En el siglo XVI se empieza a utilizar el neologismo “español” .

El español, lengua del mundo

Las lenguas, como organismos vivos que son, van evolucionando a lo largo del tiempo.
domingo, 20 de diciembre de 2020 · 13:14

Por Mercedes Rodríguez del Castillo Martín

(Doctora en Filología Hispánica)

 

            Las lenguas, como organismos vivos que son, van evolucionando a lo largo del tiempo. En la península Ibérica, tras su conquista por el Imperio Romano, prontamente se extiende el latín por todo el territorio, y al ser romanizada con rapidez y prontamente pacificada, se coloniza y las instituciones se instalan en ella lo que facilitó que se extendiera un latín bastante culto.

            Luego de la caída del Imperio, y las invasiones visigoda y árabe, los reinos cristianos comienzan la Reconquista y aparecen las lenguas romances. Estas son el resultado de la evolución del latín, y aún, procediendo todas de éste, presentan variaciones según los distintos reinos donde van desarrollándose. De esta manera aparecen el castellano, el navarro aragonés, el catalán, el galaico portugués y el leonés.

            A partir del Siglo XVI, con la reunificación de todos los reinos cristianos por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los Reyes Católicos, el castellano se impone como lengua del Imperio.

            Y es el castellano el que va a llegar hasta América. Hemos de señalar, sin embargo, que a partir del XVI, el castellano va a experimentar una transformación, como la que en su día observó el latín, que dio paso a las lenguas romances, y así va evolucionando e integrando elementos no sólo leoneses o aragoneses, también de otras lenguas. Y en lo que se refiere al Nuevo mundo, se va produciendo una gran asimilación del vocabulario de los pobladores autóctonos de las tierras recién descubiertas.             

            Fue también en el siglo XVI cuando comienza a utilizarse el neologismo “español” que será más preciso, porque no se identifica con una región solamente, sino que la mayor parte de España la habla.

            Así, si nos referimos al castellano, estaríamos hablando de la lengua de Castilla hasta el siglo XVI, y en la actualidad, de la variante del español que se habla en Castilla.

            No obstante, intereses políticos han pretendido a menudo intervenir a la hora de denominar la gran lengua común que utilizan casi seiscientos millones de personas en todo el mundo.

            En España, al redactar la constitución de 1978 se eligió el término castellano, porque a las minorías lingüísticas les molestaba que se utilizara el término “español”, ya que esas lenguas minoritarias también eran lenguas de España, pero esta decisión es política, no lingüística. Ya el ilustre filólogo, Rafael Lapesa afirmaba: "el castellano se había convertido en idioma nacional y el nombre de lengua española tiene desde el siglo XVI absoluta justificación y se sobrepone al de lengua castellana”. 

            Otra cuestión es que la denominación de “español” no pertenece únicamente a los españoles, sino también al resto de hispanoparlantes en el resto del mundo. Como dijera Amado Alonso, "El nombre de castellano había obedecido a una visión de paredes peninsulares adentro; el de español miraba al mundo”

             El español se habla en España, en zonas del Sur y del Este de los Estados Unidos, en Méjico, América Central, América del Sur, Cuba, República Dominicana, Puerto Rico, Guinea Ecuatorial, Sahara Occidental, también lo utilizan algunas minorías en Filipinas y numerosos grupos sefardíes, y según afirma Rafael Lapesa: “Es «el instrumento expresivo de una comunidad que abraza dos mundos y en la que entran todas las razas”

            Ocho de cada diez hablantes de español no son españoles, el 7,6 % de la población mundial, hablan español, e irá aumentando cada año. Hay casi 22 millones de estudiantes de español como lengua extranjera, y es el idioma más estudiado en EE.UU, además de la tercera lengua más utilizada en internet. El español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, sólo por detrás del chino mandarín.

            En América, como bien recoge el prestigioso lingüista y académico Gregorio Salvador, aunque a raíz de la independencia, se mantuvo la denominación “castellano” durante el siglo XIX, fue debido también a razones políticas. Se prefería ese término porque recién independizados, la locución “español”, se vinculaba más directamente con el Reino del que se acababan de separar, y así Andrés Bello titula a su Gramática “de la lengua castellana”. Pero ya en el siglo XX, superada esa sensación, lingüistas y escritores prefieren el término “español” y así lo defienden autores como Élida Lois, Cortázar, Octavio Paz y tantos otros.[1]

            Además, el español posibilitó la comunicación entre todos los países de América que hoy lo tienen como su lengua materna, ya que antes del Descubrimiento, los indígenas utilizaban más de mil quinientas lenguas y dialectos diferentes

           Según establece el artículo primero de sus estatutos, La Real Academia Española tiene como misión principal velar por que los cambios que experimente la lengua española en su constante adaptación a las necesidades de sus hablantes no quiebren la esencial unidad que mantiene en todo el ámbito hispánico, y en esta misión la acompañan el resto de las Academias de la Lengua Española, formando la Asociación de Academias de la Lengua Española, y que son las siguientes: Academia Colombiana de la Lengua (1871); Academia Ecuatoriana de la Lengua (1874); Academia Mexicana de la Lengua (1875); Academia Salvadoreña de la Lengua (1875); Academia Venezolana de la Lengua (1883); Academia Chilena de la Lengua (1885); Academia Peruana de la Lengua (1887); Academia Guatemalteca de la Lengua (1887); Academia Costarricense de la Lengua (1923); Academia Filipina de la Lengua Española (1924); Academia Panameña de la Lengua (1926); Academia Cubana de la Lengua (1926); Academia Paraguaya de la Lengua Española (1927); Academia Boliviana de la Lengua (1927); Academia Dominicana de la Lengua (1927); Academia Nicaragüense de la Lengua (1928); Academia Argentina de Letras (1931); Academia Nacional de Letras del Uruguay (1943); Academia Hondureña de la Lengua (1949); Academia Puertorriqueña de la Lengua Española (1955); Academia Norteamericana de la Lengua Española (1973) y la Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española (2013).

            Todas ellas forman La Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), que tuvo su primera reunión en México en 1951. Su comisión permanente se encuentra en Madrid (España) y el lema de la ASALE es: “Una estirpe, una lengua y un destino”.

            Existen además otras asociaciones de la Lengua española repartidas por el mundo en diferentes países de los cinco continentes.

            Es por tanto el Español, el extraordinario vehículo con el que pueden comunicarse millones de personas en todas las latitudes, que ha producido una literatura riquísima y extraordinaria a lo largo de los siglos y de los grandes autores de los distintos países que piensan y escriben en español, una lengua que nació en Castilla pero que se fue ensanchando hasta convertirse en un idioma grandioso, potente y universal, y es por ello que ya no podríamos llamarla castellano, que sería en palabras de Gregorio Salvador: “menguado nombre para tanta lengua”           

 

[1] Salvador, G. Lengua española y lenguas de España. Ariel Lingüística, Barcelona, 1987.

Comentarios