La mataron sin saber quién era la Gorda Padró

lunes, 16 de diciembre de 2019 · 11:01

Carlos Paz. Luisito Tórtolo, -el coautor de esta nota- el loco Fontana, el tano Giordano, el colorado Vaccarone, el ruso Di Benedetto, y cuántos jóvenes inocentes de aquellos años iban al kiosco-bar Crazy para ver la noche de cerca. Travestis, mujeres, homosexuales todos y todas mezclados con los estudiantes jugando al pool, mientras olían un humo dulzón que no era dulce de batata ni de membrillo. No era el olorcito de los pastelitos que comía Luisito Tórtolo y hacía la terrible mandamás el lugar. Allí se los vio por última vez a los que morían misteriosamente de esa muerte rara que apareció en los 80.

¡Salud Freddie Mercury!

La mataron.

Murió la reina del lumpenaje de los años en que Villa Carlos Paz soñaba.

Era el bar Crazy para unos, el kiosco Crazy para otros. Era el faro de la noche codificada, donde los adolescentes iban buscando que las chicas con paradas cercanas les tocasen la cabeza sin levantar sus minifaldas ni cobrarles un centavo. 

Yo soñé antes de escribir la piedra rescatada del libro "Agua para Mañana", que la joven Nelly Padró se atrincheraba en la banda sur, en su kiosco “Crazy” y miraba el canal cuando se desbordaba.

El agua era una topadora que arrastraba lo que había a su paso, entonces Nelly subía los enanos a las mesas y pedía al Colorado Lamarlere que pusiera música como en la confitería Molino Rojo o en Keops, y los enanos bailaban.

Padró fue una militante del amor derrotada varias veces, aunque ganó una batalla, la más importante; y por eso, cerró su kiosco y se dedicó a vender pastelitos. Ella decía que en el Crazy se palpaba la mentira, la otra cara de la misma moneda, pero que en otros lugares se usaba la verdad para hacer daño. Los desahuciados ocasionales elogiaban la distinción que hacía entre la realidad y el engaño.

"No se mata por un faso, no se fuma sangre," decía el cartel de su parada en la costanera. Tal vez, la Gorda con su áspera mirada perdonaba a los pibes. "Estos pibes viven un mundo que está lejos del placer de vivir"; sermoneaba cuando no le pagaban un fernet con coca en el maloliente bar de madrugada.

La mataron sin saber quién era la Gorda Padró.

 

Por Pedro Solans-Luis Tórtolo.

(Especial para El Diario=

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