Existencia: ¿La muerte resuelve los enigmas de la vida?

Por Pedro Solans
jueves, 09 de mayo de 2019 · 11:08

¿Quién no tuvo encuentros asombrosos, a veces llamados casuales, qué no pueden explicarse, qué no se sabe por qué sucedieron hasta que una consecuencia de esos episodios lo explicaron con lujo y detalles? Pero otros, -incluso acciones o relaciones-, son menos sencillos para descifrar.

Hay personas que se transforman en forma inimaginable en hilos invisibles que llevan a la aseveración que el cosmos es un sistema energético perfecto que no se contradice con la fe de los creyentes. Sin embargo, es imposible comprender y atar cabos para despejar dudas frente a situaciones inesperadas. Es frecuente, la pregunta: ¿por qué me pasa esto a mí?

Cuando murió el documentalista chileno José "Pepe" Maldavsky, de un infarto cardiorrespiratorio y en forma sorpresiva en París, al poco tiempo que regresé; me pregunté como en otras oportunidades si la muerte dilucidará los enigmas sembrados por mis relaciones y mis encuentros fortuitos. 

Jamás en mi vida hubiera visto a Maldavsky si no fuera por su amiga, la novelista cubana Marta Rojas, que me encomendó que le entregara unos libros. Sólo sería una entrega ocasional de un paquete. ¿Así fue? -No. Nuestro encuentro duró tres horas en un bar parisino. 

Ese día de noviembre, los ejemplares de la novela "Las campanas de Juana la loca” fueron la excusa para citarnos en el café Les Associes frente a la plaza Bastille por la vereda del Opera. Lo vi llegar en su bicicleta y nos acomodamos para uno ligero café pero después de conocernos en un primer semblante parecía que no queríamos despedirnos. Me mostró una fotografía de   sus nietas. Nos agarró la noche y como si hubieran sido poco las tres horas de charla para recorrer nuestra Latinoamérica me acompañó con su bicicleta al lado. Caminamos por la orilla del río Sena hasta que nos dimos el único abrazo en vida. Todavía retumbaba en él una muestra retrospectiva que habían hecho de su trabajo en Buenos Aires meses antes.

Pasaron unos meses y sacié mi inconformismo nervioso pensando que al nacer nadie interpreta al primer llanto como el encuentro de uno con la muerte, y menos, al morir como el acto que resuelve los enigmas sembrados con nuestros pasos por esto que llamamos vida. A este corto plazo de existencia le damos un valor enorme que tal vez no sea para tanto.

Comentarios