En apoyo a Irán, contra Israel y Estados Unidos
Medio Oriente: Yemen también entra en la guerra
por Mariano Saravia, magister en Relaciones Internacionales.Los hutíes de Yemen entraron en la guerra para atacar objetivos israelíes y en ayuda de Irán, país que desde hace un mes sufre la agresión ilegal e injustificada tanto de Israel como de Estados Unidos. Fueron solo un par de misiles interceptados por las Fuerzas de Defensa de Israel, y aunque en el pasado algunos de sus proyectiles pasaron las barreras y generaron daños, la importancia de esta noticia está más en lo geopolítico que en lo militar.
Porque Yemen controla (a medias) otro paso estratégico para el comercio marítimo de petróleo y gas. A las consecuencias económicas de cierre del Estrecho de Ormuz, ahora podría sumarse el del Estrecho de Bab el Mandeb, que separa el Golfo de Adén del Mar Rojo. Esta ruta es estratégica porque los buques petroleros van desde el Golfo Pérsico o desde el Océano Índico, transitan el Golfo de Adén, entre Yemen y el Cuerno de África, y, luego, por el Estrecho de Bab el Mandeb encaran el Mar Rojo para cruzar el Canal de Suez y llegar, finalmente, al Mar Mediterráneo. Si ese estrecho se cierra, tienen que dar toda la vuelta a África, encareciendo enormemente el transporte. Pero los hutíes no están solos en la zona, del otro lado del estrecho, en el pequeño país de Yibuti, varias potencias tienen bases militares, entre ellas Estados Unidos y China. Por lo tanto, la entrada en la guerra de Yemen podría tener consecuencias impredecibles.
Además de eso, Estados Unidos sigue navegando en aguas pantanosas, y se ve a sus líderes tan desorientados como desesperados. Por la falta de estrategia, por la realidad evidente de que entraron a esta guerra a instancias de Israel, por la sorpresa de la férrea resistencia de Irán y por el creciente rechazo interno a esta guerra.
El sábado pasado, más de 8 millones de estadounidenses salieron a las calles a gritar que no quieren reyes en el llamado «No King Day». También expresaron su rechazo a la guerra contra Irán, que está agravando la ya mala situación económica y haciendo que crezca la inflación. La reacción oficial del gobierno de Donald Trump fue burlarse de los manifestantes y atacar al periodismo, en una muestra más de nerviosismo e indiferencia. Es que las encuestas muestran un nivel de rechazo a la gestión Trump de casi un 60 por ciento, en vísperas de las elecciones legislativas de medio término.
Desorientado, Trump se debate entre los gritos, las diatribas, las amenazas, y los guiños para negociar. Un día dice una cosa y al día siguiente lo contrario. Amenaza con una invasión terrestre, y para eso, mandó a más de 3.000 marines a la zona del conflicto. Pero al mismo tiempo sostiene que mantiene negociaciones, cosa que ha sido desmentida por Irán.
El jefe de la diplomacia estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue más allá y reafirmó que mantiene negociaciones con algunos funcionarios iraníes. Concretamente, dijo: «Hay algunas fracturas internas allí. Y al final del día, creo que sí hay personas en Irán que ahora, dadas todas las circunstancias, están dispuestas a tomar un rumbo diferente para su país, eso sería positivo». Declaración totalmente improcedente, propia de alguien que no entiende nada de diplomacia. Porque si eso fuera verdad, en el momento de hacerlo público lo arruinó. Aunque lo más probable es que no sea verdad, destruyendo aún más la credibilidad de los funcionarios estadounidenses, lo que dificulta cada vez más la posibilidad de una negociación.
De hecho, los iraníes vienen diciendo que no pueden negociar con funcionarios a quienes no les creen nada. Y no pueden creerles porque son los mismos que estaban negociando en Omán en el mismo momento en que Washington decidió atacar a Teherán. Todo esto no hace más que dificultar la tarea que con paciencia viene tejiendo Pakistán, para intentar instalar una mesa de diálogo entre todas las partes.
Y ahora sí, con la entrada de Yemen en la guerra, ésta es una guerra regional.