar una guerra civil, Perón renunció el 19 de setiembre, y el 22 asumió Lonardi, aquel que había comenzado todo en Córdoba.

Hasta hace muy poco, en la plaza Rivadavia de Alta Córdoba, había una placa de homenaje al Teniente Morandini, uno de los golpistas del 55 y de los asesinos del Bombardeo a la Plaza de Mayo. En Camino a la Calera también había un homenaje a «La Libertadora». Y aún hoy, en la esquina de Oncativo y Libertad, pleno barrio Pueyrredón de la ciudad de Córdoba, existe una escuela primaria que se llama Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, el dictador que sucedió a Lonardi al frente de «La Libertadora». La crueldad, un proyecto que une el ayer con el hoy.

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