Guerra en Medio Oriente
Primero Israel, no Estados Unidos
por Mariano Saravia, Magister en Relaciones Internacionales.Esta guerra que lleva ya cinco días es la Guerra de Israel, no la de Estados Unidos. Cada vez es más evidente que Benjamín Netanyahu arrastró a Donald Trump a esta guerra ilegal contra Irán. O, dicho de otra manera, que Trump, más allá de ladrar como un pitbull, es un perrito faldero del primer ministro israelí. O, si lo querés de otra manera, es mentira aquello de «America first» (América primero), más bien estamos viendo Israel primero, y Estados Unidos a la cola.
Esto no significa que Estados Unidos, o, mejor dicho, Trump, no tenga intereses en esta guerra ilegal. Sí los tiene, pero vamos por partes. El propio secretario de Estado estadounidense, el halcón Marco Rubio, reconoció el lunes que la decisión de su país de atacar Irán fue casi obligada: «Sabíamos que habría una acción israelí. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses». Es decir, actuaron por impulso y sin la obligatoria consulta previa al Congreso.
En estos cinco días, Israel y Estados unidos ya han causado más de mil muertes en Irán y han puesto a todo Medio Oriente en convulsión, desde El Líbano hasta Afganistán y Yemen, con gran riesgo de una crisis económica global si continúa el cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 por ciento del gas y el petróleo del comercio mundial.
Por otra parte, el Eje de la Resistencia es una alianza de Irán con milicias chiítas por todo Oriente Medio, que puede complicar aún más la situación, luego de la entrada en esta guerra de Hezbollah. En ese contexto también, la estrategia de Irán es atacar objetivos estadounidenses en los países árabes del Golfo Pérsico, para obligar a estos países a que presionen a su aliado Estados Unidos hacia la negociación. La otra estrategia de Irán es llevar esta guerra a una confrontación larga que podría esmerilar aún más la mala imagen interna que tiene Trump y la conflictividad que ya existe en Estados Unidos por la inflación devenida de la política comercial y los aranceles y también por la política migratoria. Y todo esto en un año electoral.
En Europa también vemos un quiebre en el frente interno, con España poniéndole un límite a Estados Unidos para el uso de sus bases militares y Trump anunciando represalias comerciales contra el gobierno de Pedro Sánchez. En cambio, Alemania ha asumido la posición más vergonzosa, con su primer ministro viajando a Washington para rendir pleitesía a Trump. Reino Unido y Francia, con posiciones más tibias, pero del lado de Israel y Estados Unidos.
El tiro por la culata
Como dijimos más arriba, la decisión principal fue de Israel, cuyo primer objetivo, en el marco del proyecto colonialista que significa el sionismo, es constituirse en la principal (o única) potencia de Medio Oriente. Para eso, primero Netanyahu generó una guerra civil en Siria usando a los mercenarios que terminaron derrocando a Al Assad y gobiernan hoy. Luego asesinaron al líder de Hezbollah, el clérigo Hasán Nasrallah, y ahora intentan también aniquilar a esa fuerza político-militar. Luego fue el genocidio en Gaza. Y ahora lanza su furia contra Irán, con quien mantiene un encono especial. El proyecto de Israel es político, militar y, también, económico. Siempre hegemónico y colonialista.
En cambio, los intereses de Trump van por otro lado. Lo que busca, igual que con Venezuela, es derrocar al gobierno de Irán para quedarse con las rutas del petróleo y el gas. Él, con su corta visión estratégica, piensa que eliminando a Irán puede garantizar los flujos energéticos a Europa para que pueda prescindir de Rusia y, de paso, complicarle la vida a China, su verdadero contrincante. Pero Europa ya está prescindiendo del petróleo y el gas ruso, desde hace cuatro años por la Guerra de Ucrania. Con lo cual, lo que puede suceder, con mucha certidumbre, es que se afiance la alianza estratégica entre Rusia y China y cada vez más, los hidrocarburos rusos vayan a parar al gigante chino, fortaleciendo, además, el eje de poder euroasiático.
Es decir, China va a sufrir al principio la falta o el encarecimiento del petróleo de Medio Oriente, pero a la larga puede suplantar esos flujos con Rusia, que se beneficiaría para compensar las sanciones económicas occidentales y fortalecer su maquinaria bélica en el frente ucraniano. Pero, además, la nueva guerra en Medio Oriente, deja en un lejano segundo plano a Ucrania, que verá seguramente disminuir la llegada de armas y municiones occidentales, ya que todos los esfuerzos estarán centrados en la guerra contra el nuevo «enemigo público número uno»: Irán.
Trump, con sus formas bravuconas y fátuas, dijo que «Estados Unidos dispone de un suministro ilimitado y puede librar guerras eternamente». Pero eso no es verdad. Varios congresistas y expertos militares de su país están advirtiendo sobre la sangría de los arsenales estadounidenses luego de los golpes de Irán en sus bases de países del Golfo. Y esto sería mucho peor si la guerra se alarga en el tiempo. China y Rusia miran esta situación con una sonrisita dibujada.