Poemas escogidos del libro Cobalto Oscuro de Verónica Aranda

Por Susana Szwarc
viernes, 23 de octubre de 2020 · 11:12

Por Susana Szwarc

(Poeta)

 

Cuatro poemas de Verónica Aranda de Cobalto Oscuro (editorial Denonartean, 2020), con el que obtuvo XIV Premio Ciudad de Pamplona.

Se trata de un poemario dedicado en su totalidad a la pintura. Partiendo de los cuadros, la autora da a conocer a mujeres pintoras de distintas épocas, países y estilos, a través de poemas descriptivos donde aflora lo onírico y un cromatismo intenso.

 

El juego de ajedrez

(Sofonisba Anguissola), 1555

 

Desafían las reglas:

jugar al ajedrez.

Toda estrategia y lógica

era exclusiva

de los hombres.

Pero las tres muchachas,

con trajes de brocado,

mueven piezas

y posan relajadas

cerca del roble verde.

La criada es testigo.

La más joven sonríe

al burlar restricciones.

En cada jaque mate

se empoderan,

y hablan de alquimia

y de mitología.

De repente,

el tablero echa raíces.

El paisaje humanista

y una colina al fondo

completan la partida.

                                   

Bodegón con quesos, alcachofa y cerezas

(Clara Peeters), siglo XVII

 

Nada perturba la quietud,

ni el pan de centeno

listo para la cena

frugal de la pintora,

ni el corazón de la alcachofa

ni el queso artesanal

cortado rápido

en el mercado principal de Amberes

cuando la tarde es torno de alfarero.

Una luz transparente

entra a través de las cerezas.

Su autorretrato diminuto

revelará secretos;

el rostro, con los siglos,

se ha hecho danza.

Autorretrato en un bugatti verde

 

(Tamara de Lempicka), 1925

 

Se retrata al volante del Bugatti,

casco y guantes de piel,

la mirada azul opio

y un pañuelo flotante.  

Insinúa, quizás,

que encontrará la muerte entre las llantas

como Isadora Duncan;

El extremo del chal,

¿vuelo o mortaja?

Segura de sí misma,

el motor deportivo despierta su deseo.

Va a acelerar en dirección a Lesbos,

en dirección al Futurismo

o al altar de algún dios de los inventos.

Rompe la adrenalina

como una piñata.

Parece que no hay nada más allá

de practicar deportes

y dominar el mundo.

En la velocidad

se despoja de máscaras,

tan dueña de sí misma,

frívola y displicente,

heroína instalada en la carrocería.

El futuro que ruge

en forma de motor,

le hace sentir completamente libre,

le hace recorrer la Costa Azul.

Con ese verde eléctrico culmina

una década entera;

el adjetivo loco hará cortocircuito.

Cuando apague el motor, estará a punto

de irrumpir el fascismo.

Autorretrato con collar de espinas y colibrí

 

(Frida Kahlo), 1940

                                                                      

Hay un punto focal

de raíces cortadas

magullando mi cuello.

Esta es mi identidad.

Desde el verde floresta

oxigeno el dolor;

doy muerte al colibrí

por cada hijo no nacido.

En esa narrativa de la ausencia,

trepa el gato a mi hombro.

Me inquieta

su mirada verde trébol.   

                                               © Verónica Aranda

Comentarios