lunes, 08 de julio de 2019 · 13:02

Crímenes en sangre | Por Pedro Jorge Solans | Parte 4

De tanto olvido, ahora está olvidada, lejos del pavimento, reducida a un cofre donde hay silencios, o cosas sencillas, o sabiduría que no cotiza en el mercado.
Sigue el hambre, el abandono, pero come, come al compás de un salto por un bizcocho, al compás del salto de un caballo geográfico en un complicado tablero de ajedrez. 
Los medicamentos llegan cuando hay gasoil para la camioneta de la posta sanitaria.
-Hoy ya no nos matan a palos y a balazos. Dijo pausadamente. 
Se fueron para la casa de don Segundo donde protegían a los refugiados. Allí se enteraron de que desde el aparato que volaba mataron a sus abuelas, y que los policías a caballo asesinaron a los abuelos.
Melitona tenía los crímenes en la sangre cuando se casó con Dalmacio Irigoyen. Sus doce hijos heredaron el miedo y se debilitó la dignidad qom de los caciques Dialrochií y Juanalraí. 
Prevaleció la derrota.
La sangre se estiró inevitablemente y como brazos infinitos, de aquí en más, sobrevivirá licuada, mezclada, hasta secarse en más crímenes. 
Y se extinguirá una lengua muda.
Hace poco se enteró de que sus hijos y sus hermanos están desparramados por los barrios tobas de Buenos Aires, por el barrio "Los Pumitas" de Rosario, por Santa Fe, por el barrio Qom lec de Formosa, por el Chaco. 
Nunca más los vio. 
Otro dolor vivo. 
Las piernas no le respondían. La sacaron afuera en un lindo día, para que caminase un poco, para que vea con esos ojos llorosos el campo, para que no pierda el suspiro de belleza, ese esfuerzo por soñar, aunque sea por una ayuda.
Melitona no estuvo acostumbrada a usar la memoria. No la usó. La mantuvo quieta, casi agonizante, mucho tiempo. Pero, de a poco, naturalmente, su memoria quiso resucitar. Y en esos espasmos memoriosos, habló, recordó que trabajaban los hombres y las mujeres todo el día. 
Había organización. 
Las mujeres se ocupaban de los quehaceres en el rancho y en la cosecha. Se escaparon muchos. No supo por qué vinieron a matarlos ese día de crespón negro.  Estaba convencida de no tener culpa.
"Nadie avisó que querían pelear. Estábamos durmiendo porque la noche anterior tuvimos fiesta. 
Los administradores y los capataces se habían ido".
Su tío se volvió loco. Pegaba cabezazos a la tierra, a los árboles, y corría de un lado para otro. Enloqueció cuando regresaba al lugar de la matanza y en el camino vio cómo los cuervos destrozaban los cuerpos de su madre y de su hermano.
Volvió la memoria, y en un qom contaminado de castellano primitivo dijo que su marido también se escapó de Napalpí. 
Irigoyen trabajaba de boyero, y contó:
"Nuestros hombres se amontonaban para el reclamo. Les pagaban muy poco en el obraje, por los postes, por la leña, y por la cosecha de algodón. No les daban plata. Sólo mercadería para la olla grande donde todos comíamos. Por eso se reunieron para reclamar a los administradores, para decirles a los patrones del mal trato. 
Y se enojaron y por lo que contaban, en Resistencia, el Gobernador se enfureció. 
El reclamo, el pedido de nosotros, los enojó. 
Y nos mataron. 
"En el Aguara éramos como mil aborígenes cuando atacaron. En las tolderías no había armas de fuego. Y nos mataron más de doscientos: hombres, mujeres, ancianos, ancianas, y niños. Los hombres querían volver a las tolderías pero éramos perseguidos por la policía. Nunca hubo malones. Querían sacarnos las tierras y eliminarnos. 
"Querían eso. 
Eliminar a todos los aborígenes y meter gente criolla, gente gringa. Los aborígenes queremos trabajar en agricultura".
Melitona se hundió en el qom y Mario y Sabino Irigoyen, los hijos que más la cuidan, se hundieron con ella. 
Desde una profundidad milenaria nació una voz, imposible de saber si era de la anciana, de la sobreviviente, o de los hijos. Pero la esencia era una sola: 
 "Trabajar como aborigen. 
Los aborígenes no somos malos. 
Los blancos nos quieren eliminar: 
¿Por qué? 
Si todos somos iguales".
 
Silencio.
Volvieron del silencio.
Ella esperó.
Ella necesita. 
-Al techo de su rancho le pusimos una frazadita por la calentadura del sol; explicó Sabino Irigoyen.
Sequía.
Inundaciones. 
 
Verano.
Viento Norte.
Chaco caluroso.
Chaco adentro.

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